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Su empresa es un llamado unicornio, una de las start-ups más exitosas de Europa. Mette Lykke (Ringkøbing, Dinamarca, 45 años) dirige Too Good To Go, la plataforma que conecta restaurantes y supermercados con consumidores dispuestos a rescatar sus excedentes a precio reducido. Es la de mayor alcance en su categoría: opera en 21 países, tiene 130 millones de usuarios y cuenta con más de 500 millones de comidas salvadas. Lykke considera el despilfarro la gran anomalía de nuestro tiempo: se desperdicia el 40% de los alimentos producidos y ese derroche genera el 10% de las emisiones globales. Lo explica en la sede de su empresa, en Copenhague, satisfecha con la nueva ley contra el desperdicio que entra en vigor este viernes en España.
Uno de los capítulos más memorables de Sexo en Nueva York es ese en el que Jack Berger, pareja de Carrie Bradshaw durante algunos episodios de la temporada sexta de la serie, deja a la escritora y columnista mediante un post it en el que pone: “Lo siento. No puedo. No me odies”. Han pasado 23 años de ese episodio, pero lamentablemente, la cobardía de algunos sigue vigente. Lo que sí han cambiado son los medios para romper y en la era digital, cada vez son más quienes optan por hacerlo por WhatsApp. Es el caso de Carlos Pollán, candidato de Vox a la presidencia de la Junta de Castilla y León, que tras ocho años de relación, dejó a su novia, la estilista y consultora de moda Cristina Escudero, mediante el popular sistema de mensajería. Por su parte Esther Doña, viuda de Carlos Falcó, contó en su paso por el programa de Antena 3 Y ahora Sonsoles qué ponía en el WhatsApp con el que el juez Santiago Pedraz la dejó. “Nuestra relación es imposible, hablamos algún día, cuídate y besos”. Auch.
En el selecto distrito 15 de París, entre la Torre Eiffel, los jardines del Trocadero y la Escuela Militar, se encuentra el que sin lugar a dudas es uno de los rincones más singulares y fascinantes del deporte europeo y puede que mundial: el Tennis de la Cavalerie. Se accede por medio de un ascensor desde los bajos de un distinguido edificio art déco ubicado en el 6-8 de la calle de la Cavalerie, pulsando el piso T. “T” de tenis, claro.
Para algunos, el acuerdo que Tupac Shakur (Nueva York, EE UU, fallecido a los 25 años en 1996) firmó con la discográfica Death Row Records representó su sentencia de muerte. Para el rapero, suponía la libertad. Shakur llevaba ocho meses en la cárcel, culpable de abusar sexualmente de una mujer entre él y otros hombres. El 12 de octubre de 1995, el artista conocido como 2Pac salió de prisión después de que el jefe de la discográfica pagara una fianza de casi un millón y medio de dólares, con el compromiso de grabar tres discos para el sello. Al día siguiente, se puso manos a la obra y acudió al estudio para iniciar las sesiones de su trabajo más ambicioso: All Eyez On Me, álbum doble de 27 cortes y más de dos horas de duración. Publicado en febrero de 1996, hace treinta años, obtuvo críticas excelentes y sigue siendo el disco más vendido de su carrera, considerado uno de los mejores de la historia del género.

Playmóbil para recrear procesiones; calcetines con imágenes de tallas de pasos; cromos para completar álbumes de hermandades; camisetas con llamadas de capataces a la cuadrilla de costaleros; equipaciones de fútbol de cofradías y bandas de música; juegos cofrades como el Trivial, el Quién es Quien, el Party o el Uno… La Semana Santa andaluza atraviesa un fenómeno de desacralización que, de la mano de las redes sociales, ha convertido lo cofrade en un fenómeno mainstream, como una respuesta lógica a las demandas de la generación Milenial -o generación del mollete, en palabras del politólogo Jesús Jurado-, que vive las tradiciones de una manera natural y que reivindica esta festividad, los Carnavales, el Rocío o la receta del puchero como una forma de cohesión social absolutamente desacomplejada y vacía de prejuicios, que se ha afianzado y extendido gracias a las redes sociales.



