Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia

El otoño tiene muchas cosas buenas: vuelve el edredón –por fin–, llegan la calabaza, las setas, la col, la granada o los caquis y consigue que miremos de nuevo con ojitos brillantes la olla, la cazuela y el horno. Empieza la temporada de cremas que arreglan una cena rápida sin mucho lío, los guisos que mejoran de un día para otro y se llevan la mar de bien con el congelador o las ensaladas que demuestran que la lechuga no tiene el monopolio de las verduras de hoja.







A finales de los años sesenta, el franquismo intentó dispersar los centros universitarios para frenar las cada vez más intensas protestas estudiantiles. Un ejemplo fue la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), construida en 1968 en Somosaguas para alejarla de La Moncloa. Pese a ello, vivió intensas asambleas y manifestaciones y fue testigo de cómo los grises accedían a caballo a las aulas. La UCM ha construido una nueva facultad y ha empezado a derribar esa parte de su historia. Mantienen que les obliga el Ayuntamiento de Pozuelo, mientras que el consistorio alega que hay que respetar la legalidad urbanística. Varios profesores piden paralizar su demolición hasta que se estudie su valor patrimonial, respaldado por el informe de dos urbanistas, mientras el Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM) propondrá dar protección a esos edificios. Pero la piqueta ya está allí.



“Acompáñame en mi día de compras en Nueva York”, “nuestra comida de hoy en Santorini”. Estas frases y otras por el estilo suelen ser recurrentes en vídeos en redes sociales, especialmente en perfiles con miles de seguidores. Hace años, contar a cientos de personas dónde estábamos, qué comíamos, con quién nos íbamos de vacaciones o cómo había sido nuestro día habría resultado extraño, pero hoy fotografiamos el desayuno, compartimos una ruptura y enseñamos las vacaciones prácticamente en tiempo real. La frontera entre lo íntimo y lo público se ha ido desplazando hasta convertir la exposición en algo cotidiano. El problema muchas veces ni siquiera es cuánto enseñamos, sino cuánto necesitamos que los demás lo vean y, sobre todo, qué puede hacerse con toda esa información.
El grupo de Facebook, con más de 400.000 seguidores, está repleto de publicaciones muy similares. Una de ellas, compartida el 14 de octubre, incluye la foto de Omar Mustafa, un joven de 29 años apodado El Mecánico de la ciudad de Kosti, en el Estado de Nilo Blanco, en el sur de Sudán. Otra, del mismo día, muestra a Sabahi Mabrouk, un adolescente de tan solo 13 años del pueblo de Karkoj, en el Estado sudanés de Sennar, al sureste del país.

Pregunta. Cuando compré el piso se veía una humedad en el techo de una habitación. La agente de la inmobiliaria me dijo que era de la fachada y que ya estaban esperando a los técnicos para arreglarla. Era mentira, la comunidad no sabía nada. Ahora, el perito ha dicho que efectivamente es de la fachada y que hay que arreglarla. La comunidad está poniendo problemas porque solo me afecta a mí y el coste es alto. ¿Puedo hacer algo contra la inmobiliaria?, ¿puedo obligar a la comunidad a que asuma una derrama? D. Queiro
Un popular refrán sueco dice que “no hay que cruzar un río para buscar agua”, lo que viene a decir que a veces la solución de un problema está al alcance de la mano. Quizá fue lo que pensó Gustaf de Laval, nacido en 1845 en la provincia de Dalarna, en el centro del país, cuando a los 33 años ideó una centrifugadora que poco después permitiría desnatar la leche. El científico y emprendedor, que a lo largo de su vida patentaría 92 productos, fundó junto a su socio Oskar Lamm la empresa Alfa Laval, una de las joyas del país que hoy es un grupo cotizado que capitaliza 20.200 millones de euros al cambio. “Lógicamente, en estos 140 años la empresa ha evolucionado muchísimo”, desarrolla Javier Ortiz, director general en España y Portugal. Acumula ya más de 4.200 patentes y su mayor accionista, con el 29,5% del capital, es Winder Holding AG, vinculado a la familia de origen sueco Rausing, que construyó un imperio alrededor de los envases de Tetra Pak.
En las últimas semanas se han multiplicado las dudas de los inversores acerca del riesgo de una burbuja alrededor de los modelos de financiación de los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial (IA). Alfa Laval ve en ellos uno de los vectores de crecimiento, como señala su responsable en Iberia. El nerviosismo ya se percibió en la conferencia con analistas que siguió a la presentación de resultados semestrales del grupo. El presidente, Tom Erixon, tuvo que contestar a muchas dudas sobre el aumento de pedidos en esta área. “Tenemos plena confianza en que nuestra cuota de mercado aumentará este año. Y no se trata solo de tecnología. Creo que el sector tiene dificultades en muchos aspectos, incluyendo la gestión térmica, para satisfacer el crecimiento de la demanda. Por lo tanto, es una situación complicada para las grandes empresas hiperescaladoras y para quienes trabajan en la instalación de sistemas en este ámbito”, explicó, en declaraciones recogidas por el portal Seeking Alpha. La empresa asegura que tiene la capacidad de invertir recursos para respaldar los planes de inversión en estos proyectos. “Es justo decir que somos el socio de referencia y el socio principal para la mayoría de los planes de expansión de centros de datos. Y esto puede parecer algo fantástico, y por supuesto que lo es. Pero también implica una enorme responsabilidad: asegurarnos de no ser el cuello de botella del mayor programa de inversión industrial de la historia”, añadió Erixon.

Durante esta época del año hay ciertas comidas que suelen apetecer más: unas lentejas estofadas, un cocido o una buena crema de verduras son algunos de los platos más populares. Si hablamos de uno de los snacks que triunfa en estos meses, no podemos dejar de lado las castañas. Hay quienes no pueden resistirse a comerlas calentitas en alguno de los puestos callejeros.



Durante años, la industria tecnológica parecía obsesionada con una idea: poner una pantalla en cualquier objeto imaginable; y cuanto más grande, mejor. Teléfonos, relojes, electrodomésticos, coches, altavoces e, incluso, frigoríficos se llenaron de superficies repletas de iconos y notificaciones. Sin embargo, en los últimos tiempos ha comenzado a emerger una tendencia aparentemente opuesta: la de los dispositivos que reducen o eliminan por completo la pantalla.

Hay pocas cosas más agradecidas que una fuente de polenta caliente con queso fundido: si añadimos unas setas y dejamos que el horno haga su trabajo, tenemos una comida reconfortante para un día lluvioso de otoño. Además, cocinar polenta es fácil: harina de maíz, agua y sal. Podemos hacerla algo más suelta o más densa según la cantidad de líquido que añadamos.

Imprimir documentos para estudiar o trabajar, sacar fotos al instante desde el móvil o incluso crear objetos personalizados 3D sin salir de casa, son solo algunas de las opciones que nos permiten los diferentes tipos de impresoras. Sin embargo, no todos los modelos ofrecen las mismas posibilidades ni responden a las mismas necesidades.


