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El objetivo en las escuelas infantiles públicas de Madrid no puede ser otro que el de resistir de la mejor manera posible hasta el 31 de julio. La etapa de 0 a 3 años es la única que registra actividad a estas alturas del año, precisamente la que acoge a la población infantil más vulnerable. Las altas temperaturas pasan factura a educadoras y bebés durante la tercera ola de calor de este año. Los problemas de climatización son un desafío estructural en muchas escuelas de gestión directa, donde la Comunidad de Madrid asume la gerencia. Hay trabajadoras sobreviviendo con ventiladores y otros aparatos, pero el miedo a que se produzca un golpe de calor es constante, mientras los termómetros superan los 30° en el aula día tras día. Hay clases clausuradas porque son hornos. Los mareos y las jaquecas son frecuentes entre las educadoras, que observan cómo entre los más pequeños se multiplican las alteraciones del sueño, la pérdida de apetito, los sarpullidos y las gastroenteritis. “Los niños se tiran de la colchoneta al suelo en busca de fresco para dormir”, cuenta Esther Sánchez, de 53 años. Trabaja en La Almudena, ubicada en Hortaleza.
Una de las escenas que aparecen en los eventos deportivos que se producen en los meses de verano es la de jugadores hidratándose y tratando de bajar su temperatura corporal. En Roland Garros o Wimbledon, se repite la escena de jugadores que se sientan en el cambio de campo y se ponen toallas heladas sobre el cuello o bolsas de hielo tratando de enfriarse y recuperarse antes de volver a la pista. Otra imagen llamativa es la de los ciclistas en el Tour de Francia que, en días donde se alcanzan 35 o 40 grados, sumergen los brazos en hielo, se ponen hielo bajo el maillot o medias de compresión heladas antes de la salida, para tratar de enfriar el cuerpo y evitar golpes de calor. Todos estos ejemplos no son modas o tendencias que aparecen en el deporte, reflejan la aplicación de la ciencia para mantener el control de la temperatura corporal en situaciones de calor excesivo, donde se comprometen el rendimiento y la salud del deportista. Esta situación no es ajena a la realidad de las personas que se ejercitan en los meses de verano, jugando al pádel, corriendo por la playa o montando en bicicleta en horas en que el calor aprieta.
Cuando el nuevo modelo Kimi K3 lleva apenas una semana asustando a gente en Silicon Valley, llega ahora Qwen 3.8. Son dos modelos chinos abiertos y muy avanzados que han provocado una pregunta: ¿por qué pagar por una IA más cara si otra opción más barata ya funciona bien?
La pubertad se está adelantando en muchos países, y llega a edades cada vez más tempranas en niños y niñas. Las causas no están claras. Un factor determinante es la creciente obesidad. Otra posible causa, aún no del todo esclarecida, son compuestos químicos ambientales como los disruptores endocrinos. Por la consulta de Jesús Argente en Madrid pasan cada mes decenas de niños a los que parece que se les ha adelantado la pubertad. El médico sabe que su diagnóstico es fundamental. En nueve de cada diez casos no se tratará de una enfermedad poco común conocida como pubertad precoz central, pues su origen está en el sistema nervioso central. Llegar cuanto antes a ese caso entre 10 que sí la sufre puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte, porque esta dolencia a veces se debe a tumores cerebrales.
El Consejo de Embajadores Árabes en Madrid ha remitido una carta al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, en defensa de la Casa Árabe, amenazada de desahucio por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. En la misiva, firmada por los embajadores de 17 países árabes y el representante de la Liga Árabe, los diplomáticos aseguran que la Casa Árabe no solo es “una de las instituciones culturales más prestigiosas de España” sino también “un instrumento de indudable valor para el fortalecimiento de las relaciones entre el Reino de España y los Estado árabes”.
Hace dos años el diseñador francés Simon Porte Jacquemus bosquejó un vestido blanco con Zendaya en mente. “Hoy, verla con esa prenda me parece surrealista”, escribe, “feliz”, en su perfil de Instagram junto a una fotografía de la actriz durante la première londinense de La Odisea. Dos años pueden parecer una eternidad para hacer realidad un vestido. Pero el plazo (y el entusiasmo del diseñador) quedan inmediatamente pulverizados cuando los pendientes con los que decides estrenarlo tienen más de 3.000 años.
Donald Trump se lo dijo el domingo en persona al primer ministro canadiense, Mark Carney, en el palco del estadio durante la final España-Argentina: “Tal vez deberían pagar una indemnización o algo así, o deberíamos imponer aranceles”. El presidente estadounidense pretendía castigar al vecino del norte porque en los días anteriores los incendios en la provincia de Ontario habían cubierto de humo el cielo de Nueva York. Al día siguiente, Washington anunció aranceles del 50% sobre una larga lista de bienes canadienses, desde el vino y el cemento hasta los palos de hockey, la leche y el alcohol. Y así ha reactivado la amenaza de una guerra comercial que pone de nuevo en riesgo la relación con el país vecino y sus respectivas economías. Pero Canadá, segundo socio comercial de EE UU, no es un país que se deje intimidar fácilmente: lo ha demostrado con creces en el último año y tampoco ahora da señales de querer plegarse ante el matonismo de Trump. Las amenazas, ha advertido Carney, van más allá del comercio y afectan a la “soberanía canadiense”.
Todo sistema democrático reposa sobre la definición del sujeto en cuyo nombre se gobierna. Hace ya casi 250 años, la respuesta que inauguró el constitucionalismo moderno fue “We, the People”. La fórmula sigue siendo hoy el fundamento de legitimidad de las democracias. Pero la teoría política ha dado muchas vueltas sobre cómo se define la parte del pueblo que decide. Para votar quién puede votar hay que haber definido antes quién vota. El demos nunca se constituye a sí mismo. Es necesario un acto previo de cierre en el que se trace la frontera entre el nosotros y los otros. Hoy, fruto de las circunstancias en que nos encontramos por motivos muy diversos, el tema ha vuelto a convertirse en uno de los centros clave del conflicto político contemporáneo.
Cuando hace 66 millones de años cayó el asteroide que extinguió a las tres cuartas partes de las plantas y animales del planeta, el suelo quedó marcado por una capa de arcilla con iridio llamada límite K-Pg (por Cretácico-Paleógeno) visible en afloramientos de varios lugares de la Tierra. Bajo esa línea aún se encuentran fósiles de dinosaurios; encima, no. Los cambios tecnológicos tuvieron un impacto similar entre mis cosas. Algunas siguieron acompañándome: la ropa, los muebles, las herramientas, los chismes de cocina, el cesto con la calderilla de la que no me logro deshacer. Pero otras se transformaron en vestigios de una época lejana. Fueron los libros, los juegos, la música, las películas y los recuerdos guardados en cajas; aquí sucedió la extinción. Pasaron a ser digitales, más abundantes y baratos. Solo conservo unas decenas de fotografías de mis primeros 20 años de vida, pero guardo muchos miles de imágenes de los siguientes. Tengo solo unas pocas cartas de papel, pero almaceno con esmero veintidós años de correos electrónicos y quince de conversaciones. Mis estanterías están descompensadas: desde que empecé a usar un lector electrónico guardan demasiados libros viejos y pocas novedades. Ocurre igual con la música o las películas, porque dejé de almacenar copias en algún momento de los dosmiles.