Es gigante de veras Josep Maria Pou, el actor. Y hace ahora de Gigante, el personaje de Roald Dahl, en el teatro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ya lo hizo en Barcelona, en catalán. Mark Rosenblatt es el autor de la obra. Pou (nacido en Mollet del Vallés, Barcelona, en 1944) se enamoró de ese libreto y lo ha puesto como un estandarte que representa, ahora mismo, el drama mayor del mundo: la guerra. La de Gaza y, en realidad, todas.


De lejos sobresalen sus rastas grises, que podrían parecer canas, pero no lo son: Chukwuka Ekweani, más conocido como CKay, apenas tiene 30 años. La música de este compositor, productor e intérprete nacido en Kaduna (Nigeria) suena a más no poder entre los jóvenes del continente y la diáspora del mundo. Ha estado recientemente en el Top 30 mundial de Spotify. Cuenta con alrededor de 2,7 millones de seguidores en TikTok y de 1,5 millones en Instagram y acumula más de 2.000 millones de reproducciones en todas las plataformas musicales. La estrella del sello discográfico Warner Music South Africa, que se hizo popular con Love Nwantiti, que el pasado diciembre logró alcanzar los mil millones de reproducciones en Spotify, se encuentra ahora en plena presentación de su segundo álbum, CK The Second.
Cuando Charlotte Brontë publicó Jane Eyre en 1847, las escritoras británicas no tenían libertad para escribir. Cuando Sandra Gilbert y Susan Gubar escribieron La loca del desván, inspirada en el personaje de Bertha Mason de la novela de Brontë, se vivía en el mundo la segunda ola feminista. Era 1979. Hoy, casi 50 años después, la editorial Espinas ha reeditado el ensayo, considerado la primera crítica literaria feminista: una concatenación de mujeres recuperando el trabajo de sus predecesoras.

Antonio Rivero Taravillo dedicó los últimos años de su vida a una obra que lograría culminar ya muy enfermo y que por apenas unos días no llegó a ver impresa. Es esta biografía: Álvaro Cunqueiro, sueño y leyenda. Y dice mucho de la elegancia intelectual del biógrafo que, consciente de que este iba a ser su último empeño, se resistiera aun así a dejar en el libro la menor pista de que, por decirlo como lo dijo Cervantes en un trance semejante, tenía ya un pie en el estribo. Ha sido una desdicha múltiple perder a Rivero Taravillo: al hombre recto y bueno, al amante —como tan pocos— de los libros y sus alrededores, al traductor, al escritor que podía aún haber escrito tantos años. Dentro de la desdicha tenemos, sin embargo, el alivio de saber que pudo completar un ciclo de vidas —con las de Cernuda y Cirlot— que constituye uno de los trabajos de amor de las letras españolas de nuestros días. Y de comprobar que la propia biografía de Cunqueiro le hace la justicia de incardinarlo “en el conjunto de las literaturas española y universal”. Por ese propósito empuña Rivero la pluma, consciente de que nada hace más grande a un escritor que ser reconocido como grande por sus pares. Si toda biografía tiene algo de homenaje, la voluntad confesa en Alvaro Cunqueiro, sueño y leyenda es dotar al escritor gallego de un empaque que lo lleve desde los márgenes —heterodoxos, exóticos, prestigiosos, pero márgenes— a la centralidad de nuestra historia literaria.

En los últimos años, distintos organismos y profesionales han advertido del riesgo de balonmanización que pesa sobre el fútbol femenino en España. El Barcelona va a levantar esta temporada su decimosexto título seguido en la Liga Asobal. Los azulgranas no pierden una competición nacional desde la Copa del Rey de 2013. Esa hegemonía tan absolutista recuerda a lo que se ve desde el principio de esta década en la Liga F, la Copa de la Reina y la Supercopa, donde el Barça de Alexia Putellas y Aitana Bonmatí manda con puño de hierro, sin apenas oposición. El equipo dirigido por Pere Romeu tumbó el domingo por vigésima tercera vez al Madrid y dejó el torneo liguero visto para sentencia. Son ya 13 puntos los que saca el líder a su perseguidor con seis jornadas todavía por disputarse, una distancia irrecuperable que pone de nuevo en el foco la falta de competitividad de un campeonato que el Barcelona alzará en breve por séptima ocasión consecutiva.