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Para expandir su descomunal refinería cercana a Lagos (Nigeria), Aliko Dangote, el hombre más rico de África, firmó el pasado febrero un acuerdo con la empresa china XCMG. Esta enviará maquinaria pesada por valor de unos 340 millones de euros. Pronto llegará a Nigeria un ejército de grúas y excavadoras con el fin de acelerar el sueño de Dangote: que su particular joya de la corona procese en 2028 más crudo que ninguna otra refinería en el mundo. Las instalaciones, que empezaron a construirse en 2017 y a operar en enero de 2024, tomaron forma merced a un consorcio empresarial con CNCEC, también china, a la cabeza.
¿Os acordáis de ese cuento de Andersen? Un emperador pasea desnudo por las calles y todo el mundo aplaude su traje invisible porque nadie quiere ser el único que no lo ve. El miedo a parecer tonto es más fuerte que la evidencia delante de los ojos. El miedo a ser el primero, a las represalias… pero todo el mundo es consciente de que en realidad el emperador vive en la locura.
En La Resaca. Escenas de una guerra civil parsimoniosa (Capitán Swing, 2026), Jeff Sharlet narra una contienda cultural y espiritual entre estadounidenses. Al periodista, que ha dedicado su carrera a averiguar cómo la religión influye en la política, lo conocen los lectores de medios como The New York Times, The Washington Post o Vanity Fair.

El Imperio Romano era tan grande que tenía dos finales del mundo. Uno estaba en Hispania: es el Fisterra gallego, finis terrae de las tierras conocidas hasta 1492. El otro se ubicaba en el extremo occidental de la Galia y también era finis terrae. Es el actual Finistère, hoy departamento francés en la esquina oeste de la región de Bretaña. Como el gallego, este Finistère bretón es tierra de cultura celta, de cielos nubosos, de rías y mareas, de gran tradición marinera, de mucho marisco (aquí priman las ostras) y de una fuerte identidad, fruto del aislamiento.
Un día cualquiera en Londres a mediados de los noventa. George Michael (1963-2016) acude a un restaurante en compañía de la maquilladora Sali Hughes, hoy escritora y columnista de belleza en el diario The Guardian. Michael y Hughes tienen una breve conversación con la camarera que atiende su mesa, una joven que, según les explica, está haciendo horas extras para costearse los estudios de enfermería.

La maternidad real dista mucho de la imagen perfecta que durante años se ha vendido: una madre capaz de llegar a todo, siempre disponible, siempre paciente y siempre feliz. Frente a ese ideal imposible, la psicóloga perinatal y divulgadora Mamen Jiménez (Lucena, Córdoba, 45 años), conocida como Lapsicomami por un blog que abrió en 2015 y en el que hablaba de salud mental, pareja y crianza, pone el foco donde rara vez se pone: en la mujer que hay detrás del rol materno. En Mi diario de autocuidado (Lunwerg, 2026), su cuarto libro, propone ejercicios, preguntas y herramientas prácticas para desmontar mitos, aliviar la culpa y recuperar espacios propios, sin caer en fórmulas vacías ni en la presión de “hacerlo todo bien”.

Soy una periodista con casi 20 años de experiencia en el sector tecnológico y, durante este tiempo, he elaborado reportajes, artículos y todo tipo de contenidos relacionados con los más variados aspectos relacionados con la tecnología. Además, durante los últimos años me he especializado en el análisis de productos y he tenido la oportunidad de analizar cientos para distintos medios, entre ellos El País: desde los smartphones más económicos hasta los modelos más avanzados del mercado, ordenadores, sistemas de sonido, televisores… También dispositivos relacionados con el cuidado personal o el hogar. Mi compromiso con el lector es sencillo: independencia, rigor y utilidad. Independencia, porque mis opiniones no están condicionadas por marcas ni intereses comerciales. Rigor, porque cada producto se prueba en condiciones reales, durante el tiempo necesario para detectar tanto sus virtudes como sus limitaciones. Y utilidad, porque el objetivo final no es impresionar con especificaciones, sino ayudar a tomar decisiones informadas.












