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Con su permiso, esta vez esta columna será muy personal. Es una decisión que viene dada por la gravedad del momento. Sospecho que la mayoría de la población mundial no se da cuenta de lo que sucede en Brasil, ni de cómo afecta a la vida del planeta. El próximo domingo 25 de octubre tendrá lugar la segunda vuelta de las elecciones brasileñas. Se decidirá en las urnas si Luiz Inácio Lula da Silva será reelegido o si el bolsonarismo, un proyecto de extrema derecha encarnado por la familia Bolsonaro, volverá a instalarse en el poder. Esta vez el proyecto fascista está representado por Flávio Bolsonaro, el hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, hoy preso por intento de golpe de Estado. No son unas elecciones normales y quien las trate como si lo que estuviera sobre la mesa fueran dos proyectos compatibles con la democracia está desinformando a los lectores. No hay neutralidad posible cuando lo que está en juego es la propia democracia, la supervivencia de la Amazonia y la vida de muchos.
La moda masculina parece haber abandonado el canon de previsibilidad, uniformidad y —para qué negarlo− aburrimiento en el que se ha movido en las últimas décadas. La innovación está realizando un viaje palpable de las pasarelas sofisticadas y transgresoras a los espacios públicos. Pero cabe preguntarse si se trata de un movimiento con visos de futuro o de una irrupción de la extravagancia.
La impresión del desastre es la misma que dos años atrás: el barro que lo cubre todo, las puertas desvencijadas, los muebles amontonados en la calle, las excavadoras y los camiones cargados de residuos y mucha gente con cepillos, fregonas, escobones, cubos o mangueras. La imagen del pequeño municipio alicantino de Els Poblets apenas se distingue de la de cualquiera de los pueblos que fueron pasto de la dana del 29 de octubre de 2024, que se cobró la vida de 233 personas en la provincia de Valencia. La sensación de déjà vu es inevitable, pero con una diferencia insoslayable: la magnitud de la tragedia.
La cuota de la nueva tasa de basuras ha vuelto a encarecerse en 2026 tras su polémico —y costoso— debut el año pasado. El importe promedio ponderado a desembolsar por los hogares alcanza los 119,6 euros, una subida del 6,4% con respecto al pasado ejercicio, superior a la inflación del periodo. Sin embargo, no ha sido suficiente para que el servicio deje de ser deficitario. También se mantiene una elevada heterogeneidad entre ciudades: hay una diferencia de más de 250 euros entre la capital de provincia con la tasa más cara, Valencia (292,48 euros), y la más barata, Soria (42,31), según el informe Las Tasas de Residuos en España 2026 que publica este miércoles la Fundación ENT, especializada en la investigación y el diseño de políticas públicas relacionadas con el medio ambiente y referente en la materia.
Hace años, cuando la gente preguntaba a Geoffrey Hinton por qué trabajaba con la inteligencia artificial, él repetía una frase de Oppenheimer, uno de los creadores de la bomba atómica: “Cuando ves algo grandioso, sigues adelante y lo llevas a cabo”. Ya no lo dice. Ahora se dedica a alertar sobre los peligros de continuar la carrera que él mismo empezó. Confiesa que, en parte, se arrepiente del trabajo al que ha dedicado una vida. Su reconversión de padrino de la IA a profeta de la catástrofe marcó un punto de inflexión en la industria. Sucedió en 2023, cuando abandonó su puesto como vicepresidente de Google entre advertencias funestas. Entonces, algunos vieron su reacción exagerada. Tres años después, muchos han seguido sus pasos.
Manuel Merino, de 33 años, llevaba mucho tiempo acariciando el sueño de una vivienda para poder emanciparse. Pero cuando, por fin, resultó agraciado en el sorteo realizado entre los muchos aspirantes a una Vivienda de Protección Oficial (VPO) en Jaén, el sueño se transformó en pesadilla: “Creía que el precio era una broma”, dice el joven jienense, al que pedían 350.000 euros más gastos de gestión por un piso de apenas 90 metros cuadrados.

En 2019, las obras de ampliación de un colegio en Tudela (Navarra) destaparon la existencia de un cementerio medieval. Gracias a que las obras se pararon y a que avisaron a un equipo arqueológico, se pudieron identificar más de 400 tumbas, y averiguar —por la posición de los rostros y de los cuerpos— que se trataba de una de las mayores necrópolis musulmanas de la España cristiana, entre los siglos XI y XIV. Ahora, el análisis de los compuestos químicos acumulados en los huesos ha permitido hacer el mayor estudio en su clase sobre una minoría en la España medieval: los musulmanes de Tudela, que componían la mayor morería de Navarra y una de las mayores del norte de España.

Jon Savage (Londres, 73 años) es un referente musical absoluto. Este periodista, crítico y escritor es una figura clave en la historia del punk británico (y global) como demuestra su libro England´s Dreaming, sobre los Sex Pistols, pioneros de ese sonido. Savage también es gay. Y en su último e imponente libro, El público secreto. Cómo los artistas LGTBQ dieron forma a la cultura popular (1955-1979), traducido al español por Tito Pintado para la editorial Liburuak, ha ensamblado su conocimiento musical con su propia identidad, con la realidad LGTBIQ+, con la lucha por los derechos. “Este libro lleva rondando mi cabeza décadas”, afirma el autor en una conversación por videoconferencia, “pero cuando uno envejece, quiere dejar cosas hechas”.
En los últimos días, Mercedes Zarzalejo, consejera de Educación de la Comunidad de Madrid, ha cuestionado la legitimidad de las protestas de los docentes de la educación pública madrileña que hemos ejercido nuestro derecho a la huelga. Considera que hacemos política. Vengo, de algún modo, a darle la razón. Sí, nuestra huelga es política. Pero no, no es la política que ella practica e imagina: es mucho más.

La leve (muy leve) mejoría que Rodalies logró en agosto se ha esfumado nada más comenzar el curso. Los datos de septiembre publicados en el portal de transparencia de Renfe vuelven a situar a la red ferroviaria catalana como una de las más impuntuales. Solo el 49,2% de los trenes cumplió el horario de llegada a las estaciones, frente al 52,9% del mes anterior. Los convoyes que llegaron tarde acumularon una demora media de 20,4 minutos, frente a los 18,9 minutos de agosto. Averías, robos de cable, limitaciones de velocidad y todo tipo de incidencias continúan castigando una red que perpetúa una crisis iniciada tras el accidente ferroviario de Gelida del pasado 20 de enero.