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Padre de familia se estrenó el siglo pasado. Era enero de 1999, el mismo año que empezaron Los Soprano, 7 vidas o Digimon. Pero, a diferencia del resto y como también sigue haciéndolo Mariska Hargitay en Ley y orden: Unidad de víctimas especiales, los Griffin han seguido apareciendo casi ininterrumpidamente en los televisores de todo el mundo desde entonces. La serie no solo ha sobrevivido a una cancelación, sino que ha superado cualquier mal de la televisión tradicional y ha triunfado y crecido en la era de las plataformas.
A los 47 años, Silvia Navarro todavía deseaba más, pensaba que no había dicho su última palabra, pero aquí acaba su gran historia como portera de balonmano. Se marcha, por decisiones ajenas a su voluntad, la última jugadora que aún permanece en activo de la inolvidable generación de las Guerreras. “Me retiro, es una despedida forzada. Quería jugar un año más, pero las circunstancias no lo han permitido. Yo no quería este final. Quería seguir un año más y decir adiós”, afirma concisa y midiendo mucho las palabras a través de una videollamada con este periódico. De momento, hasta aquí llegan sus explicaciones sobre la despedida, aunque anuncia que, cuando acabe la temporada con su todavía equipo, el Rocasa Gran Canaria (este sábado perdió 24-19 en la ida de los cuartos contra el AtticGo Elche), dará una rueda de prensa donde ofrecerá más detalles. Ella asegura que se encuentra en perfecto estado de salud.
Carlos Alcaraz no estará en Madrid, no estará en Roma ni estará en París, en principio. O quizá sí, porque el acceso a las capitales europeas de momento no se le va a prohibir, pero no jugará los torneos de la temporada de tierra. Por una lesión cruel: se habla de tenosinovitis e incluso de la posibilidad de afectación del fibrocartílago. Todo ello en la muñeca, que es la articulación prodigiosa del juego de Alcaraz, su varita mágica.
Cada temporada es una nueva página en la gran enciclopedia del baloncesto europeo. Cada curso deja vencedores y vencidos. Equipos que superan las expectativas y otros que no las cumplen. Héroes inesperados, estrellas que deslumbran, un viaje por todo el continente con destino a la cumbre. La gran competición europea en el mundo de la canasta, la Euroliga, es cada año un apasionante y largo camino que desemboca en la gloria para los elegidos. Y que permite coleccionar un puñado de grandes historias que, contadas por quienes fueron sus protagonistas y las vivieron en primera persona, son una pequeña joya. Eso es Historias inolvidables de 25 Euroligas (La esfera de los libros), la obra en la que Sergio Vegas y Natxo Mendaza dan forma a una idea que sobrevoló durante un programa de radio y que plasman después de un cuidadoso trabajo de entrevistas a algunos de los mejores actores de esta película.

Las comidas solían tener una estructura argumental, como una historia en tres actos que se desarrollaba sobre el mantel. Primero, segundo y postre. La dieta mediterránea se erigió sobre esta premisa; la gastronomía ganó en variedad con esta separación. Empezó como una moda, pero fue adquiriendo con los siglos el peso de la costumbre, hasta codificarse en el legado cultural. Sus orígenes se remontan a la España del siglo IX, pero después de más de un milenio como paradigma gastronómico, algo se empezó a quebrar en los últimos años. El menú de tres platos está muriendo. Los motivos son evidentes e irrevocables.
La Tertulia abrió sus puertas en Granada el 19 de abril de 1980. Nació como un bar —de copas, no de comida; el clásico pub de hace años—, pero sobre todo, como un espacio cultural. Un proyecto que venía soñado desde Suecia, donde su propietario, Horacio Tato Rébora, vivió un tiempo. Tato había llegado a Madrid desde Argentina huyendo de la dictadura del país americano en 1976. Estuvo unos meses, viajó por España, y se fue a Suecia, de donde volvió un par de años después. El éxito cultural fue inmediato y sigue hasta hoy; el negocio, el de la cervezas y licores de más rango, aguantó unas décadas, dando al empresario lo comido por lo servido pero en los últimos años ya no alcanza ni eso. Por ello, el 30 de mayo, La Tertulia, el lugar donde ha bebido y reído toda la intelectualidad que ha pisado la ciudad, echará la persiana 46 años después de aquel 19 de abril del 80.





El Congreso de los Diputados ha puesto a disposición pública la veintena de documentos relacionados con el golpe del 23 de febrero de 1981 que guardaba en sus archivos y que estaban catalogados aún como secretos a pesar de que su contenido ya había sido difundido por la prensa hace años. El Parlamento se ha sumado así a la disposición publicada el 24 de febrero de este año en el BOE tras el acuerdo del Consejo de Ministros de desclasificar todos los papeles reservados en poder de cuatro ministerios sobre la intentona golpista. Entre el material disponible, al que ha tenido acceso EL PAÍS, figura el acta del pleno secreto que se convocó en el Congreso 24 días después del intento golpista, los informes de los secretarios de aquella Mesa de la Cámara, las notas internas que reflejan la tensión entre mandos y agentes de la Policía y de la Guardia Civil, y los balances de la Intendencia con todos los gastos de la comida, bebida y tabaco que se consumieron aquellas largas horas en las que la democracia estuvo seriamente en peligro.
El juicio al que había acudido, recuerdan algunos, no debió terminar bien. Se encaró con el juez. O el juez con él, quién sabe. Soy amigo de los jugadores del Barça, le soltó al magistrado. Pero nada. O más bien, peor. Su señoría decretó su ingreso involuntario en un psiquiátrico por un supuesto cuadro psicótico. “A Sant Boi”, proclamaron en la sala, refiriéndose a la legendaria institución para acoger, fundamentalmente, a la mitad de locos de Catalunya. Pero ni Cristóbal estaba loco, ni el juez se había enterado de nada.
No debe ser fácil ser Britney Spears. Nunca ha debido serlo. Siempre hay una sonrisa en su cara, siempre parece tener ganas de bailar, siempre prevalece la dulzura, la impostada inocencia que la coronó en la música y en el universo pop hace más de 25 años. Pero ya no hay engaño. Se entrevé, al fondo, el dolor. Lejos de cerrarse, las grietas de la artista, de 44 años, son cada vez más visibles, por mucho que se esfuerce en sonreír y negar. Las dos últimas han sido evidentes, y con apenas unas semanas de diferencia. A principios de marzo, fue detenida por conducir con más alcohol en su organismo del permitido cerca de su casa de California. Apenas un mes después, la princesa del pop, ganadora del Grammy, con 150 millones de discos vendidos, ingresaba en una clínica de rehabilitación. Por su propio pie. Y sin decir una sola palabra. Las señales del dolor eran evidentes.
En septiembre de 2024, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, anunció el arranque del programa Colegios Compartidos, para que los alumnos de colegios e institutos públicos pudieran disfrutar de actividades artísticas o deportivas que se programen en otros centros escolares de la región. El proyecto, según lo anunciado, no solo facilitaba la conciliación de los progenitores. También fomentaba que se conocieran niños de barrios y municipios distintos. Y de alguna manera, democratizaba las extraescolares, al permitir el acceso a las mejores instalaciones deportivas o de música, rompiendo barreras e igualando oportunidades. Primer problema: el programa no arrancó, como se había anunciado, en el curso 2024-2025. Segundo problema: tampoco lo hizo en el 2025-2026. Tercero: ya está en el horizonte el inicio del tercer curso desde que se anunció el proyecto, y su comienzo sigue en el aire.