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El País | Categorías: Cultura, Crítica literaria, Literatura, Libros, Ensayo, Escritores, Escritura, Lectura23 Oct 2026 03:30
En los últimos años, la forma más contemporánea del ensayo literario ha sido una mezcla reconocible de memoir y erudición que la autora Noelia Romero sintetiza muy bien en su reciente La manera: “Ensayar, confesar, conversar [con otras lecturas y obras]. Estas son las tres acciones que hago mientras escribo este libro”, dice, una aritmética que vale para toda una corriente que quizá no sea nueva, pero sí ha adquirido matices, capas y posibilidades renovadas a medida que se iba convirtiendo en modelo consolidado por el mercado de la alta cultura y las becas de creación. El peligro de un proceso semejante, ya se sabe, es alcanzar un punto colectivo de anquilosamiento o saturación. No sé cuándo ocurrirá eso. De momento, el género sigue ofreciendo muestras estupendas.
El País | Categorías: Medio ambiente, Sociedad, Cambio climático, Emergencia climática, Calentamiento global, Olas calor, Altas temperaturas, Combustibles fósiles, Ciencia, Salud pública22 Oct 2026 23:01
El verano de 2026 se ha quedado grabado a fuego en los ciudadanos de muchos países europeos por la sucesión de olas de calor, sequías en los grandes ríos del continente e incendios incontrolados, todo ello de la mano de un calentamiento global que avanza imparable hasta la fecha. Y, según un grupo de científicos del Imperial College London y de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, este verano se puede considerar además el que ha acumulado más muertes asociadas a las altas temperaturas en Europa en al menos los últimos 26 años, superando a 2003 y 2022, que ostentaban hasta ahora ese récord.
El País | Categorías: Universidad, Sociedad, Madrid, Universidades públicas, Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, UCM, UAM, UPM, Universidad Carlos III, URJC, Universidad Alcalá de Henares, Recortes sociales, Educación, Financiación, Política educativa, Política científica22 Oct 2026 10:59
La Coordinadora en defensa de la Universidad Pública ―que aúna a la mayoría de sindicatos y muchas asociaciones de estudiantes― ha convocado este jueves una nueva huelga en contra de los recortes del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso en los seis campus de Madrid. Los trabajadores (docentes investigadores y de administración y servicios) y los estudiantes están llamados a parar el 4 y el 5 de noviembre contra “la infrafinanciación de la Universidad Pública, que propicia la privatización y la mercantilización de nuestra formación universitaria, y la reivindicación de los derechos políticos de trabajadoras y estudiantes”.
El País | Categorías: Cerveza, Festivales, Alemania, Múnich, Leganés, Fiestas, Trigo, Hostelería22 Oct 2026 10:00
Jörg Biebernick, consejero delegado de Paulaner, sostiene una cerveza sin alcohol. No es traición alguna, sino logística. Su marca presume de haber sido la primera en lanzar una cerveza de trigo sin alcohol, en 1986, mucho antes de que nadie hablara de moderación. Ese es hoy uno de los pocos segmentos que crece, y mucho: en Alemania supone entre el 10% del mercado y crece a doble dígito; la cerveza de trigo cero cero crece un 37% este año fuera del país, y en enero llegará la lager cero cero. Biebernick no lo ve como cosa de jóvenes ni de mayores, sino de ocasiones. “Antes, si tomabas una cerveza en la comida, sabías que por la tarde no podías hacer deporte ni trabajar. Ahora la cero cero lleva la cerveza a sitios donde no estaba”. Y ya no es un estigma: “Antes eras el perdedor del día porque conducías. Ya no va de perdedores o ganadores, es tu decisión”. Bien mirado, es una frase que resume el estado actual de la cerveza en el mundo: un negocio de siglos que ha aprendido a dosificarse.
