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Son las 22.30 y una familia apura la cena en una terraza frente al mar. Los niños juegan descalzos mientras los adultos alargan la sobremesa. En otra casa, unos padres dudan si dejar que su hijo vea una película más porque al día siguiente no hay colegio. El verano multiplica estas pequeñas decisiones cotidianas que durante el curso apenas generan debate: ¿conviene mantener las rutinas o es mejor relajarlas para disfrutar de las vacaciones? La respuesta, coinciden las especialistas, no admite recetas universales. Ni acostarse todos los días a la misma hora convierte a unos padres en mejores educadores, ni flexibilizar las rutinas significa hacerlo mal. La clave está en encontrar un equilibrio entre la libertad propia de las vacaciones y la estructura que los niños siguen necesitando para sentirse seguros.

Cuando el pasado 17 de junio Irán y Estados Unidos firmaron el memorando de entendimiento que pausó la guerra entre ambos, los responsables de Washington y Teherán que aludieron a ese pacto parecían hablar de documentos diferentes. El texto era tan ambiguo; dejaba tan en el aire cuestiones fundamentales de las hostilidades, como el futuro del programa nuclear iraní y el desbloqueo del estrecho de Ormuz, que muchos expertos pronosticaron ya que se trataba de una vía muerta; una forma de ganar tiempo para los dos signatarios. Esos augurios se cumplieron cuando el acuerdo se reveló como papel mojado mucho antes de que expiraran los 60 días que debían durar las negociaciones para un pacto definitivo. Finalmente, Irán le asestó el golpe final al atacar el 6 de julio a un metanero procedente de Qatar y, poco después, a un petrolero saudí.

Hay libros que pueden cambiar la vida de una persona. Y la historia de un país. Si China adelanta finalmente a Estados Unidos en la carrera por la hegemonía en inteligencia artificial, tendrá que agradecérselo, al menos en parte, al escritor japonés Haruki Murakami. Uno de sus personajes empujó a Yang Zhilin (Shantou, China, 1992) al mundo de las ciencias de la computación, y ahora pilota Moonshot AI, el último cohete en acercar el sorpasso del país asiático, a ritmo de The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd.
Poco después del lanzamiento de Kimi K3, Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, acusó a Moonshot de haber accedido a chips de Nvidia a pesar de las prohibiciones.
También culpó al laboratorio chino de haber “destilado” el modelo de Anthropic para entrenar al suyo.
Al inicio de la ola de incendios en la Comunidad de Madrid que derivó en la declaración de emergencia de interés nacional, un grupo de bomberos forestales denunció el miércoles, en un llamativo vídeo colgado en X, que el Gobierno regional los tenía mano sobre mano sin hacer nada, sin vehículos, sin herramientas, sin órdenes. Bomberos forestales parados en medio de la mayor catástrofe medioambiental a la que se ha enfrentado la región. “Hemos pedido activación al incendio de Almorox porque nos tienen paralizados durante nuestra jornada, estamos en conflicto, pero no estamos realizando huelga, estamos viniendo a trabajar”, señala un portavoz en la grabación. En respuesta, el Gobierno regional lanzó un duro comunicado en el que denuncia la actitud “inadmisible” de estos efectivos, en total 60, a los que acusa de hacer “chantaje” a la organización operativa en los incendios.
La evolución del fuego que mantiene en emergencia a Ávila, Madrid y Toledo ha quedado registrada por los satélites del programa europeo Copernicus de dos formas complementarias. Por un lado, el Sistema Europeo de Información de Incendios Forestales (EFFIS) traza casi en tiempo real los polígonos del área quemada, lo que permite seguir el tamaño del fuego día a día. Por otro, los satélites Sentinel-2 —de la misma familia Copernicus— fotografían el terreno con imágenes que muestran con nitidez la cicatriz del incendio sobre el paisaje.
Que los incendios no son como eran, lo sabemos. Que las temperaturas no son las mismas, lo sufrimos a diario. Que España brillaba y atraía por su clima, lo recordamos; de que España es el país europeo más vulnerable ante los desafíos del clima, estamos advertidos. Que las olas de calor comienzan antes, lo estamos experimentando. Que una ola se funde con la siguiente, lo padecemos. Que el paisaje es el corazón del patriotismo es algo que se entiende de veras cuando se pierde. Que algo tan aparentemente cerebral como los impuestos está directamente relacionado con ese patrimonio del corazón es una evidencia que solo pueden negar los embusteros negacionistas o los que solo se codean con ellos. Que hasta este año la culpa de todo la tenían esos malvados medioambientalistas que impedían limpiar el monte y los ríos de hierbajos es un bulo propagado por quienes quieren eximir de responsabilidad a quienes manejan los presupuestos. Que construir cortafuegos para apagar esa mentira que, sobre todo en el mundo rural se convierte en un lugar común, es urgente. Que este año esa estúpida frase, “siempre ha hecho calor”, que brota de tantas bocas está muriendo por achicharramiento es algo que va percibiéndose. Que los ancianos saben que el calor de este mes no ha sido el calor que ellos padecieron en su juventud es una verdad que su cuerpo experimenta. Que España es un país diverso constituido en comunidades autónomas es algo ya natural en nuestras vidas, como comienza a serlo que no somos nadie si no sabemos colaborar, que las rencillas o las separaciones no responden a la realidad cuando esta se impone con furia.

