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Ante los incendios forestales cada vez más intensos y peligrosos, quizá haya llegado el momento de mirar más allá de la extinción y replantearnos también cómo gestionamos el territorio una vez apagado el fuego. En los últimos tiempos asistimos a un paulatino cambio de paradigma que supone abandonar la estrategia de supresión total propia de la época del “todos contra el fuego”. Empezamos a asumir que siempre va a haber igniciones, ya sean naturales o accidentales, y que cuanto más continua e inflamable sea la vegetación, menos manejables serán los incendios y peores sus consecuencias. Esa es la lógica que inspira las quemas prescritas, que no pretenden eliminar el fuego, sino utilizarlo para reducir la biomasa y, por lo tanto, la severidad de los incendios.
He de reconocer que, hasta ahora, creía que la postura escorada de los gobiernos autonómicos en favor de los centros de datos se debía a la misma injusta mezcla que nos afecta a buena parte de los españoles: la falta de información por parte de las grandes corporaciones promotoras y la diseminación por estas de algunos datos confusos y sobredimensionados en empleo e inversión. La labor que he tratado de desempeñar estos últimos meses, como investigador predoctoral del CSIC y de la UC3M, ha sido precisamente tratar de poner la información a disposición de los vecinos y las administraciones afectadas por estas instalaciones. Es por ello que recibí con ilusión la invitación de Unidas por Extremadura para comparecer en la Comisión de Economía, Empleo y Transformación Digital de la Asamblea de Extremadura con el objeto de ofrecer un análisis científico de los beneficios y riesgos asociados a los proyectos de instalación de grandes centros de datos en esta tierra. La misma tierra que cultivaron mis abuelos y de la que emigraron con la intención de que sus nietos pudieran estudiar en las instituciones en las que a día de hoy trabajo.
El 25 de septiembre, apenas una semana después de esta entrevista, Susan Sarandon (Nueva York, 80 años) fue detenida a las puertas de la ONU en Nueva York. Protestaba, junto a otras actrices como Hannah Einbinder o Cynthia Nixon, contra la comparecencia en la Asamblea del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. No era la primera vez que la detenían y quizás no sea la última. Susan Sarandon, actriz en más de 100 películas, ha protagonizado éxitos de Hollywood como El cliente, Quédate a mi lado o Las brujas de Eastwick; películas de culto como The Rocky Horror Picture Show o Thelma y Louise; y películas comprometidas como Pena de muerte, que le valió un Oscar. Ha aparecido en la serie Friends y ha rodado con Louis Malle. Porque Sarandon escoge sus proyectos como vive, de forma desprejuiciada, con una mezcla de curiosidad y desafío: “Cuando leo un guion quiero que me conmueva. Quiero que el personaje sea algo que no haya hecho antes. Está muy bien si hay un director con una buena trayectoria, pero a veces son directores nuevos. Es genial si te pueden pagar, pero a veces no pueden”. Es el caso de su último proyecto, The Accompanist (aún pendiente de título en español), donde interpreta a Sylvia, una madre de acogida atormentada y excéntrica.
Juan Cebrián
Genevieve Herr (Sally Harlor), Matthew Monzon (TMG LA) y Pattie Yankee.
Cristina Serrano.
Pete Koukov.
Elaine Winter y Mari Siviakova.
La machine.
Drita Curanaj (R3 Mgmt) y Wojtek Szaulinski.
Margarita Babina.
Christopher Morel y Keegan Eckart.
Fern Cerezo y Jan Anthonio Diaz.
Este verano, un restaurante gallego denunciaba que unos clientes intentaron no pagar la cuenta apoyándose en un vídeo en el que aparecían insectos sobre el mantel. El local sospechó que las imágenes estaban manipuladas con inteligencia artificial, amenazó con llamar a la policía y los comensales acabaron pagando. El caso se hizo viral cuando Jesús Soriano, creador de la cuenta Soy Camarero, difundió lo sucedido en redes sociales tras recibirlo directamente del establecimiento. “Me llegó por Instagram, por mensaje privado, y estuve hablando con los dueños porque era la primera vez que veía algo así”, explica. No cree que vaya a ser la última: “Cuanto más avance esta tecnología, seguro que comienzan a llover los casos”. La picaresca española lleva perfeccionándose desde el siglo XVI, y del Lazarillo de Tormes al simpa con IA han cambiado las herramientas, pero no tanto el impulso.
Los memes han evolucionado. Los adolescentes, desde primero de la ESO hasta el segundo de bachillerato, han inventado un formato completamente nuevo que ya ha llegado a las aulas de los distintos institutos de España y que se ha vuelto un fenómeno viral: los curis. Son cuentas creadas con el nombre de los respectivos colegios, principalmente en TikTok, que recrean escenas de la vida cotidiana escolar. Si bien la mayoría de las situaciones parecen ser inofensivas, la Policía Nacional ya alerta de posibles conductas delictivas detrás de las publicaciones anónimas, como el ciberacoso o el bullying.