Indignación. Es lo primero que se respira nada más entrar a la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), escenario el miércoles, de un violento escrache contra el expresidente del Gobierno Felipe González y el periodista Juan Luis Cebrián, dentro del foro «Jornadas sociedad civil y cambio global». Mientras algunos alumnos aprovechan los últimos coletazos de buen tiempo para tomar fuera un café, otros se recluyen en el interior para acometer las tareas pertinentes. Los trabajadores de limpieza se afanan en sacar brillo a un edificio que a simple vista escapa del prototipo de una madriguera radical dentro del ámbito universitario.
Tres mesas situadas en diferentes puntos del interior recogen firmas para condenar lo ocurrido. Son estudiantes de la propia facultad, que a través de los grupos de delegados, «votados por todos los compañeros de clase», se han organizado para mostrar su repulsa. No quieren que se les identifique con los violentos, ya que «la universidad es un espacio donde tiene que haber libertad de expresión y diálogo, y nadie puede ser sufrir ningún tipo de violencia», explica un integrante de una de las mesas.
Llevan recogidas más de mil firmas y solo son alrededor de 3.000 los matriculados. Una cifra que contrasta con los apenas 150 vándalos que acudieron a reventar el acto. Los alumnos han redactado un manifiesto, que el decanato ha leído y aprobado, donde transmiten a la sociedad que en su facultad les permiten exponer cualquier idea, mostrar pancartas, realizar actos, movilizaciones, huelgas o manifestaciones: «Y por ese motivo no necesitamos recurrir a otros medios, como los empleados en esta ocasión, porque podemos hablar y expresarnos por otros medios respetando las normas». Manuela Carmena, que ayer participó con total tranquilidad en el mismo foro, plasmó su firma al final de su ponencia.
La decana está recabando información que identifique a los autores, sean individuos o asociaciones
El goteo de jóvenes dispuestos a dejar por escrito su rechazo fue constante. No tienen miedo y esperan que los hechos no queden impunes. «Vamos a llevar una declaración a la Junta de la Facultad para que tome las medidas oportunas. La primera en firmar fue la decana y nos consta que hay abierta una investigación para expulsar a los responsables», asegura una universitaria.
Según explica la decana, Yolanda Valdeolivares, lo importante el miércoles fue garantizar la seguridad, pero ahora es tiempo de investigar y recabar información para «adoptar las medidas que lleven a reconocer a los responsables de los hechos y a acreditar su identidad, ya sea a título personal o de asociación».
De camino al salón de actos Tomás y Valiente, situado en la segunda planta, otro estudiante advierte que la facultad «es un laberinto», al tiempo que señala una planta más abajo, el pasillo donde está la sede de Habeas Corpus, una asociación autodenominada antifascista y anticapitalista, registrada oficialmente por el decanato, a la que muchos señalan como participantes activos en el boicot. «Aunque no sepamos quién lo ha organizado, cualquiera que estuvo allí es capaz de identificar a los compañeros de su clase que han provocado esto», relata el mismo alumno.
Su testimonio es clave para entender la magnitud de lo acontecido. Junto a varios amigos y compañeros trató de acceder al curso, en el que estaban matriculados. «Las ponencias comenzaron el martes y en ninguna pasó nada. Nadie cree que algo así pueda ocurrir». Los violentos accedieron a la facultad portando caretas, algunas de ellas con el nombre de José Antonio Lasa y Christian Olaskoaga -etarras asesinados por los GAL-, y se marcharon lanzado un petardo de gran tamaño en el pasillo, que provocó la caída de los protectores de las luces halógenas e impactaron sobre el cuerpo de algunas personas.
«Entre medias, además de empujones, insultos y golpes y de agredir a un profesor de 70 años, en un momento dado vi un cuchillo de cocina de grandes dimensiones, de esos que la hoja del filo tiembla, y salí de allí corriendo. El arma la encontró un profesor, motivo por el cual los manifestantes lo acusaron de haberlo puesto en ese lugar como una falsa prueba», sentencia el propio afectado.
