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Un grupo de editoras se reúne cada martes —ordenador en mano— para corregir una zona ciega del conocimiento digital: la ausencia y el sesgo con el que se cuenta la historia de las mujeres en Wikipedia, la plataforma cofundada hace 25 años por los estadounidenses Jimmy Wales y Larry Sanger, en una era de internet que hoy parece remota.

Orina o semen; sangre, sudor y lágrimas; flujo menstrual. Mocos, si acaso. Carla Nyman propuso a los participantes guardar alguna secreción corporal, la que fuera, en un bote medicinal, y pasar un día con ella, haciendo vida normal (si es que la vida puede ser normal). Luego, enterrar el bote en el bosque de la Casa de Campo, Madrid. Los participantes sufrieron una suerte de duelo al ver como una parte de sí era enterrada para siempre. Como un funeral parcial. La performance se llamaba Líquida, sucedió en 2022 y fue un preludio del poemario Líquida tuya y vertebrada (Letraversal, 2023). “Nada de lo que contenemos nos pertenece, somos una especie de desecho periódico”, piensa la autora.

Por encima de atesorar sobresalientes objetos decorativos del mundo, la nueva sucursal del Victoria & Albert Museum en el este de Londres, V&A East, está dedicada a la creatividad como motor de cambio. Tal vez por eso tiene dos sedes en Stratford, el antiguo barrio olímpico de la capital británica. Su director, Tim Reeve, habla de una familia de museos. Él mismo despliega un trato familiar con quienes se sientan en los escalones del V&A Storehouse, el almacén del museo de 16.000 metros cuadrados convertido en galería por la agencia Diller Scofidio + Renfro. Inaugurado el año pasado con más de 250.000 objetos expuestos, de una cocina de Fráncfort de Margarete Shütte-Lihotzky a escala real a la silla Calvet de Gaudí, tal vez sea lo más revolucionario en términos de arquitectura museística que se ha levantado este siglo. ¿Por qué? Porque mete al visitante en el almacén. A pocos metros, se inaugura ahora la otra pata de la familia, un edificio cívico que, lejos de imponer un credo cultural, parece construido para escuchar.
Los fans de The Jam no dieron crédito cuando, en octubre de 1982, Paul Weller anunció el fin del grupo. Estaban en la cresta de la ola, produciendo éxito tras éxito, lejos de cualquier atisbo de crisis creativa, más en forma que cualquier otra formación del punk del que provenían. Weller, Bruce Foxton y Rick Butler pondrían el broche final a su historia un par de meses más tarde, en un concierto de despedida en el Brighton Center, en Londres. Embutido en su traje, con su inseparable guitarra Rickenbacker, el cantante juró entonces que nunca volverían a juntarse. ¿Qué vendría después?

Observo a los escritores (o escritoras) que exhiben en las redes solo avances de sus libros —si ya salió en tal revista, si está en el top 100 (o en el 10.000) de más leídos de la semana— como a esas madres (o padres) que no saben hablar de otro tema que no sean las supuestas altas capacidades de sus hijos.
La primera derrota de la era Sonia Bermúdez ha metido a España en un atolladero para conseguir el billete directo al Mundial. El 1-0 sufrido ante Inglaterra el pasado martes en Wembley ha dejado a la selección sin margen de error para los tres partidos de la fase de clasificación que le quedan. El primero será este sábado ante Ucrania (16.00; La1) en el Nuevo Arcángel de Córdoba, y después vendrán los duelos en Palma contra las lionesses (5 de junio) y en Reikiavik frente a Islandia (9 de junio). La Roja aún depende de sí misma, pero cualquier otro resbalón la destinaría de forma irremediable a la repesca porque solo el primer puesto del grupo da acceso directo a Brasil 2027.
Alarguemos la mirada. Florentino Pérez intentó intervenir, pero cambió la rueda equivocada al prescindir de Xabi Alonso. El equipo quedó en manos de Álvaro Arbeloa y el poder en mano de los jugadores. No resultó. El entrenador perdió autoridad, los jugadores pasaron a ser sospechosos y la grada se irritó. Transición abortada desde el principio, con jugadores de clase mundial, pero que fueron perdiendo confianza.
El agua cae a plomo, con rabia. Parece que disfruta con el vuelo hasta su aterrizaje en el llamado Charco de la Virgen, una poza cristalina y singular, tímida, escondida entre sombras y colinas. La cascada que llena esta piscina natural tiene casi 20 metros de altura y, es, sin embargo, la hermana pequeña de otra situada a pocos minutos sendero arriba. Se llama La Rejía y está formada por tres saltos que suman algo más de 100 metros de caída. Rodeada de un manto verde, con la humedad flotando en el ambiente entre helechos y orquídeas, es toda una proeza que parece sacada de un país tropical. Pero esto no es Costa Rica, es un enclave mediterráneo al que se accede con una sencilla caminata desde Tolox.
Hay un dicho: “La mentira tiene las patas muy cortas”, lo que significa que las mentiras no tardan en descubrirse, ya que la verdad, al final, se revela. O no, porque puede que mentir sea todo un arte para la persona que lo hace y que nunca sea descubierta. Pero ¿qué ocurre cuando, además, las mentiras provienen de alguien de la familia, como un hermano? “Más que confrontar la situación, suele ser más útil comprender qué función cumple esa mentira, porque el afecto y la mentira no siempre son incompatibles”, explica la doctora Belén Gutiérrez, psiquiatra y psicoterapeuta infantojuvenil. Y es precisamente en el entorno familiar donde mentir cobra un sentido más profundo. “Es donde más suelen aparecer las mentiras defensivas, precisamente porque es el lugar donde más nos jugamos emocionalmente", explica Gutiérrez. “Cuanto más importante es el vínculo, más miedo puede haber a decepcionar o a perder la imagen que el otro tiene de nosotros”, asegura esta experta.