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“Es muy bonito tener lobos y que los alimenten los demás”, se queja Fernando Moreno, ganadero de 46 años, al resumir el sentir de sus colegas de la Sierra Norte de Guadalajara, y de él mismo, cada vez que sus vacas y ovejas sufren un ataque de este animal. Un problema, asegura, agravado en los últimos 15 años. Moreno, como sus compañeros, se opone al requerimiento que Ecologistas en Acción y el Fondo para la Protección del Lobo Ibérico ha enviado al Gobierno de Castilla-La Mancha para que, en un plazo máximo de tres meses, se comprometa a poner en marcha un plan de recuperación de esta especie en todo el territorio autonómico, más allá de las zonas de Guadalajara en las que ya está presente. Es a lo que obligan, aseguran ambas organizaciones, las leyes estatales y autonómicas sobre especies en peligro de extinción, y el lobo está catalogado así en Castilla-La Mancha desde 1998.
Diciembre de 2025. A Jaime Urrutia (Madrid, 67 años) un agente de la Policía Nacional lo da por muerto. Este redactor va en el coche cuando un control policial rutinario lo para a la altura de la madrileña glorieta del Marqués de Vadillo. En el asiento del copiloto descansa el vinilo Patente de corso, el primer disco en solitario de Urrutia, lanzado en 2002. Uno de los agentes se encarga de pedir la documentación cuando el otro, desde la otra ventanilla, ve el álbum, en el que el músico sale de perfil, con gafas de sol y tupé rutilante mientras se lee su nombre en letras grandes. “¿Este no era el que cantaba en Gabinete Caligari?”, pregunta el policía veterano. La respuesta no admite dudas: “Efectivamente, y he quedado con él ahora”. El hombre duda y, como si la respuesta fuera la típica que le dan aquellos que ocultan algo a las fuerzas del orden, mete la cabeza por la ventanilla. “Eso no puede ser. Este músico está muerto”, dice con aplomo mientras su compañero en la ventanilla del volante se endereza en señal de alerta. Se masca cierta tensión innecesaria, pero, al final, no hace falta bajarse del coche ni llamar a ningún abogado para convencerlo de que “el que cantaba en Gabinete Caligari” está vivo. “Prosiga y conduzca con cuidado”, dice para despedirse el agente veterano antes de echar un último ojo al disco del autor de canciones que forman parte de la memoria colectiva española como Camino Soria, La culpa fue del chachachá o Al calor del amor en un bar.
La nueva película de Isabelle Huppert, La mujer más rica del mundo (Thierry Klifa), indaga en uno de los escándalos más sonados de la crónica social francesa de los últimos años. El film, que aterrizará en las salas españolas el 17 de abril, se inspira libremente en el llamado affaire Bettencourt, un caso que tuvo todos los ingredientes para despertar la atención de la prensa y la opinión pública: una historia de “amistad” poco convencional, ricos enfrentados entre ellos, grabaciones ocultas por parte de un mayordomo, corrupción política, sospechas de fraude fiscal... La figura central del escándalo fue Liliane Bettencourt, la todopoderosa heredera del gigante L’Oréal, fallecida en septiembre de 2022. El imperio cosmético está ahora en manos de su hija única, Françoise Bettencourt-Meyers, dueña de una fortuna de más de 43.000 millones. Cuando el caso salió a la luz en torno a 2007, la fortuna de Liliane se estimaba en 17.000 millones de euros, una cifra astronómica que la situaba como la mujer más rica de Francia. Y durante varios años llegó a ser incluso la mujer más rica del mundo, según la revista Forbes. Netflix ya apostó por esta rocambolesca historia cuando en 2023 estrenó la serie documental El escándalo Bettencourt: el escándalo de la mujer más rica del mundo. Pero ¿cómo logra alguien amasar semejante fortuna? Pues como la inmensa mayoría de los grandes patromonios de la actualidad: gracias a unos orígenes muy privilegiados.
Dejar la oficina, los cafés de máquina, los emails. Y dedicarse a escribir. Bajo esa premisa construye María Folguera (Madrid, 1984) su ensayo La prisa y la espera (Siruela), donde se adentra en el misterio del proceso creativo, con sus oportunidades y su capacidad para generar una nueva forma de temporalidad.
EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es

Microsoft y DigitalEurope, un grupo de presión entre cuyos miembros se encuentran Amazon, Google y Meta, lograron una cláusula de confidencialidad en la legislación de la UE para bloquear el acceso público a información fundamental sobre el impacto medioambiental de cada centro de datos, según ha podido revelar una investigación liderada por Investigate Europe en la que han participado EL PAÍS y medios como The Guardian y Le Monde.
