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Difícil encontrar entre los 120 líderes mundiales que este septiembre tomaron la palabra en la sede de Naciones Unidas una trayectoria vital y política tan singular, y épica, como la del hijo de doña Lindu. La figura materna ocupa un lugar estelar en el relato que Luiz Inácio Lula da Silva (80 años, Garanhuns, Pernambuco) ha construido sobre su vida. En su décimo discurso ante la Asamblea General, el presidente de Brasil (2003-2009 y desde 2023) habló de grandes conceptos, como soberanía, democracia o multilateralismo, pero en los mítines le encanta entrar en lo íntimo. Y contar que su madre le enseñó, con el ejemplo cotidiano, las lecciones que forjaron su carácter. “Doña Lindu, analfabeta, madre de ocho hijos pequeños, tuvo el valor de dejar a mi padre. Vivía en una choza, sacó adelante a ocho hijos y transformó a Lulinha en esta cosa bonita que hoy les habla”, recordó el veterano político al arrancar, en agosto, su séptima campaña presidencial. El escenario era un guiño nostálgico al pasado, en ese estadio que arengaba a los obreros contra la dictadura.
Frenkie de Jong no había disputado ni un solo minuto en la Liga. Y cuando se preguntaba por él en la Ciudad Deportiva, su futuro se vislumbraba lejos del Camp Nou. En el Barça aseguraban haberse cansado del neerlandés, sobre todo después de la gestión de la lesión de rodilla en el último Mundial: según el club, no avisó de sus dolencias y se marchó de vacaciones. No era la primera vez que De Jong se enfrentaba a los despachos. Esta vez, en cambio, se presentaban dos inconvenientes: Hansi Flick se había alineado con el club, y la llegada de Rodri ponía en jaque su estatus. Contra el Madrid, sin embargo, cuando el alemán necesitaba remontar, lo mandó al campo como interior. Poco importó que durante la semana lo hubiera hecho entrenar como central.
A los fotógrafos les interesó mucho más el barbudo José Mourinho que Hansi Flick. Hacía 13 años que el técnico portugués no aparecía por la banda del Camp Nou. Se despidió entonces con una victoria y regresó por donde se fue, con un triunfo en el minuto 88 en una noche llamada a invertir la pesadumbre y el pesimismo que apelmaza a los blancos desde hace dos temporadas completas.