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Por primera vez en democracia, el principal partido de la derecha negocia con la extrema derecha antes de que los ciudadanos hayan votado. Y lo hace a la vista de todos, discutiendo provincia por provincia dónde conviene que uno de los dos se retire para no estorbar al otro. Cabría esperar que dos partidos que aspiran a gobernar juntos empezaran por ponerse de acuerdo en algo que cambie la vida de los ciudadanos, por ejemplo, una política de vivienda o una reforma fiscal. Pero resulta que el primer proyecto común que se proponen, sin que Feijóo se moleste en disimular, es alcanzar en el Senado la mayoría que les permita renovar el Constitucional sin contar con nadie más. Lo que cohesiona este bloque, pues, es la voluntad de hacerse con los contrapoderes, un patrón que hemos visto en las democracias que se han deslizado hacia el iliberalismo. Y no hace falta exagerar ni hablar de Hungría para señalar que el orden de prioridades es revelador. La Constitución exige una mayoría de tres quintos para que las Cámaras propongan a los magistrados del Constitucional. La razón es bastante sencilla, aunque hoy pueda parecer ingenua: que la mayoría que aprueba las leyes no pueda elegir por sí sola a quienes tienen el poder de anularlas. En diciembre del año pasado venció el mandato de cuatro magistrados cuya renovación corresponde al Senado, dos del sector progresista y dos del conservador, y lo que habría correspondido, como es costumbre, era un acuerdo por el que los dos grandes partidos pactaran los cuatro nombres, de manera que el tribunal conservara su equilibrio. El PP, que no habría cedido un solo puesto, ha preferido usar su mayoría en el Senado una y otra vez para ampliar el plazo de las candidaturas, y hoy se entiende mejor por qué. Si la derecha alcanza los tres quintos el 29 de noviembre, podrá nombrar a los cuatro.
Haga usted memoria. Piense en todas las películas o series que ha visto en su vida en las que aparecían prostitutas. Tal vez no reparó demasiado porque las prostitutas aparecían como un elemento más de la decoración de un club en el que los hombres hablaban de sus negocios o sus crímenes, que era el asunto crucial de la trama. Lo más habitual en esa lista que usted está haciendo es que las historias le vengan a la memoria asociadas a directores varones, porque los retratistas del mundo prostibulario han sido ellos. Prostitutas en comedias, analfabetas y graciosas, prostitutas que no cobran si se encuentran con un follador prodigioso, prostitutas que aparecen en fichas policiales, prostitutas que salen de una tarta, que se contonean en una barra, que se meten billetes entre las tetas, que son asesinadas junto al gobernador de turno, prostitutas de buen corazón, prostitutas que hacen su servicio junto a la cuna del bebé. Qué poco se nos contaba de ellas. Qué poco sabemos aun encabezando el ranking de más puteros de Europa. ¡Y el tercero a escala mundial!

1. En el aeropuerto internacional José Martí de La Habana hay una línea aérea con destino a otros países cuya fila tiene una reveladora peculiaridad: entre los pasajeros que se disponen a chequear, siempre hay varias familias que incluyen niños. Todos los días. Durante muchos días. Un empleado de esa aerolínea me ha dicho: cada semana se va un aula escolar. Cada dos meses sale del país una escuela, concluye. El dato, absolutamente empírico es, sin embargo, tan real que provoca, cuando menos, preocupación. La nación pierde así parte de su futuro y esa es una coyuntura que provocará muchas consecuencias.

Mientras José María Aznar (FAES) alerta del fin de la monarquía si Pedro Sánchez mantiene el poder, Iván Espinosa de los Monteros (Atenea) pide votar en la urna para evitar el sospechoso sufragio por correo. Mientras Jaime Mayor Oreja (NEOS) llama a la movilización electoral masiva, Ignacio Arsuaga (Hazte Oír) intenta colocar el aborto en la agenda. Mientras los propagandistas católicos reclaman una política de inspiración cristiana, un laboratorio de ideas alineado con Javier Milei difunde informes para rebatir que la economía vaya tan bien como dice el Gobierno.


