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El objetivo es que en Rusia ya no haya retaguardia. Así lo resumió el 27 de abril en la cadena británica BBC Robert Brodi, comandante de las Fuerzas de Sistemas no Tripulados de Ucrania. Brodi está al frente de la rama del ejército ucranio más poderosa, los drones. Sus aparatos ya golpean semanalmente objetivos alejados a más de 1.000 kilómetros de sus fronteras, sobre todo la industria petrolera y gasística de Rusia. “Con un alcance de entre 1.500 y 2.000 kilómetros dentro del territorio ruso, ya no existe para ellos una retaguardia pacífica”, dijo Brodi.
Tras años de apelaciones y recursos, la encarnizada pero incruenta guerra del foie gras acaba de concluir en Nueva York con la victoria legal de los animalistas, que se oponen al engorde forzoso de patos y ocas para agrandar su hígado, sobre los criadores de aves, defensores de la supervivencia de sus negocios. La ciudad había aprobado en 2019 prohibir la venta del grasiento manjar francés, pero sucesivos recursos de las granjas avícolas habían dilatado el proceso hasta ahora. En el ínterin, los neoyorquinos finolis, esos que cenan ostras con champán y se pirran por una buena baguette o un burdeos auténtico, apuraron con avidez la oferta del hígado graso en brasseries y bistrós, conscientes de que su disfrute podía tener los días contados.
Afra experimenta un sentimiento de alivio y de aprecio por la vida cada mañana, cuando despierta en Teherán y comprueba que el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, en vigor desde el 8 de abril, todavía se mantiene. “Gracias a Dios, la guerra no ha recomenzado”, es el primer pensamiento de esta mujer de 31 años.

La universidad privada CEU Cardenal Herrera de Valencia ha utilizado cuerpos donados de forma irregular en sus prácticas de su grado de Medicina. Las donaciones, según la ley autonómica y el propio protocolo de la institución, deben ser efectuadas por el propio donante en vida o por familiares directos. Sin embargo, al menos cinco de los cadáveres llegaron a las instalaciones del centro académico con la única firma de una enfermera o un amigo. Se trata del mismo campus que, como adelantó EL PAÍS, ha empleado con sus alumnos cuerpos con enfermedades infecciosas como la hepatitis C o la covid.

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Tituló inquietantemente Carver uno de sus relatos. Yo lo he tenido claro varias veces a lo largo de mi existencia. Su nacimiento, su plenitud, su desgaste y su finitud. Y la certidumbre de volver a sentirte como una isla. Pero con el cine ese amor perdura siempre. En mi caso, con el eterno cuelgue que me provocó una señora maravillosa llamada Michelle Pfeiffer, aunque no te la pudieras comer ni beber. Era la suprema belleza, su mirada, su sonrisa, su gestualidad, su forma de moverse, de hablar y de escuchar. Era inteligencia y sensualidad, estilo genuino y permanente, alguien con capacidad para derretir incluso a un témpano.
La acusación de complicidad con el narcotráfico formulada esta semana por la justicia de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, un senador y otros ocho políticos mexicanos asesta un golpe a la relación entre ambos países. Por su alcance político y por el momento en que se produce, supone un ataque directo a la credibilidad institucional de México y una señal inequívoca de que Washington está dispuesto a elevar el tono de su estrategia frente al crimen organizado que percibe en el país vecino.

Uno de los grandes poemas de amor de García Lorca estremece desde su mismo título: El poeta dice la verdad. Suena como un axioma general —no hay poesía que de un modo u otro no diga la verdad— y todavía más como un aviso, como la declaración personal de alguien que ha decidido prescindir de cualquier simulacro. Otro de los mejores, Percy Bysshe Shelley, escribió que los poetas son los legisladores secretos de la humanidad. Aunque parezca una afirmación excesiva, se vuelve más sobria y precisa si la conectamos con esa determinación insobornable de verdad de García Lorca, y de tantos y tantas poetas en ese trance máximo que Emily Dickinson llamó “a soul in white heat”, un alma al rojo vivo. Cuando Jorge Manrique dice “Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar / que es el morir” está enunciando una verdad tan lapidaria como una fórmula química, igual que Miguel Hernández resume un sombrío diagnóstico mental en cuatro versos de un soneto: “Sobre la pena duermo, solo y uno; / pena es mi paz y pena mi batalla, / perro que ni me deja ni se calla / siempre a su dueño fiel, pero importuno”.

Hay una serie fabulosa que estos días no solo nos entretiene, sino que nos da una hermosísima lección. Se llama Empatía y aborda la vida de una psiquiatra, su equipo y sus pacientes en un pabellón cargado de enfermedades mentales, pero sobre todo de personas con heridas, sin recursos para abordarlas, cada uno con sus ternuras y sus barbaridades. Y lo que impresiona es que no hay gran línea divisoria entre los pacientes y sus cuidadores porque todos, tanto los internos —delincuentes en muchos casos— o los profesionales que se ocupan de ellos, tienen fracturas vitales, fantasmas interiores y vulnerabilidades que les acercan. La serie lo aborda con tanto humor y respeto que llama aún más la atención en estos tiempos en que las pantallas nos devuelven salvajadas e injusticias a juego con la actualidad. Y no es en absoluto una serie ñoña, es simplemente única y extraña en este tiempo feroz.
Irene Moreno vive de alquiler en Chamberí, aunque por poco tiempo: un fondo buitre ha comprado su edificio y lo convertirá en un bloque de lujo. Está a pocas paradas de metro del Congreso, donde el martes se decidía sobre la prórroga de los alquileres con la presencia de algunos invitados, entre los que estaba Irene.