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Los centros de datos se han convertido en una infraestructura fundamental de la economía del siglo XXI al dar soporte al uso creciente del almacenamiento en la nube, el comercio electrónico, las redes sociales, los servicios de streaming y, muy especialmente, la inteligencia artificial. Su funcionamiento requiere de enormes cantidades de electricidad, agua y materias primas, que exigen que su desarrollo vaya acompañado de planes de eficiencia ambiental. La Unión Europea prevé triplicar la capacidad de sus centros de datos en un plazo de cinco a siete años para abrirse paso en la carrera global por la IA. Ese proceso no se está haciendo con la transparencia exigible a cualquier gran inversión en democracia.

En 1853 el francés Joseph Arthur de Gobineau publicó Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, el pilar intelectual del racismo moderno. En la primera frase de su libro dijo que “la caída de la civilización es el más destacado y, al mismo tiempo, el objeto más oscuro de todos los fenómenos históricos”. Él iba a explicarlo. Gobineau afirmó que la mezcla de razas había dado lugar a la degeneración inexorable de Occidente, uno de cuyos ejemplos más evidentes era la raza mediterránea; los germanos, por el contrario, se habían mantenido puros. Al ligar razas y civilizaciones, este autor dio un nuevo y terrible impulso a un tema con una trayectoria muy larga.
La democracia española supuso una toma de conciencia del valor decisivo de una justicia independiente. La decisión sobre los delitos y las penas no puede someterse a los intereses de un Gobierno con la cárcel a su servicio. Pero la democracia, cuando se pone delante del espejo, necesita mirarse a los ojos, comprender el carácter y el tiempo de sus arrugas. La justicia no sólo debe ser independiente de un Gobierno, sino de todos los intereses que viven y reviven en una sociedad. Hay jueces que son muy dependientes de los que necesitan atacar al Gobierno para establecer un orden distinto. Así que no se trata sólo de asegurar una justicia independiente del Gobierno, sino de asegurarse de que una administración judicial no juegue con las leyes, los procedimientos y los tiempos según la vanidad, la falta de ética o las dependencias de un juez. Más que con las dependencias del Gobierno, los problemas de la justicia española tienen que ver con un poder judicial que se ha demostrado incapaz de vigilar la ética de algunos de sus jueces.
La furia en redes sociales por el sacrificio de 10.000 perros entre 2019 y 2024 en una ciudad del Estado de México, Tecámac, ha logrado colarse en la rueda de prensa diaria de la presidenta del país, ha motivado la apertura de una investigación por parte de la Fiscalía por maltrato animal y ha puesto a una senadora del partido del Gobierno, Mariela Gutiérrez Escalante, ante una acusación que se castiga con hasta seis años de prisión. Mataperros es lo más suave que le han llamado en redes.
Vox es hoy un partido debilitado, lo que no quiere decir que sea un partido amortizado. La derrota de Viktor Orbán y los excesos de Donald Trump han situado a los de Santiago Abascal en un encaje internacional cada vez más incómodo. Mientras en Italia Giorgia Meloni ha sabido reaccionar ante los insultos de Trump al papa León XIV, en Vox la brújula se desimanta. A ello se suma un malestar interno cada vez menos disimulado y voces de algunos ex de prestigio como Iván Espinosa de los Monteros empiezan a impugnar, abiertamente, el rumbo del partido.
Héctor Gómez, 17 años, alto, delgado, 1,80 metros, viste una camiseta del equipo de fútbol del Paris Saint-Germain (más por imagen que por convicción). Tiene el pelo negro, con un corte que semeja al que llevaba hace tiempo el delantero del Barcelona Lamine Yamal; a su lado, descansa una mochila oscura de una marca que fue una diosa en la mitología. Es un gran estudiante, llegará a la EBAU —del 1 al 4 de junio— con una media de nueve sobre 10. Quiere ser ingeniero industrial P.A.R.S —grado de corte en la Universidad Politécnica de Madrid 2025/2026: 13,525, está vinculado con el máster—. Se ha formado en el colegio privado madrileño Ramón y Cajal. Desde luego, maneja la física básica. El tiempo es la relación entre la distancia y la velocidad. Quizá esa variable es la más importante para miles de chicos que se examinan en pocas semanas de la Selectividad (oficialmente, Prueba de Acceso a la Universidad, PAU) que quieren obtener el mayor partido al tic-tac del reloj. ¿Cómo hacerlo? Alumnos, profesores, neurocientíficos, psicólogos, expertos relatan la forma de apurar con éxito esas horas cada vez más finitas.
La Audiencia Provincial de A Coruña juzga estos días el caso de quien podría ser el afortunado con menos suerte del mundo. Se trata de un vecino del barrio coruñés de Monte Alto que selló en 2012 una Primitiva bendecida con 4,5 millones y nunca lo supo. Murió apenas dos años después de que aquel boleto se quedase en la administración de loterías del centro de la ciudad a la que acudió para comprobar si le había tocado algo. El tribunal deberá decidir si condena al lotero de ese establecimiento, Manuel Reija, por estafar a su cliente y apropiarse del resguardo para luego cobrar el premio. Con él se sienta en el banquillo su hermano Miguel, acusado de ayudarlo en el engaño aprovechando su cargo de delegado de Loterías del Estado en A Coruña y las brechas de un sistema que él conocía bien.
Isabel Díaz Ayuso lo gritó a los cuatro vientos y José Luis Martínez-Almeida lo hizo en silencio. El pasado octubre, el Gobierno central declaró como lugares de memoria democrática tres sitios en Madrid: la Real Casa de Correos, escenario de torturas en la dictadura; la tapia de los fusilamientos del cementerio de La Almudena, donde fueron ejecutadas por el régimen franquista miles de personas, entre ellas, las Trece Rosas; y la cárcel de Carabanchel. La presidenta de la Comunidad se opuso desde el primer momento y con severidad a que se señale con una placa el pasado del edificio de la sede de la Presidencia Autonómica ―recurrió a la Audiencia Nacional el reconocimiento―, lo que ha provocado numerosos choques con el Ejecutivo. Mientras, el Consistorio siguió la estela de Ayuso con el camposanto madrileño, pero sin que nadie se enterase y sin revuelo político.


Laia Bonet (Valls, 54 años) es la primera teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona. La mano derecha del alcalde Jaume Collboni es la responsable de las políticas de ecología, urbanismo y movilidad.