Hubo un tiempo en el que Isabel Preysler logró que el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo se enfrentaran. Y no fue la única. Los Albertos, Alberto Cortina y Alberto Alcocer —financieros, primos, casados ambos con las hermanas Koplowitz, empresarias españolas—, también propiciaron durísimos reproches entre ambos órganos. Hubo un tiempo, incluso, en el que el Supremo condenó a los magistrados del Constitucional a pagar una indemnización a un abogado. Cada miembro del tribunal tuvo que abonar 500 euros.
Las comparaciones, se dice, son odiosas. Pero cuando el sábado 26 de septiembre una treintena de personas decidió plantar una treintena de tiendas de campaña en la Puerta del Sol para protestar por la vivienda, los recuerdos del 15-M, del campamento de los indignados que hace 15 años ocupó también el kilómetro cero de la capital, fueron inevitables. Hay quienes participaron la primera vez y se sumaron a esta segunda ―impulsada por el Sindicato de Inquilinas― con el “por fin” en la cabeza. Así lo contaron los primeros días, en los que no pararon de llegar tiendas. En una semana ya eran más de 1.200. La ciudad de Sol quedó constituida y ya ha superado en duración a la de 2011. Entonces, los manifestantes estuvieron 28 días asentados frente a la sede de la presidencia madrileña, y este domingo, la acampada motivada por el desahucio de Maricarmen Abascal ha cumplido su noche número 29. Por ahora, no hay fecha de retirada.
2016 fue un año clave en lo que llevamos de siglo. En junio, los británicos decidieron en referéndum que el Reino Unido saldría de la UE. En noviembre, los estadounidenses eligieron como presidente a Donald Trump, considerado una broma de mal gusto tanto por los demócratas como por los republicanos de solera. Ambos acontecimientos fueron el inicio de una ola de extrema derecha que azota fuerte al mundo una década después. Y a ambos contribuyó, quién sabe si de forma decisiva, una pequeña consultora política londinense: Cambridge Analytica. La empresa recopiló datos de 87 millones de usuarios de Facebook sin su consentimiento, y con ellos elaboró propaganda política personalizada para impulsar las campañas de Trump y del Brexit, entre otras.

“No estamos pidiendo que se prohíba a los adultos comer en un McDonald’s. Preguntamos si es adecuado instalar una macrohamburguesería de estas características frente a un colegio con 2.200 alumnos”. Esta es la queja que un grupo de vecinos del centro de San Sebastián y padres de alumnos del Colegio Aldapeta María han planteado contra la próxima apertura de un establecimiento de la citada multinacional de comida rápida a escasos metros del mayor centro educativo de Gipuzkoa. “Entre todos tenemos que hacer algo para impedirlo. Está en juego la salud de nuestros menores”, afirma Ramón, vecino de la calle Lizarra, donde se ubicará el citado restaurante.

Tino, su hermano Ricardo y el sobrino de ambos siguen sin creerse que Manuel Moreno esté muerto. Los hermanos visten de riguroso negro. “Hasta que pase el dolor”, responden cuando se les pregunta hasta cuándo mantendrán el luto. Manuel, de 49 años, fue asesinado presuntamente por su compañero de celda, Ismael Boutaleb, el pasado 17 de septiembre. Según la investigación, le propinó una paliza. Fue hallado con una sábana alrededor del cuello. “Le dejó una cara…”, se lamenta Tino, tocándose a sí mismo el rostro. “No me quito de la cabeza que se podría haber evitado”, añade el hombre, de 39 años, que aún no entiende por qué ningún funcionario intervino antes en la celda 105 del módulo de sancionados de la cárcel de Quatre Camins, donde un preso de al lado declaró que escuchó a Manuel gritar y golpes durante una hora. “El culpable es él, que lo pague. Pero también la cárcel, y la Generalitat. Que acepten que se han equivocado”, se queja.


Es una reunión de coordinación de equipos, como cualquier otra en una empresa en España. De repente, alguien encarga 10 kilos de melocotones “que queden bonitos en cámara” y otros preguntan si las algarrobas se pondrán pochas en el armario antes de emitir su reportaje. Por muy atípico que suene, algo así pasa cada semana en la reunión de atrezzo de Aquí la Tierra. Y quizás esa particularidad es por la que se ha erigido en el segundo programa más visto de TVE, uno que desde su estreno hace más de 12 años casi ha doblado su audiencia media.




