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Del Nuevo Hollywood de finales de los años sesenta y setenta solemos recordar algunos de sus grandes hitos en sus diversas vertientes, de El graduado a Tiburón pasando por El padrino. Pero, en los 14 años que básicamente duró el mejor periodo histórico del cine estadounidense (y mundial), hubo un enorme número de títulos, mucho menos conocidos para el gran público y quizá más desequilibrados, que en cambio enarbolaron la bandera de la autenticidad, la cercanía, la energía y la madurez a través de relatos protagonizados por gente vulgar y corriente, y dirigidos por cineastas que solían llevar su cámara y ejercitar su mirada como si te estuvieran apuntando a la cabeza con una pistola a centímetros de distancia.
Dirección: Bradley Cooper.
Intérpretes: Will Arnett, Laura Dern, Andra Day, Ciarán Hinds, Bradley Cooper.
Género: drama. EE UU, 2025.
Duración: 124 minutos.
Estreno: 20 de febrero.
Hija de un profesor de Filosofía y de una profesora de Francés, Andrea Fuentes Fache (Valls, Tarragona, 42 años) es cuatrilingüe, dulce y tremendamente curiosa. Pero no tiene un segundo libre. La cita es en el lugar que mejor conoce del mundo: el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, en Barcelona. Allí entrenó durante lustros con su hermana, Tina, y allí acude a diario, en bicicleta, para preparar a la selección española de natación artística. Llega sonriente y cauta tras terminar su sesión de terapia. Ha aceptado hablar durante dos horas, pero pide permiso para recoger unos paquetes antes de que cierre la oficina. Es el cumpleaños de su marido, el gimnasta Víctor Cano, al que también conoció en este centro. El suyo está al caer. A sus hijos, Kilian y Sira, les ha pedido de regalo media hora de tiempo libre.

El entrenamiento se ha alargado un poco más de la cuenta y Will Clyburn (Detroit, Estados Unidos; 35 años) sale escopeteado al vestuario para saludar a su familia por teléfono. Son dos minutos que le recargan de energía, pues no las tenía todas consigo con lo de hacer fotos y entrevista. Pero una vez puesto en faena, habla, ríe y razona, repantigado en una silla del Palau, cómodo con la grabadora y su discurso. Nada le altera como tampoco lo hace en la pista, preparado ahora para afrontar la Copa del Rey y los cuartos de este viernes contra el UCAM Murcia (21.00, Dazn).

En el baloncesto, como en la guerra, no siempre gana el más fuerte. A veces vence quien mejor entiende el ritmo del combate. Paolo Galbiati, entrenador del Baskonia, habla del juego en esos términos: anticipación, lectura del momento, control emocional. En su mesilla conviven dos referencias que ayudan a explicar su manera de entender el deporte: Kobe Bryant y El arte de la guerra. Una mentalidad obsesiva y una filosofía estratégica. Disciplina y adaptación.
La provocación no siempre pasa por un desnudo inoportuno. A veces, solo tienes que hablar de un tipo que se recuperó de su alcoholismo y hoy es un conocido catador de vinos. Un testimonio como ese genera más incomodidad que una fotopolla. ¿Qué hacemos con el relato del adicto recuperado que debe renunciar a toda una vida asociada a la droga? En el campo de las adicciones estamos demasiado acostumbrados a las historias sencillas, casi pedagógicas: Fulanito tocó fondo, entró en desintoxicación y hoy es una persona nueva. Nos vuelve locos ese “antes y después”. Lo entiendo, son historias fáciles de digerir porque delimitan muy bien el peligro y ofrecen una salida conocida. La incomodidad se nos presenta cuando alguien se sale de ese camino.

Es de noche, está oscuro y Dara, Saoirse y Robyn siguen en un lugar llamado Knockdara, suerte de Twin Peaks de la campiña weird irlandesa, en el que el atractivo mecánico que recoge tu coche después de que casi te mates en un accidente más o menos provocado por el marido de tu vieja mejor amiga es también agente de policía. En realidad, sólo hay tres agentes de policía en Knockdara. También hay una señora que limpia la morgue, un country bar repleto de siniestras imitadoras de Dolly Parton, un único hotel sin habitaciones disponibles —pero con desvanes en los que poder instalar camas de tres en tres— y una familia que se hace fotografías caminando de perfil, con un brazo en el hombro de quien tiene al lado, y mirando a la cámara. El folkie noir de Lisa McGee, la creadora de Derry Girls, Cómo llegar al cielo desde Belfast (Netflix) es una pequeña obra maestra.

Las poderosas mafias albanesas del narcotráfico, las que controlan el negocio de narcóticos de forma global, persisten en su intento de utilizar el puerto de Vigo como medio de introducción de alijos de cocaína. Agentes de la Guardia Civil y funcionarios de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria, en una operación conjunta, detuvieron hace unos días a dos integrantes de estas redes, de nacionalidad albanesa, cuando pretendían acceder al recinto portuario vigués para rescatar 80 kilos de cocaína que se encontraban ocultos en el sistema de refrigeración de un contenedor procedente de Ecuador.
El gran peligro que asumen los bancos al prestar dinero es que no se lo devuelvan; por eso deben contar con unos colchones de capital capaces de absorber las pérdidas potenciales. Con el objetivo de reducir esas exigencias, ligadas al riesgo de impago, las entidades suelen vender a otros inversores parte de su cartera de créditos. Pero en los últimos tiempos esta operativa ha mutado. Ahora, en lugar de vender los préstamos, utilizan derivados que simulan un traspaso real. El Banco Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE) han hecho saltar las alarmas ante la opacidad de los inversores que asumen el riesgo mediante este sistema.


Las universidades públicas madrileñas no tienen tiempo que perder, no. En un año en el que hay más estudiantes de Medicina matriculados en universidades privadas, pagando una media de 20.000 euros anuales, que en universidades públicas, el tiempo se agotó. Cuando Madrid sigue siendo la comunidad con el profesorado peor pagado, con tasas de temporalidad que doblan las del maltrecho sector hostelero, con las matrículas más altas, con menos becas por estudiante, que menos invierte en ciencia, que más talento expulsa, cuando todo eso ocurre en la comunidad más rica de España y en una de las más ricas de Europa, y cuando pese a esa asfixia una única universidad madrileña, la Complutense, produce más tesis doctorales que 46 universidades privadas, todas las de España, juntas, entonces se puede decir, sí, que el tiempo se ha acabado. Se acabó en realidad hace mucho tiempo, pero cristaliza hoy con la caída de una consejería casi al completo.
En la buena dirección, pero pendiente de mejoras. Es el mensaje que el Consejo de Transparencia y Protección de Datos de Andalucía ha transmitido al Gobierno regional (PP) sobre las garantías y salvaguardas que da a los 738.502 alumnos menores de edad, 43.2020 profesores y 2.676 centros escolares cuyos perfiles guarda la multinacional Google a través de su plataforma educativa virtual Workplace for Education. Durante cinco años el Ejecutivo andaluz ha vulnerado la protección de datos de los estudiantes no universitarios y docentes al incumplir el Reglamento General de Protección de Datos europeo (RGPD), por lo que recibió seis sanciones. Ahora prepara el terreno y diseña el nuevo convenio que firmará el próximo noviembre con el gigante tecnológico para evitar más reprimendas y cumplir la ley.