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John Burn-Murdoch publicaba hace unos días en Financial Times un artículo sobre la vivienda que incluía ejemplos de lugares donde políticas como la construcción y la apuesta por la vivienda pública han generado buenos resultados. Podemos imitar medidas que han funcionado o medidas que sabemos que no funcionan. Pero, ahora que somos un país maduro y hemos ganado dos veces la Copa del Mundo, ha llegado la hora de renunciar al unamuniano “que inventen ellos” y apostar por la innovación.
Pensé, al ver ese último aleteo del rabo de Argos en La Odisea de Christopher Nolan (no es spoiler, lleva escrito casi 3.000 años) que nada nos prepara para una muerte vieja. Tampoco el IMAX. Envejecer consiste en volver a ver en pantalla, una y otra vez, las muertes de personajes que ya murieron pero las sucesivas adaptaciones resucitan para arrebatárnoslos de nuevo. Siempre creemos que ya valió, que hemos visto suficientes veces agonizar al tío Ben (o tía) de Peter Parker, pero está escrito en las leyes cinematográficas que en algún momento alguien hurgará en esa herida y tendremos que ver a Artax, el caballo de Atreyu en La Historia Interminable, hundirse en el fango y desgarrarnos el corazón, otra y otra vez.

Se dice que en los pueblos pequeños el infierno es grande. Pero Jesús y Sara me llaman por mi nombre en la frutería y en el supermercado me preguntan cómo me va. Los de la tienda me dicen que me han traído los yogures que me gustan y me regalan un cachito de queso. Puede que el infierno sea grande, pero que te llamen por tu nombre lo acerca mucho más al cielo. Conocer a la gente que te encuentras por la calle puede tener alguna cosa mala, pero no hay día que no me haya sentido en casa. Solo me doy cuenta de que llega el verano cuando la gente por la calle no saluda y tiene tanta prisa que hasta pita en los cruces. Me pregunto si será así en sus ciudades. Personalmente, me quedo con mi infierno.
William Omar Landrón Rivera, alias Don Omar, ha vivido de todo. De niño a adolescente. De adolescente a la calle, al narcotráfico y las pandillas. Después, a pastor de iglesia, predicador de jóvenes. De ahí a máximo exponente de un género, el reguetón, donde debutó con Dile en 2003. Dos denuncias por violencia de género —en 2012 y 2014— y un largo proceso judicial tras ser acusado de tenencia ilegal de armas en 2004. Un cáncer de riñón en 2024, del que ya está recuperado. Y ahora, a sus 48 años y sin intenciones de dejar los escenarios, el puertorriqueño prepara la gira The Last King por Estados Unidos y Europa, que empezará del próximo septiembre, y un nuevo álbum con canciones inéditas.
La palabra puta es probablemente el insulto más lanzado contra las mujeres y ha sido así por siglos. Esta idea defiende Dominique Lagorgette, catedrática francesa de Lingüística en la Universidad de Saboya Mont Blanc, en Borgoña. Desde hace más de dos décadas, la filóloga de 58 años investiga la evolución del francés desde la Edad Media hasta la actualidad, con un interés particular por la violencia verbal.

Valentín Roma (Ripollet, 56 años) sigue construyendo una obra literaria fascinante con la publicación de Los trillizos (Periférica, 2026), que sigue a novelas en la misma editorial como El enfermero de Lenin (2017), Retrato del futbolista adolescente (2019) y El capitalista simbólico (2022). Un cuadro sobre las contradicciones, el desclasamiento, el resentimiento y ciertas enfermedades sociales modernas que Roma somete, con un finísimo y atravesado humor. El punto de partida de Los trillizos es un hombre que pasa la tarde con los hijos de su nueva pareja, trillizos. Sentado en un parque sin querer interactuar con el resto de padres, apunta: “La familia es una cédula opresiva”.

La revolución que estalló hace una década en la aldea de Trasanquelos ya tiene su guillotina. Ha pasado ese tiempo desde que una extraña pareja alborotó este enclave de 70 habitantes en el municipio de Oza Cesuras, a 30 kilómetros de A Coruña. Él, un renombrado e irreverente artista llamado Carlos Pazos. Ella, Montse Cuchillo, una profesora de Derecho Administrativo entregada a la agitación cultural.
El diplomático español Pedro Serrano de Haro Soriano (Madrid, 64 años) ha ocupado durante casi cinco años un puesto privilegiado para entender la relación entre Londres y Bruselas, pero también la relevancia que tienen en el mundo las instituciones comunitarias para las que trabaja. Como embajador de la UE en el Reino Unido, la segunda persona que ocupa ese cargo tras el Brexit, ha vivido el periodo más dulce de esta nueva era: aquel en el que el Gobierno británico y la Comisión Europea se han esforzado por dejar atrás años de disputas amargas y han reiniciado una relación que se sabe imprescindible desde las dos orillas.
Durante el Día de la Primera República de Armenia, el 28 de mayo, el ejército armenio exhibió músculo y utilizó el desfile en la Plaza de la República de Ereván para enviar un mensaje claro: el país está cambiando de modelo militar. Sistemas de defensa aérea indios, radares franceses, obuses autopropulsados occidentales, drones chinos, material iraní, vehículos blindados europeos y plataformas fabricadas en Armenia desfilaron ante el primer ministro, Nikol Pashinián, como muestra visible de una transformación que va mucho más allá de una compra de armamento.
Cuando Tazeeb Tazeeb llegó a Italia en 2021 tras huir de Pakistán —donde había sido amenazado por su trabajo de periodista— y atravesar a pie la ruta balcánica, pensó que había dejado atrás los problemas. Encontró trabajo en el campo, en la región del Véneto, junto a otros compatriotas, y aceptó un contrato que apenas entendía. “Aquí pone que tienes que hacer lo que yo diga”, le repetía el capataz que había ejercido de intermediario para conseguirle el empleo. Aquella fue la primera señal de alarma.
