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No hay grandes epifanías, ni momentos asombrosos. No son conciertos que pasmen ni que marquen un antes y un después en la vida de quien los escucha, de los que sale bajo los efectos de una conmoción. Suzanne Vega es como la vida misma, una pequeña colección de acontecimientos que gana peso en su conjunto, viviéndose sin grandes aspavientos, sin alharacas, casi sin ruido. En un momento en el que parece que la música es estrépito mediante ventas descomunales, suma de conciertos enormes, grandes montajes y giras sin fin, esta artista que ya vivió la explosión de la fama de jovencita es ahora esa hermana mayor que cuenta sus historias agridulces siempre con dulzura, y que como todo espectáculo se pone un sombrero de copa al iniciar y acabar con su ristra de relatos. Es como salir de casa para estar en casa fuera de ella.
Que Mercedes iba a estar por delante en el arranque del Mundial de Fórmula 1 era una sensación que empezó a calar en el paddock del campeonato mucho antes de que los monoplazas diseñados en base a los parámetros del nuevo reglamento pisaran la pista por primera vez. Los primeros tres grandes premios de la temporada han dado una medida aproximada de cuál es la dimensión de esa ventaja, aunque no es fácil saber si el coche de la marca de la estrella ha mostrado ya todo su potencial, o si circula a medio gas y se reserva más madera para más adelante en caso de que la competencia empiece a apretar. Al margen de la gresca de las primeras vueltas, potenciada por la naturaleza de la nueva normativa, el estreno en Melbourne y el paso por China ya dejaron clara la superioridad de las Flechas de Plata. Por distintos motivos, la tercera cita, en Suzuka, no ayudó demasiado a acotar la magnitud de esa superioridad. Por la torpeza de Kimi Antonelli, que se quedó clavado en la salida y con los neumáticos quemando goma —pasó de la pole a la sexta posición—. Y por la mala suerte de George Russell, su compañero, a quien la aparición del coche de seguridad en la vuelta 22, por el accidente de Oliver Bearman, hundió en la miseria cuando lo tenía todo de cara para llevarse la carrera. Ese mismo safety multiplicó las opciones de Antonelli, que ganó 12 segundos y dos plazas en el cambio de gomas. Una maniobra clave que le sirvió en bandeja al italiano su segundo triunfo en el Mundial, y le convirtió en el líder más joven de la historia.





