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“Me contradigo todo el rato, pero me hace sentir vivo”, canta Pedro Quevedo (Madrid, 24 años) en El Baifo, su disco más esperado. Nada más publicarse ha reventado, de nuevo, las listas de éxitos. Las 10 canciones más escuchadas de España en Spotify son suyas. Pero son solo números: “Mi meta es ver que pasa el tiempo y se quedan”. Su vida también es una dualidad constante. Es Pedro y Quevedo. El chico normal que aparece y desaparece de su casa, en Canarias, y la estrella internacional. El veinteañero al que la fama arrastró y “el puto amo” de sus canciones. El arrogante y el humilde. El introvertido y el dulce. El artista que mira a los ojos y contesta, sin vacilaciones ni cortapisas, a todas las preguntas de la entrevista y el que llega acunado por su mánager, un jefe de prensa, un videógrafo, una estilista y una maquilladora.



El otro día, mi padre, un veterinario que está a punto de jubilarse, me pidió ayuda, por primera vez, en una cirugía. Dije que sí, claro, con mi irreflexividad ariana, pero luego me entró aprensión y temí desmayarme o vomitar y, qué vergüenza, pasar de ser ayuda a problema. No sé muy bien qué imaginaba —explosiones de sangre y vísceras, qué sé yo—, pero me encontré con algo inesperado: la fascinación absoluta ante los gestos precisos y expertos de alguien que lleva 40 años abriendo y cerrando cuerpos, perfeccionando un arte, persistiendo.
Pobrecitos míos, esos chavales reaccionarios. Hay que entenderlos. Claro, ¿cómo no se van a sentir mal si están todas las chicas adelantándoles a derecha e izquierda, formándose más, sacando mejores notas, organizando mejor sus vidas? ¿Cómo no nos van a dar pena si resulta que ellas saben bien lo que quieren y ya no están para aguantar a niñatos posesivos, ni dispuestas a sufrir ni por amor ni por sexo ni por príncipes de ningún color? Ni un segundo hemos tardado en justificar su pataleta contra el cambio cultural de la igualdad y lo que les pide: que renuncien a los privilegios de género que vienen heredando desde hace siglos por simple razón biológica mediante esa sólida estructura llamada patriarcado. No, hay que entenderlos a ellos, tan frágiles, tan heridos por esa charla sobre violencia que les dieron un día en el instituto. No es el machismo lo que los hace machistas sino el feminismo, mira tú por dónde. ¿Cómo se explica que un niño que ha crecido en las mismas aulas que sus homólogas femeninas de repente llegue a la adolescencia y se declare partidario de un orden antiguo hegeliano en el que el esclavo siempre se flexiona en femenino? ¿Cómo unas criaturas con madres trabajadoras, fruto de parejas que se escogen y se vinculan libremente (para eso está el divorcio) puedan transformarse en aspirantes a machos dominantes? ¿Cómo, pero cómo puede ser que habiendo crecido en una sociedad en la que hay maestras, médicas, funcionarias, mujeres policía o soldado, cómo se puede tener por normal esa rebelión contra lo que no es más que una cuestión de equidad y justicia? Pobrecitos, repiten, no mojan porque ellas se han vuelto exigentes, desean y aman siendo fieles a sí mismas, sin someterse y claro, los que no las quieren así, emancipadas e independientes, no tienen opciones. Y por ellos debemos llorar, nos dicen. Como las madres de antes, que sentían pena por el niño al que todo le costaba mientras que a la niña le mandaba hacerle la cama, fregar los platos, recoger la ropa sucia del hombrecito de la casa. Y esa compasión por los machitos destronados los perjudica a ellos aunque no lo vean. En vez de acompañarlos en el lloriqueo alguien (a ser posible un hombre adulto) debería decirles que se pongan de una vez las pilas, que si quieren llegar a sus compañeras no les queda otra que cambiar de cultura y sumarse a la del feminismo. Y que esos que les susurran a través de las pantallas que volverán tiempos pasados de dominación masculina no son más que timadores embusteros que los están llevando a engaño. Y en masa.