El cielo de Boadilla del Monte se había despejado de ceniza este sábado por la mañana, casi nadie llevaba mascarilla y la gente había vuelto a las terrazas. Nada que ver con el día anterior, cuando el alcalde, Javier Úbeda, reconoce que pasaron un mal rato hasta que el viento cambió de dirección. El fuego del gran incendio que arrasa el suroeste de la Comunidad de Madrid ha afectado a pequeños pueblos rurales de la zona más periférica de la región. De haber penetrado hacia la capital, las llamas hubieran afectado a los municipios acomodados y mucho más poblados como Villanueva de la Cañada, Villaviciosa de Odón o Boadilla, donde se asientan lo que algunos llaman urbanizaciones bosque, entornos privilegiados pero expuestos al peligro de los incendios.


Spiderman siempre está presente. El filósofo Grafton Tanner ha acuñado el término del porsiemprismo (foreverism, en inglés) para referirse a fenómenos como el del hombre araña, la saga de Star Wars —que no cesa de explorar sus recovecos— o esas bandas de rock veteranas que nunca dejan de reunirse y nunca acaban de disolverse. Son expresiones culturales que han trascendido su tiempo y no se quedan atrás, generación tras generación, con las que es imposible la nostalgia y siempre posible el negocio. Así es Spiderman, cuya industria ofrece continuamente productos para personas de toda edad y condición. Sigue hecho, literalmente, un chaval. Prueba de su eternidad: el próximo 29 de julio estrena una nueva película, Spider-man: Brand New Day.
En 2003, en una oscura lista de correo, un grupo de profetas del apocalipsis tecnológico se mandaba mensajes sobre cuánto les importaba “si la humanidad desaparecía”. Uno consideró que prefería estar con criaturas más listas y creativas, aunque no fueran humanos. Otro respondió que le parecería bien si no fuera porque esas máquinas no tendrían ninguna cualidad humana: “Serían solo pura inteligencia computacional dedicada a fabricar una cantidad infinita de clips”.
La advertencia llega en forma de correo electrónico un par de días antes de la entrevista. Helen DeWitt, autora de El último samurái, una de las novelas más aclamadas del siglo, ha pedido, como preliminar a la charla, que se lea la última entrada de su blog, donde “habla un poco”, dice el mediador de su editorial en España, Random House, “de cómo a veces la promoción que le imponen las editoriales o los premios le impide hacer aquello a lo que se dedica: escribir libros”. El texto en cuestión es un manifiesto bastante extenso en contra de las entrevistas obligadas, la ineptitud de los distintos agentes editoriales para entender a los escritores y los motivos de su reciente rechazo al premio Windham-Campbell, que le otorgaba 175.000 dólares (casi 154.000 euros), por no poder cumplir con sus obligaciones promocionales.