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Hay veces en las que lo único que te separa de entregarte a esa caricatura de “mujer de alto valor” que triunfa en redes es una pausa breve, una taza caliente y la ilusión momentánea de que todavía puedes con el día. Quizá no arregle la decepción que a veces supone la vida corporativa, pero puede que durante diez minutos no sientas la imperiosa necesidad de huir al campo a hacer pan de masa madre. Lo sé, parece exagerado, pero me atrevería a decir que hay algo altamente reconfortante y casi poético en una taza humeante. Sin ir más lejos, son muchas las películas en las que aparece la figura del británico, siempre dispuesto a ofrecer una cup of tea a cualquiera que esté atravesando un momento de zozobra. ¡Ay! Los sinsabores de la vida.


¡No nos han clasificado X por nada, baby! Es la frase promocional con la que se lanzó en 1972 El gato Fritz, la revolucionaria película de Ralph Bakshi que Filmin incluirá el próximo mes en su catálogo. Una X por sí misma no sería demasiado sorprendente: la calificación que restringía la entrada a menores de edad llevaba en funcionamiento cuatro años por aquel entonces y ya la habían recibido Cowboy de medianoche y La naranja mecánica. Lo que lo hace peculiar es que en este caso se trataba de una cinta de animación, territorio por entonces muy alejado del cine para adultos y en el que reinaban Disney y sus producciones bienintencionadas. El film de Bakshi también estaba protagonizado por un animal parlante, pero no por uno emparentado con el adorable Dumbo o el cándido Bambi, sino por un minino antropomórfico —o sea, con características humanas—, sexual, deslenguado e irreverente.
En septiembre de 2021, The Wall Street Journal publicó los llamados Facebook Files, una serie de reportajes basados en documentos internos de la tecnológica en los que, entre otras cosas, se demostraba que sus ejecutivos eran conscientes de los daños que causaban Instagram y Facebook entre los jóvenes. Fue un bombazo. Provocó la mayor crisis reputacional de la empresa de Mark Zuckerberg, que pocas semanas después rebautizó como Meta. La responsable de todo ello fue la ingeniera Frances Haugen (Iowa City, 42 años), que abandonó su puesto en Facebook con 21.000 documentos internos bajo el brazo. El Senado de EE UU la llamó a declarar y se iniciaron investigaciones sobre sus revelaciones.

