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Acostumbrados a escuchar a Antony Beevor detallar los movimientos de tropas en Stalingrado, el cerco de Berlín, el desembarco de Normandía, el esfuerzo de los paracaidistas en Arnhem o la ofensiva de los pánzers en la última baza de Hitler en las Ardenas, sorprende oírle hablar del pene de Rasputín. La verdad es que pone la misma cara de reconcentrado interés que con sus habituales temas bélicos. “El pene de Rasputín… es un objeto atractivo desde luego”, dice al mencionarle su interlocutor que ha visto, en una tarde de estupefacción y vodka, el que se exhibe como tal apéndice en un museo en San Petersburgo en un frasco de cristal. “Ya, se supone que mide 13 pulgadas, unos 33 centímetros, pero no sé si es algo que debamos tomarnos en serio. Mi suegro, el historiador John Julius Norwich, explicaba que su padre, Duff Cooper, primer embajador británico en Francia tras la Liberación y también historiador [y padre de la notable escritora Artemis Cooper, esposa de Beevor], estaba convencido de que parte del éxito sexual y del magnetismo de Rasputín residía en su miembro y en su control muscular, pero no hay constancia histórica de que se lo hubieran cortado tras su asesinato. Hoy es imposible afirmar que lo que se exhibe sea suyo, no creo que se haya hecho ningún test de ADN”. De hecho hay quien dice que se trata del pene de un caballo, eso si no es un pepino de mar desecado, como también se ha sugerido. Beevor recuerda, en todo caso, que en su momento en la Rusia zarista se le atribuía una potencia sexual extraordinaria a Rasputín y corrían caricaturas que mostraban su órgano, en referencia a la influencia del monje sobre la zarina y, a través de esta, sobre el zar, con la leyenda: “La caña que dirige Rusia”.
El preso Max Cady siempre ha dado miedo. Eso nunca cambia. Primero, en los cincuenta, lo hizo sobre la página en el libro The Executioners, de John D. MacDonald. Después, con el rostro de Robert Mitchum en El cabo del miedo de 1962 y del icónico Robert De Niro, con sus camisas imposibles, pelo largo y tatuajes, en la película de Martin Scorsese en 1991. Y en la también vigente versión del Actor Secundario Bob de Los Simpson. Pero para Javier Bardem, su traumatizado Cady de ascendencia vasca y con perilla, no estaba diseñado solo para dar miedo. Eso es lo que le atrajo a rodar y producir la serie Cape Fear.
Hace unos meses, en un centro para niños desnutridos en el fondo de la región de Darfur, en Sudán, un bebé huérfano que había llegado días atrás al borde de la muerte agarró con fuerza el dedo de Tom Fletcher. El jefe humanitario de la ONU asegura que esos segundos mitigaron su frustración ante la inacción internacional y la “rabia” que le provocan los recortes en cooperación, en un mundo donde se multiplican las necesidades y los conflictos.

Claudi Pérez lleva más de un cuarto de siglo dedicado al oficio del periodismo y este jueves publica su primer libro. Las invasiones bárbaras (Debate) es una interpretación de un presente que Pérez analiza desde Bruselas, Barcelona, Madrid y los principales escenarios del reguero de crisis de los últimos tiempos, entre las que sobresale la Gran Recesión de 2008, que nos legó un silogismo perverso: “La ira procede de un sistema político que predica la igualdad y de un sistema económico que genera desigualdad”. Para debatir sobre este ensayo, Babelia ha propiciado una conversación entre tres referentes de este periódico: Andrea Rizzi, corresponsal de Asuntos Globales, Amanda Mars, corresponsal de Asuntos Económicos y exdirectora de Cinco Días, y el propio autor: Claudi Pérez es corresponsal Internacional y ex director adjunto de EL PAÍS. El volumen es “un retrato de lo ocurrido en este primer cuarto de siglo”, y al tiempo “un intento de luchar contra el catastrofismo”, en palabras de Rizzi.

El barrio de Arganzuela, en Madrid, atraviesa desde hace años una transformación vertiginosa marcada por la gentrificación. La recuperación desbocada del turismo tras la pandemia, la ampliación de la Línea 11 de Metro, el encarecimiento de los alquileres y la proliferación de nuevas promociones inmobiliarias están alterando profundamente su tejido urbano y social. Cada vez quedan menos comercios tradicionales y los mercados van desapareciendo. La especulación, la homogeneización del paisaje urbano y la presión inmobiliaria expulsan progresivamente a buena parte de la población que dio forma e identidad al lugar.
Las tortitas de calabacín de Myrto Kalle fueron uno de los grandes éxitos de El Comidista en 2025: la receta no solo fue una de las más vistas del año, sino que generó un aplauso generalizado entre quienes la prepararon. Nuestra colaboradora vuelve a tu pantalla amiga con otro clásico de su país natal, Grecia, que también cuenta con el calabacín como protagonista: la kolokyzopita.