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La democracia está en peligro en todo el mundo mientras no se persigan e ilegalicen las granjas de bots que generan información falsa y corrientes de opinión en las redes sociales a partir de mecanismos digitales maliciosos. Se comprueba cada vez más que las opciones autoritarias han ganado apoyos e incluso elecciones gracias a estas trampas. Es preciso crear leyes y mecanismos que combatan estos fraudes; de lo contrario, los bots podrían condicionar el resultado de las votaciones.
Los meses de verano sirven a los urbanitas para conocer cómo anda de ánimo el mundo rural. Los más extrovertidos entablan provechosas conversaciones con los locales, aunque ambas partes siempre mantienen un trato distante y desconfiado. Una charla con los vecinos de los pueblos del país o, simplemente, poner la oreja en algún corrillo del bar del pueblo ayuda a percatarse de los malestares que acechan al campo y que son atribuidos, en gran parte, a los “burócratas” de ciudad. Este estío, con tantos incendios forestales, las conversaciones han girado en torno a la gestión del bosque.
El médico e investigador británico-alemán Edzard Ernst ha dedicado casi medio siglo a someter a escrutinio, con el rigor de la evidencia científica, las afirmaciones de las terapias complementarias y alternativas. Fue jefe del Departamento de Medicina Física y Rehabilitación de la Universidad de Viena y, desde 1993, catedrático en la Universidad de Exeter, lugar donde creó la primera asignatura universitaria del mundo dedicada a la medicina complementaria. Ha publicado más de 1.000 artículos científicos y más de 50 libros, de los cuales tres se han enfocado en la medicina durante el Tercer Reich. The Leopard Lily Project: A Story of Nazi Pseudoscience (El Proyecto del Lirio Leopardo: una historia de pseudociencia nazi, en ingles) es el último de esa trilogía.
La primera mañana de instituto hay una escena que se repite cada septiembre. Decenas de adolescentes cruzan la puerta con una mezcla de ilusión e incertidumbre difícil de disimular. Algunos buscan el aula donde empezarán el curso; otros recorren el patio intentando encontrar una cara conocida entre tantos desconocidos. Desde fuera parece un día más de vuelta al colegio. Para ellos, sin embargo, marca el comienzo de uno de los cambios más importantes de su desarrollo. Porque el primer día de la ESO no solo estrenan instituto, compañeros y profesores: empiezan una etapa en la que, casi de repente, todo parece cambiar al mismo tiempo.
Imagine que le cuesta seguir las conversaciones en un restaurante ruidoso o en una oficina ajetreada, y que, en cambio, el médico le diga que su audición está bien. Esa es la frustrante realidad a la que se enfrentan las personas que padecen sinaptopatía coclear, o pérdida auditiva oculta.
El 38% de las personas residentes en España utiliza habitualmente la inteligencia artificial generativa (IA), según la última Encuesta sobre equipamiento y uso de tecnologías de información y comunicación en los hogares, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Pero el detalle de la utilización de estas herramientas muestra que su uso principal es doméstico, para realizar consultas privadas: un 30% de las personas declaran que emplean la IA para ello. Esto supone casi duplicar el porcentaje de quienes la utilizan habitualmente en el trabajo (el 18%, según el INE y Eurostat) o para su formación (16,2%).
Desde que se convirtió en la responsable de cine y series en 2019 por Netflix, la guionista Verónica Fernández (Vinuesa, Soria, 54 años) pasó a ser una de las ejecutivas con más poder en la industria española. “Cada año desde este equipo decimos que sí a unos cuarenta proyectos por más de mil que rechazamos. Es un horror eso”, reconoce entre risas Fernández. Antes de que arranque la nueva temporada, la jefa de contenidos de la plataforma de streaming más popular se sienta a hablar con EL PAÍS, aunque anda con pies de plomo para no confirmar ninguno de los potentes proyectos que suenan con sello Netflix.
“El espacio: la última frontera. Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise”. Hace justo 60 años, un 8 de septiembre de 1966, sonaron por primera vez estas palabras en los primigenios televisores de EEUU. Comenzaba, en 2266, el viaje de Star Trek hacia “donde nadie había llegado jamás”. Hoy, a punto de alcanzar 1.000 capítulos a lo largo de 13 series, la saga ya ha llegado adonde pocos universos de ficción han llegado antes, y, aun así, avista su futuro con muchas dudas y no tanto con el optimismo por el que se caracteriza su propuesta. Porque frente a ellos no hay Klingons ni Borgs, sino poderosos oligarcas conservadores de Hollywood, una industria sobresaturada y un público juvenil con el que le cuesta conectar.

La falta de originalidad de una obra de ficción a menudo —y con razón— puede ser considerada una de sus mayores debilidades. Esta peli ya la he visto, rezongamos frente a la pantalla. Pero cuando esa ausencia de singularidad proviene de la realidad de la que la obra es deudora, merece la pena hacerse otras preguntas. Me digo esto mientras veo Creednos, serie de la británica ITVX que acaba de estrenar Movistar Plus. Creednos es una traslación a la ficción del caso de John Worboys, conocido como el violador del taxi negro, uno de los agresores sexuales en serie más conocidos en el Reino Unido, que actuó en la primera década de los 2000.