La turba fue organizada por los radicales a través de las redes sociales y grupos de Whatsapp
En la guarida de Habeas Corpus hay cerca de 20 personas. «Estamos de asamblea, ¿qué queréis?». El revuelo que provoca nuestra presencia es evidente, conscientes de que viven días complicados. «Nuestra asociación no ha organizado nada y tampoco sabemos si alguien de aquí a título individual ha participado», expresa uno de sus miembros.
Señalados por sus propios compañeros de pupitre, dudan entre expresar su visión o permanecer callados, hecho este último que acaba imponiéndose. Aunque no sin antes asegurar en relación al cuchillo que «fueron los escoltas de Felipe González los que lo dejaron tirado en el suelo para incriminarnos».
Grupos ajenos a la facultad
La Federación de Estudiantes Libertaria (FEL), que tiene implantación en la Complutense, en la Carlos III y en la propia Autónoma, se ha atribuido el violento escrache con un mensaje desafiante en Twitter: «Muchas gracias por todas las muestras de solidaridad. Meterse con dos Capos del Régimen tiene consecuencias».
La FEL se define como una «organización anarquista», creada en 2014 tras la «desmovilización estudiantil post-Bolonia» y para hacer frente a una universidad «cada día más elitizada». Junto a ellos, también estaba Izquierda Castellana, el «brazo político» del antifascismo y cuya rama juvenil, Yesca, está asentada en la UCM.
El plan estaba claro. Y el punto de encuentro también. «La convocatoria estaba preparada para quedar en la Facultad de Psicología, reunir a toda la gente que vino de la Complutense y de allí entrar en masa para tener el mayor impacto posible», describen los inscritos en el propio curso. La turba fue convocada en redes sociales, y mediante grupos de WhatsApp, un mecanismo que utilizan cada vez más para eludir la vigilancia policial.
Indignación. Es lo primero que se respira nada más entrar a la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), escenario el miércoles, de un violento escrache contra el expresidente del Gobierno Felipe González y el periodista Juan Luis Cebrián, dentro del foro «Jornadas sociedad civil y cambio global». Mientras algunos alumnos aprovechan los últimos coletazos de buen tiempo para tomar fuera un café, otros se recluyen en el interior para acometer las tareas pertinentes. Los trabajadores de limpieza se afanan en sacar brillo a un edificio que a simple vista escapa del prototipo de una madriguera radical dentro del ámbito universitario.
Tres mesas situadas en diferentes puntos del interior recogen firmas para condenar lo ocurrido. Son estudiantes de la propia facultad, que a través de los grupos de delegados, «votados por todos los compañeros de clase», se han organizado para mostrar su repulsa. No quieren que se les identifique con los violentos, ya que «la universidad es un espacio donde tiene que haber libertad de expresión y diálogo, y nadie puede ser sufrir ningún tipo de violencia», explica un integrante de una de las mesas.
Llevan recogidas más de mil firmas y solo son alrededor de 3.000 los matriculados. Una cifra que contrasta con los apenas 150 vándalos que acudieron a reventar el acto. Los alumnos han redactado un manifiesto, que el decanato ha leído y aprobado, donde transmiten a la sociedad que en su facultad les permiten exponer cualquier idea, mostrar pancartas, realizar actos, movilizaciones, huelgas o manifestaciones: «Y por ese motivo no necesitamos recurrir a otros medios, como los empleados en esta ocasión, porque podemos hablar y expresarnos por otros medios respetando las normas». Manuela Carmena, que ayer participó con total tranquilidad en el mismo foro, plasmó su firma al final de su ponencia.
La decana está recabando información que identifique a los autores, sean individuos o asociaciones
El goteo de jóvenes dispuestos a dejar por escrito su rechazo fue constante. No tienen miedo y esperan que los hechos no queden impunes. «Vamos a llevar una declaración a la Junta de la Facultad para que tome las medidas oportunas. La primera en firmar fue la decana y nos consta que hay abierta una investigación para expulsar a los responsables», asegura una universitaria.
