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Carlos Martínez es técnico de laboratorio en una industria farmacéutica y tiene 28 años. Cuando se le pregunta por los discursos que señalan a los jóvenes por su presunta falta de compromiso ante el trabajo, responde: “Mi opinión, y en general la de todo mi grupo de amigos, es que si necesitamos una baja por cuestiones de salud es lo que hay, que la empresa no es nuestra vida. Que por más que hagamos no nos lo van a tener en cuenta y cuanto más hagamos, más nos van a pedir para darnos lo mismo”. El joven madrileño agrega: “No voy a heredar la empresa. Igual que para la empresa nosotros somos un número, para mí ella también”. Este profesional se posiciona radicalmente en contra del fraude en las bajas laborales. Tan en contra como de “regalar a la empresa tu tiempo” y que atropellen sus derechos laborales.



Es muy probable que este Mundial cambie para siempre la vida de Lamine Yamal, Rodri Hernández, Mikel Merino y el resto de los 26 jugadores de la selección española que este domingo disputarán la final frente a Argentina. Pero no son los únicos a los que este campeonato les ha cambiado la vida. También ha revolucionado la de Carolina Castellote (Murcia, 30 años), una joven diseñadora que hasta hace apenas unas semanas jamás había prestado atención a un partido de fútbol. En un campeonato en el que el espectáculo no solo ha estado sobre el césped, sino también en las gradas —muy al estilo de los grandes shows deportivos estadounidenses—, con rostros como Rosalía, Penélope Cruz o Javier Bardem apoyando a España desde la tribuna, otra mujer ha acaparado buena parte de las miradas: Claudia Rodríguez, pareja del lateral Marc Cucurella. Y detrás de cada uno de sus comentados estilismos está el trabajo de Castellote, que gracias a esos diseños se ha convertido en uno de los fenómenos virales del torneo.
¿Qué está ocurriendo con el turismo en la milenaria ciudad de Cádiz? ¿Y en Girona? ¿Es realmente Guadalajara una ciudad dormitorio? ¿Por qué Murcia es el paraíso de la natalidad? ¿Cómo Vitoria llegó a absorber más de dos tercios de los habitantes de Álava? Hay muchas formas de ser capital de provincia y hemos decidido detenernos en cinco de ellas para ver si ofrecen soluciones diferentes a los problemas urbanos, territoriales, económicos y sociales que hace ya tiempo pusieron en guardia a estudiosos, instituciones y gobiernos (échese un vistazo a la Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico o la Agenda Urbana Española). España sufre unos enormes desequilibrios territoriales, de los mayores de Europa, con la mitad de sus habitantes concentrados en solo el 6% del espacio ocupado. La Fundación Nueva Economía e Innovación Social divide esos desequilibrios en tres grandes bloques: la España abarrotada (las zonas metropolitanas de Madrid y Barcelona, y alrededor de otras grandes urbes como Valencia, Alicante o Málaga); la vaciada (casi la mitad del país tiene una densidad inferior a los 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado), y la olvidada, formada por las ciudades medias y pequeñas.

El bus 44 sobresale, incrustado a medias en la pared de un edificio de la supermanzana de Zacamil, una de las colonias más pobladas del distrito de Mejicanos, en el área metropolitana de San Salvador, la capital de El Salvador.






“Mi idea del verano es un verano muy melancólico, muy nostálgico y muy lleno de momentos abrasadores, donde lo único que puedes hacer es estirarte a la sombra de un árbol así, bien frondoso, a pensar sobre tu existencia. O sea, yo tengo una idea muy poco pizpireta, más existencialista, de lo que es el verano para mí”, dice con voz suave Laura Aznar Grau (Barcelona, 25 años). En sus canciones retuerce los estereotipos, juega con las expectativas. Eso es su música: melodías pop y letras crudas, ironía y crítica social envueltas en ritmos pegadizos, con retazos de jotas, coplas y boleros. Le encanta Ethel Cain, fantasea con una colaboración con Carmen París, Amaral o Amaia. Su proyecto, Laaza, comenzó hace cuatro años; entonces cantaba en inglés, tenía el pelo azulmorado y colgaba vídeos en YouTube.
Paula Delgado
Una visita a la barbería era suficiente para comprobar que la masculinidad se había puesto de acuerdo. El ritual comenzaba siempre igual: degradado alto, laterales perfectamente rasurados y una visita obligatoria cada tres semanas para que el dibujo no perdiera definición. Durante más de una década, el fade se convirtió en el uniforme capilar del éxito masculino. Lo llevaban futbolistas, actores, músicos, ejecutivos, opositores y adolescentes. Era el equivalente estético a una camisa blanca: correcto, limpio, eficaz. La versión capilar de la productividad a la que Patrick Bateman nos había enseñado a idolatrar.
Sería injusto reducir los atractivos de Asturias a su clima fresco en verano. Pero es cierto que, en los últimos años, el imparable aumento de las temperaturas ha hecho que el Principado se haya convertido en la opción elegida por muchos para pasar las vacaciones. Asturias batió en 2025 su récord de turismo rural con 304.979 visitantes, según los datos que publicó el pasado mes de febrero el Instituto Nacional de Estadística (INE).












En plena polémica por las cifras de absentismo laboral, los expertos tratan de clarificar cómo debe actuar la empresa ante la baja médica de un trabajador. Los intereses bordean una delgada línea en la que confluyen tanto el derecho a la intimidad del empleado como el legítimo interés del empresario para defender la productividad.
La profesora Ana Belén Muñoz opina que el aumento del absentismo obedece a muchos factores: patologías de salud mental difíciles de diagnosticar y tratar, listas de espera en los sistemas de salud, conflictividad laboral no resuelta... Muñoz propone combatir estos problemas a través de “un plan de medidas a cargo de los diferentes agentes implicados: empresas, trabajadores, INSS, mutuas y servicios de salud”. En cualquier caso, cree que no existe una solución única: la pensión de incapacidad temporal se ha convertido en una auténtica “prestación-refugio” que exige un análisis concienzudo.

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En el Edificio Pirámide, situado en el paseo de la Castellana de Madrid, se diseñan algunas de las operaciones empresariales más importantes de España y las grandes fortunas acuden en busca de alternativas de inversión para su dinero. Es la sede de JPMorgan, el mayor banco del mundo (sin contar las firmas chinas con control estatal), y el pasado 10 de julio se respiraba el ambiente de las grandes ocasiones. Todo estaba dispuesto, centros de rosas con los colores de las banderas de España y de Estados Unidos incluidos, para recibir al “jefe”. Nada menos que Jamie Dimon, el último banquero previo a la crisis financiera que sobrevive en el puesto. Nacido en Nueva York hace 70 años, ejerce como presidente y consejero delegado desde 2006.