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La capital siciliana puede convertirse en una escapada perfecta de fin de semana, incluso en pleno invierno. Palermo ha sido un cruce de culturas durante milenios y el resultado es sorprendente: mosaicos bizantinos, cúpulas árabes, frescos barrocos, palacios góticos y evocaciones españolas por todas partes. Mucho por descubrir en dos, tres días (o los que se puedan sumar). Si añadimos la gastronomía, que aquí es magnífica, los animados mercados y sus plazas soleadas, el resultado es una mezcla de lo más interesante, donde la elegancia y la opulencia conviven perfectamente con los ambientes más populares y genuinamente sicilianos.
Más información en la nueva guía Palermo de Cerca, de Lonely Planet, y en en la web lonelyplanet.es.
Recetas virales ha habido muchas, pero pocas han sido tan omnipresentes como el llamado “japanese cheesecake” de dos ingredientes. Esta presunta tarta de queso, que ni es tarta, ni tiene queso, ni es japonesa, arrasó como un ciclón en las redes hace unas semanas, cuando incontables creadores de contenido se lanzaron a repetirla como papagayos hambrientos de likes y visualizaciones. Pasada la tormenta, cabe preguntarse si estaba realmente buena, o si podemos sacar alguna enseñanza de su técnica.
Los recortes a la ayuda exterior ordenados por el Gobierno de Estados Unidos han dejado a su paso estragos en la lucha contra la hepatitis en África. Desde el cierre de clínicas dedicadas a la atención de la hepatitis B y C y el despido de miles de auxiliares que aplicaban pruebas de diagnóstico gratuitas hasta interrupciones en el suministro de medicamentos. El impacto para los 72,5 millones de pacientes de hepatitis B y hepatitis C que hay en África es difícil de cuantificar con precisión porque la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y otras instituciones no asignaban un presupuesto específico para la lucha contra estas enfermedades. Estos recursos, no obstante, llegaban a las organizaciones a través de los programas relacionados con el VIH, porque ambas afecciones se transmiten por vía sanguínea y sexual.
La revista estadounidense The Cut anunciaba el año pasado, en un artículo firmado por la periodista Cat Zhang, que ser un hombre calvo era —finalmente— cool: “Justo cuando se volvió normal gastarse cinco cifras para tener una poblada mata de pelo, apareció una nueva vanguardia cultural que dijo: ‘A la mierda, somos calvos”, escribía Zhang.