Según explica la decana, Yolanda Valdeolivares, lo importante el miércoles fue garantizar la seguridad, pero ahora es tiempo de investigar y recabar información para «adoptar las medidas que lleven a reconocer a los responsables de los hechos y a acreditar su identidad, ya sea a título personal o de asociación».
De camino al salón de actos Tomás y Valiente, situado en la segunda planta, otro estudiante advierte que la facultad «es un laberinto», al tiempo que señala una planta más abajo, el pasillo donde está la sede de Habeas Corpus, una asociación autodenominada antifascista y anticapitalista, registrada oficialmente por el decanato, a la que muchos señalan como participantes activos en el boicot. «Aunque no sepamos quién lo ha organizado, cualquiera que estuvo allí es capaz de identificar a los compañeros de su clase que han provocado esto», relata el mismo alumno.
Su testimonio es clave para entender la magnitud de lo acontecido. Junto a varios amigos y compañeros trató de acceder al curso, en el que estaban matriculados. «Las ponencias comenzaron el martes y en ninguna pasó nada. Nadie cree que algo así pueda ocurrir». Los violentos accedieron a la facultad portando caretas, algunas de ellas con el nombre de José Antonio Lasa y Christian Olaskoaga -etarras asesinados por los GAL-, y se marcharon lanzado un petardo de gran tamaño en el pasillo, que provocó la caída de los protectores de las luces halógenas e impactaron sobre el cuerpo de algunas personas.
«Entre medias, además de empujones, insultos y golpes y de agredir a un profesor de 70 años, en un momento dado vi un cuchillo de cocina de grandes dimensiones, de esos que la hoja del filo tiembla, y salí de allí corriendo. El arma la encontró un profesor, motivo por el cual los manifestantes lo acusaron de haberlo puesto en ese lugar como una falsa prueba», sentencia el propio afectado.
La turba fue organizada por los radicales a través de las redes sociales y grupos de Whatsapp
En la guarida de Habeas Corpus hay cerca de 20 personas. «Estamos de asamblea, ¿qué queréis?». El revuelo que provoca nuestra presencia es evidente, conscientes de que viven días complicados. «Nuestra asociación no ha organizado nada y tampoco sabemos si alguien de aquí a título individual ha participado», expresa uno de sus miembros.
Señalados por sus propios compañeros de pupitre, dudan entre expresar su visión o permanecer callados, hecho este último que acaba imponiéndose. Aunque no sin antes asegurar en relación al cuchillo que «fueron los escoltas de Felipe González los que lo dejaron tirado en el suelo para incriminarnos».
Grupos ajenos a la facultad
La Federación de Estudiantes Libertaria (FEL), que tiene implantación en la Complutense, en la Carlos III y en la propia Autónoma, se ha atribuido el violento escrache con un mensaje desafiante en Twitter: «Muchas gracias por todas las muestras de solidaridad. Meterse con dos Capos del Régimen tiene consecuencias».
La FEL se define como una «organización anarquista», creada en 2014 tras la «desmovilización estudiantil post-Bolonia» y para hacer frente a una universidad «cada día más elitizada». Junto a ellos, también estaba Izquierda Castellana, el «brazo político» del antifascismo y cuya rama juvenil, Yesca, está asentada en la UCM.
El plan estaba claro. Y el punto de encuentro también. «La convocatoria estaba preparada para quedar en la Facultad de Psicología, reunir a toda la gente que vino de la Complutense y de allí entrar en masa para tener el mayor impacto posible», describen los inscritos en el propio curso. La turba fue convocada en redes sociales, y mediante grupos de WhatsApp, un mecanismo que utilizan cada vez más para eludir la vigilancia policial.