En la Casa de Andalucía de Getafe (Madrid) hay una norma no escrita: al cruzar la puerta, la política se queda fuera. La regla la impuso Luis Grisolía, su presidente, un granadino que emigró a Madrid en los años sesenta para escapar de la asfixia y la miseria. A sus 81 años, sentado en el patio de la asociación, hace una excepción mientras remueve un vaso de whisky Ballantine’s con hielo. Pide que los políticos no se olviden de los suyos, de quienes se marcharon de Andalucía y nunca pudieron regresar. “Que nos tengan en cuenta e intenten recuperar a nuestros hijos. A ellos les gustaría regresar a su tierra, la de sus padres”, dice y suspira: “Lo hemos reivindicado, pero no nos han hecho caso”. Según datos de la Junta de Andalucía, alrededor de 1,2 millones de andaluces residen en otra comunidad autónoma, lo que representa el 14,3% de la población de la comunidad, algunos de ellos jóvenes muy cualificados que, décadas después de que aquel éxodo de los años del franquismo, han dejado su tierra para buscar nuevas oportunidades.

Un hombre de 40 años, sin antecedentes judiciales y padre de dos hijos, ha sido acusado formalmente por haber violado y abusado sexualmente de 34 menores de entre tres y nueve años entre 2020 y 2024 en Lucenay, un pueblo de poco más de 2.000 habitantes cerca de la ciudad de Lyon (Francia). Filmaba y fotografiaba a las víctimas, compañeros de colegio de sus hijos, y cometía los actos cuando los menores iban a jugar con estos últimos a su casa en las llamadas “fiestas de pijamas”.
Desde que comenzó el año, los médicos españoles han estado llamados a una huelga nacional un total de 14 días laborables distribuidos en tres semanas; la última, esta misma. Pese a que las comunidades autónomas han reportado seguimientos discretos (entre el 5% y el 25%, en función del territorio), los actos médicos cancelados que informan las consejerías se cuentan ya por millones, aunque no hay una estadística nacional que permita precisarlo.
La cadena de custodia de los 280.000 exámenes de diagnóstico educativo que los alumnos andaluces de 4º curso de primaria completarán el próximo martes 5 de mayo se ha roto. Estas pruebas de evaluación han llegado a los 2.500 colegios públicos, concertados y privados de la región, pero lo han hecho solo cogidas con bridas o en bolsas con un sencillo pegamento desplegable y sin conservar el vacío, por lo que pueden ser abiertas por los directores de centros sin dejar rastro alguno. Hace dos años ya se filtró en redes sociales parte de la prueba con el consiguiente revuelo, que motivó que la oposición política pidiera su anulación, y este año la empresa encargada ha puesto alfombra roja a que la filtración masiva se repita. Y acto seguido han comenzado las quejas.


Llega con el tiempo justo, traje de chaqueta y corbata, que es día de eventos varios. Posa diligente para la sesión de fotos y, con la misma practicidad con la que asume la agenda, aborda un tema y el siguiente. Durante la conversación, no tiene prisa, aunque habla con celeridad y conecta ideas a la velocidad de la luz. En cuanto se apaga la grabadora, se despide y sale por la puerta. Sin más florituras. Tiene otra cita. A Javier Tebas (San José, Costa Rica; 63 años), no parece preocuparle que la Liga haya perdido poderío económico respecto a la Premier, que gastó unos 3.500 millones en fichajes esta temporada mientras en España apenas se invirtieron 800. En su cuarto mandato, sigue enfrentado al presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, aunque quien le quita el sueño es otro mandamás, el presidente del PSG, Nasser Al-Khelaifi.



Macrohistoria y microhistoria: fueron años que cambiaron el mundo, donde se plantó la semilla de la policrisis contemporánea, también años muy particulares en la vida de Elvira Lindo, en los que habitó, a medio año por costa, las dos orillas del Atlántico: Nueva York y Madrid.

La campaña en Andalucía para las elecciones parlamentarias del 17 de mayo comenzó ayer con el actual presidente, Juan Manuel Moreno, como claro favorito en las encuestas. El líder del PP aspira a revalidar su mayoría absoluta, que requiere de 55 escaños de los 109 que componen el Parlamento andaluz, y algunos sondeos se la dan. Tras él sitúan al PSOE, con la exvicepresidenta y exministra María Jesús Montero como candidata, seguida de Vox, que con un 10% de intención de votos según el CIS, podría tener la llave de Moreno al Palacio de San Telmo.