A falta de resultados, a Stefanos Tsitsipas siempre le quedará el amor. No es menor el consuelo. “Me encanta verla apoyándome cuando estoy pasándolo mal en la pista. Ella [su pareja actual, extenista universitaria e influencer] entiende la psicología de este deporte”, comentaba estos días en la Caja Mágica, precisamente el escenario donde hace seis años se destapó a lo grande. Aquella noche, 2019, un griego de 20 primaveras tumbó a Rafael Nadal con aires desafiantes, descaro, táctica y un delicioso revés a una mano que prometía hacer estragos. Y así fue, los hizo. Pero allá quedaron. Ese talento que aparentemente había llegado para derrocar a los tres gigantes es hoy un tenista extrañamente indefinido y estancado. Con rumbo hacia donde nadie sabe.
El pupilo actual de Ivanisevic, Arthur Fils, mantiene el buen rumbo adquirido recientemente en Barcelona y venció al estadounidense Emilio Nava por 7-6(2) y 6-3. El campeón del Godó enlaza siete triunfos y se enfrentará a Tomás Martín Etcheverry en los octavos.
Por otra parte, el dúo formado por Marcel Granollers y Horacio Zeballos se despidió a las primeras de cambio del torneo. El español y el argentino, ganadores hace un año, cedieron ante los monegascos Valentin Vacherot y Romain Varneodo por 2-6, 6-1 y 10-6 (tras 1h 12m).
Granollers y Zeballos no cedieron un solo set en la pasada edición, pero esta vez no terminan de cogerle el pulso a la tierra batida. Antes cayeron en la segunda ronda de Montecarlo y en el estreno de Barcelona. La derrota les costará la pérdida del número uno y el dos que defendían en dobles.
Además del Mérida-Tsitsipas, este lunes contará con la intervención del malagueño Alejandro Davidovich, citado a primera hora del día (11.00, Tdp y Movistar+) con el defensor del título, el noruego Casper Ruud. Habrá otros alicientes como Sabalenka, Gauff, Zverev o Medvedev.
No tan rápido. Puede que el mundo esté ya inmerso en un repunte inflacionista engendrado en el estratégico estrecho de Ormuz. Puede que los datos de abril sean aún peores que los de marzo. Y que la historia reciente de lo ocurrido con los precios en la guerra de Ucrania sea un relato de terror para los bancos centrales por el fracaso que supuso no actuar a tiempo. Pero cada trance tiene sus particularidades, y los precedentes, aunque suenen parecido al enunciarlos —crisis energética nacida de un conflicto bélico—, no siempre demandan las mismas soluciones. Salvo sorpresa, ni el Banco Central Europeo ni la Reserva Federal estadounidense moverán ficha esta semana en los tipos de interés: eligen la prudencia frente a la precipitación, a la espera de contar con más datos sobre la intensidad y la duración del shock.

“Toma las llaves, pero, por favor, ábrelo cuanto antes”. Eso le dijo Ana Mari a Carlos Urrutikoetxea cuando, a mediados de 2024, el bar Alaia, de Ergoien (Gamiz), cerraba sus puertas y encontraba la continuidad deseada. Allí, entre la iglesia, el frontón, el parque infantil, el cementerio, la farmacia, el otro bar y la casa de Ana Mari pared con pared, Urrutikoetxea (San Sebastián, 1987) abría, un mes después, Urruti Taberna. En dos semanas ya brotaba la semilla de su propuesta vasca, alejada de esa alta cocina estandarizada —menú largo, pautado y estático, complejidad intencionada, sorpresas— de la que admite haber sido partícipe y “autómata”, pero muchos escalones por encima de esa cocina popular y casera de buena taberna. Urruti habita un espacio en el que interceden una cocina ágil aparentemente sencilla basada en los recursos de su entorno priorizando la huerta y el mar, la improvisación del día a día, la tranquilidad de una atmósfera familiar y la confianza de quien defiende su mirada a rajatabla.



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