Indignación. Es lo primero que se respira nada más entrar a la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), escenario el miércoles, de un violento escrache contra el expresidente del Gobierno Felipe González y el periodista Juan Luis Cebrián, dentro del foro «Jornadas sociedad civil y cambio global». Mientras algunos alumnos aprovechan los últimos coletazos de buen tiempo para tomar fuera un café, otros se recluyen en el interior para acometer las tareas pertinentes. Los trabajadores de limpieza se afanan en sacar brillo a un edificio que a simple vista escapa del prototipo de una madriguera radical dentro del ámbito universitario.
Tres mesas situadas en diferentes puntos del interior recogen firmas para condenar lo ocurrido. Son estudiantes de la propia facultad, que a través de los grupos de delegados, «votados por todos los compañeros de clase», se han organizado para mostrar su repulsa. No quieren que se les identifique con los violentos, ya que «la universidad es un espacio donde tiene que haber libertad de expresión y diálogo, y nadie puede ser sufrir ningún tipo de violencia», explica un integrante de una de las mesas.
Llevan recogidas más de mil firmas y solo son alrededor de 3.000 los matriculados. Una cifra que contrasta con los apenas 150 vándalos que acudieron a reventar el acto. Los alumnos han redactado un manifiesto, que el decanato ha leído y aprobado, donde transmiten a la sociedad que en su facultad les permiten exponer cualquier idea, mostrar pancartas, realizar actos, movilizaciones, huelgas o manifestaciones: «Y por ese motivo no necesitamos recurrir a otros medios, como los empleados en esta ocasión, porque podemos hablar y expresarnos por otros medios respetando las normas». Manuela Carmena, que ayer participó con total tranquilidad en el mismo foro, plasmó su firma al final de su ponencia.
La decana está recabando información que identifique a los autores, sean individuos o asociaciones
El goteo de jóvenes dispuestos a dejar por escrito su rechazo fue constante. No tienen miedo y esperan que los hechos no queden impunes. «Vamos a llevar una declaración a la Junta de la Facultad para que tome las medidas oportunas. La primera en firmar fue la decana y nos consta que hay abierta una investigación para expulsar a los responsables», asegura una universitaria.
Según explica la decana, Yolanda Valdeolivares, lo importante el miércoles fue garantizar la seguridad, pero ahora es tiempo de investigar y recabar información para «adoptar las medidas que lleven a reconocer a los responsables de los hechos y a acreditar su identidad, ya sea a título personal o de asociación».
De camino al salón de actos Tomás y Valiente, situado en la segunda planta, otro estudiante advierte que la facultad «es un laberinto», al tiempo que señala una planta más abajo, el pasillo donde está la sede de Habeas Corpus, una asociación autodenominada antifascista y anticapitalista, registrada oficialmente por el decanato, a la que muchos señalan como participantes activos en el boicot. «Aunque no sepamos quién lo ha organizado, cualquiera que estuvo allí es capaz de identificar a los compañeros de su clase que han provocado esto», relata el mismo alumno.
Su testimonio es clave para entender la magnitud de lo acontecido. Junto a varios amigos y compañeros trató de acceder al curso, en el que estaban matriculados. «Las ponencias comenzaron el martes y en ninguna pasó nada. Nadie cree que algo así pueda ocurrir». Los violentos accedieron a la facultad portando caretas, algunas de ellas con el nombre de José Antonio Lasa y Christian Olaskoaga -etarras asesinados por los GAL-, y se marcharon lanzado un petardo de gran tamaño en el pasillo, que provocó la caída de los protectores de las luces halógenas e impactaron sobre el cuerpo de algunas personas.
«Entre medias, además de empujones, insultos y golpes y de agredir a un profesor de 70 años, en un momento dado vi un cuchillo de cocina de grandes dimensiones, de esos que la hoja del filo tiembla, y salí de allí corriendo. El arma la encontró un profesor, motivo por el cual los manifestantes lo acusaron de haberlo puesto en ese lugar como una falsa prueba», sentencia el propio afectado.
La turba fue organizada por los radicales a través de las redes sociales y grupos de Whatsapp
En la guarida de Habeas Corpus hay cerca de 20 personas. «Estamos de asamblea, ¿qué queréis?». El revuelo que provoca nuestra presencia es evidente, conscientes de que viven días complicados. «Nuestra asociación no ha organizado nada y tampoco sabemos si alguien de aquí a título individual ha participado», expresa uno de sus miembros.
Señalados por sus propios compañeros de pupitre, dudan entre expresar su visión o permanecer callados, hecho este último que acaba imponiéndose. Aunque no sin antes asegurar en relación al cuchillo que «fueron los escoltas de Felipe González los que lo dejaron tirado en el suelo para incriminarnos».
Grupos ajenos a la facultad
La Federación de Estudiantes Libertaria (FEL), que tiene implantación en la Complutense, en la Carlos III y en la propia Autónoma, se ha atribuido el violento escrache con un mensaje desafiante en Twitter: «Muchas gracias por todas las muestras de solidaridad. Meterse con dos Capos del Régimen tiene consecuencias».
La FEL se define como una «organización anarquista», creada en 2014 tras la «desmovilización estudiantil post-Bolonia» y para hacer frente a una universidad «cada día más elitizada». Junto a ellos, también estaba Izquierda Castellana, el «brazo político» del antifascismo y cuya rama juvenil, Yesca, está asentada en la UCM.
El plan estaba claro. Y el punto de encuentro también. «La convocatoria estaba preparada para quedar en la Facultad de Psicología, reunir a toda la gente que vino de la Complutense y de allí entrar en masa para tener el mayor impacto posible», describen los inscritos en el propio curso. La turba fue convocada en redes sociales, y mediante grupos de WhatsApp, un mecanismo que utilizan cada vez más para eludir la vigilancia policial.
Indignación. Es lo primero que se respira nada más entrar a la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), escenario el miércoles, de un violento escrache contra el expresidente del Gobierno Felipe González y el periodista Juan Luis Cebrián, dentro del foro «Jornadas sociedad civil y cambio global». Mientras algunos alumnos aprovechan los últimos coletazos de buen tiempo para tomar fuera un café, otros se recluyen en el interior para acometer las tareas pertinentes. Los trabajadores de limpieza se afanan en sacar brillo a un edificio que a simple vista escapa del prototipo de una madriguera radical dentro del ámbito universitario.
Tres mesas situadas en diferentes puntos del interior recogen firmas para condenar lo ocurrido. Son estudiantes de la propia facultad, que a través de los grupos de delegados, «votados por todos los compañeros de clase», se han organizado para mostrar su repulsa. No quieren que se les identifique con los violentos, ya que «la universidad es un espacio donde tiene que haber libertad de expresión y diálogo, y nadie puede ser sufrir ningún tipo de violencia», explica un integrante de una de las mesas.
Llevan recogidas más de mil firmas y solo son alrededor de 3.000 los matriculados. Una cifra que contrasta con los apenas 150 vándalos que acudieron a reventar el acto. Los alumnos han redactado un manifiesto, que el decanato ha leído y aprobado, donde transmiten a la sociedad que en su facultad les permiten exponer cualquier idea, mostrar pancartas, realizar actos, movilizaciones, huelgas o manifestaciones: «Y por ese motivo no necesitamos recurrir a otros medios, como los empleados en esta ocasión, porque podemos hablar y expresarnos por otros medios respetando las normas». Manuela Carmena, que ayer participó con total tranquilidad en el mismo foro, plasmó su firma al final de su ponencia.
La decana está recabando información que identifique a los autores, sean individuos o asociaciones
El goteo de jóvenes dispuestos a dejar por escrito su rechazo fue constante. No tienen miedo y esperan que los hechos no queden impunes. «Vamos a llevar una declaración a la Junta de la Facultad para que tome las medidas oportunas. La primera en firmar fue la decana y nos consta que hay abierta una investigación para expulsar a los responsables», asegura una universitaria.
Según explica la decana, Yolanda Valdeolivares, lo importante el miércoles fue garantizar la seguridad, pero ahora es tiempo de investigar y recabar información para «adoptar las medidas que lleven a reconocer a los responsables de los hechos y a acreditar su identidad, ya sea a título personal o de asociación».
De camino al salón de actos Tomás y Valiente, situado en la segunda planta, otro estudiante advierte que la facultad «es un laberinto», al tiempo que señala una planta más abajo, el pasillo donde está la sede de Habeas Corpus, una asociación autodenominada antifascista y anticapitalista, registrada oficialmente por el decanato, a la que muchos señalan como participantes activos en el boicot. «Aunque no sepamos quién lo ha organizado, cualquiera que estuvo allí es capaz de identificar a los compañeros de su clase que han provocado esto», relata el mismo alumno.
Su testimonio es clave para entender la magnitud de lo acontecido. Junto a varios amigos y compañeros trató de acceder al curso, en el que estaban matriculados. «Las ponencias comenzaron el martes y en ninguna pasó nada. Nadie cree que algo así pueda ocurrir». Los violentos accedieron a la facultad portando caretas, algunas de ellas con el nombre de José Antonio Lasa y Christian Olaskoaga -etarras asesinados por los GAL-, y se marcharon lanzado un petardo de gran tamaño en el pasillo, que provocó la caída de los protectores de las luces halógenas e impactaron sobre el cuerpo de algunas personas.
«Entre medias, además de empujones, insultos y golpes y de agredir a un profesor de 70 años, en un momento dado vi un cuchillo de cocina de grandes dimensiones, de esos que la hoja del filo tiembla, y salí de allí corriendo. El arma la encontró un profesor, motivo por el cual los manifestantes lo acusaron de haberlo puesto en ese lugar como una falsa prueba», sentencia el propio afectado.
La turba fue organizada por los radicales a través de las redes sociales y grupos de Whatsapp
En la guarida de Habeas Corpus hay cerca de 20 personas. «Estamos de asamblea, ¿qué queréis?». El revuelo que provoca nuestra presencia es evidente, conscientes de que viven días complicados. «Nuestra asociación no ha organizado nada y tampoco sabemos si alguien de aquí a título individual ha participado», expresa uno de sus miembros.
Señalados por sus propios compañeros de pupitre, dudan entre expresar su visión o permanecer callados, hecho este último que acaba imponiéndose. Aunque no sin antes asegurar en relación al cuchillo que «fueron los escoltas de Felipe González los que lo dejaron tirado en el suelo para incriminarnos».
Grupos ajenos a la facultad
La Federación de Estudiantes Libertaria (FEL), que tiene implantación en la Complutense, en la Carlos III y en la propia Autónoma, se ha atribuido el violento escrache con un mensaje desafiante en Twitter: «Muchas gracias por todas las muestras de solidaridad. Meterse con dos Capos del Régimen tiene consecuencias».
La FEL se define como una «organización anarquista», creada en 2014 tras la «desmovilización estudiantil post-Bolonia» y para hacer frente a una universidad «cada día más elitizada». Junto a ellos, también estaba Izquierda Castellana, el «brazo político» del antifascismo y cuya rama juvenil, Yesca, está asentada en la UCM.
El plan estaba claro. Y el punto de encuentro también. «La convocatoria estaba preparada para quedar en la Facultad de Psicología, reunir a toda la gente que vino de la Complutense y de allí entrar en masa para tener el mayor impacto posible», describen los inscritos en el propio curso. La turba fue convocada en redes sociales, y mediante grupos de WhatsApp, un mecanismo que utilizan cada vez más para eludir la vigilancia policial.