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El Ministerio de Migraciones ha pedido el apoyo de las oficinas de extranjería para dar un impulso a los expedientes de la regularización extraordinaria que se dispararon mucho más allá de la cifra de medio millón de solicitudes prevista, alcanzando casi 1,2 millones el número de personas que buscan legalizar su vida en España. Con el verano por medio y con un plazo de tres meses para resolver cada caso una vez presentado, el departamento que dirige Elma Saiz ha negociado con Política Territorial, de quien dependen las oficinas de extranjería en cada provincia, la posibilidad de sumar a este funcionariado al proceso, que ya acumula retrasos preocupantes. De los cerca de 1.800 trabajadores, casi 1.300 se han mostrado dispuestos a colaborar de forma voluntaria en horas extralaborales que se pagarán según rendimiento, a razón de 10 euros por cada expediente que dejen resuelto para su posterior aprobación, según fuentes de la Administración pública.
Jaime Ramírez está acostumbrado a vivir frente a un edificio abandonado. Uno muy grande. Desde su ventana, en la calle de Joaquín María López, en Chamberí, ve un antiguo complejo sanitario de 24.000 metros cuadrados con forma de hache: el Hospital del Generalísimo Franco, construido en los cincuenta para uso militar y vacío desde 2001. También el gran jardín que hay en la entrada, un oasis verde en una mole deteriorada y un tanto tétrica. “Me he despertado con él toda la vida. Ahí había cipreses y un olivo grande. Y la catalpa, que llegaba al tercer piso”, enumera. Habla en pasado porque este lunes se llevó una sorpresa. De los diez árboles que veía cada día, seis de obligada conservación por su antigüedad, quedaban tres. Y pronto solo quedará uno, según el Ayuntamiento de Madrid, que ha autorizado la tala.

La mejor rave de Zahara (Úbeda, 42 años) fue el verano pasado en un bosque a unos 11 kilómetros de Ámsterdam. “Fue una experiencia única porque no se repetirá jamás. Durante una hora, Quelza pinchó sin bombo a negras, lo que provocó una estampida y que solo nos quedáramos una docena de personas bailando todo polirritmia, una extrañeza fantástica”, aclara. El recuerdo viene a colación. La artista está inmersa en Glitch, el giro que ha dado a su Zaharave, el show de electrónica que ha montado con Martí Perarnau IV y que la tendrá girando por España por diversos festivales veraniegos. ”Yo soy más de raves europeas que de las españolas. Allí son más diurnas y en la naturaleza. No me interesa esperar a las dos de la mañana porque a las diez y media ya estoy dormida”, aclara, pocas horas antes de su concierto en el festival Cruïlla de Barcelona.


El deporte de fuerza ha entrado de lleno en nuestras vidas; no es que antes no existiera, pero no ocupaba ni el espacio ni la importancia que tiene ahora. Son numerosos su beneficios, y no solo a nivel físico, sino también emocional. Pero, ¿es sano en todas las edades? ¿Es siempre la mejor opción? La respuesta es que depende.
Tras dos meses de silencio desde su imputación por liderar supuestamente una trama de tráfico de influencias, y ante la acumulación de indicios comprometedores, José Luis Rodríguez Zapatero dio este jueves por primera vez aclaraciones públicas en una entrevista en TVE, pero aportó poca información novedosa ante unas acusaciones que han causado un grave perjuicio a su propia posición como referente de la izquierda en España. El expresidente reiteró lo que el 17 de junio ya había declarado ante el juez José Luis Calama: que no intervino en el rescate de la aerolínea Plus Ultra, que no planificó la creación de una empresa offshore para camuflar sus ingresos, y que no usó a sus hijas como testaferros. En la entrevista también alegó que las joyas guardadas en su despacho, y valoradas en más de 1,3 millones de euros, fueron un “regalo de cortesía”, pero no reveló nada sobre su origen. La decisión de comparecer en televisión puede entenderse como una voluntad de transparencia, pero exigirá explicaciones más completas ante el juez y ante la opinión pública.
José Luis Rodríguez Zapatero sabe que tiene dos problemas. Lo ha dejado claro en su primera intervención pública tras conocerse su condición de investigado. El primer problema es con la justicia por estar inmerso en un proceso en el que defender su inocencia le demanda una estrategia jurídica sin margen para el error. Rodríguez Zapatero ha reclamado su derecho a la defensa y la presunción de inocencia apelando a la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. También ha denunciado la violación de derechos sufrida al hacerse pública la totalidad de su agenda. El otro problema está conectado con el deber de explicación que se impone a quien ha ostentado la presidencia del Gobierno. ¿Cómo combinar esta estrategia sin comprometer la mejor defensa del ciudadano y la reputación del hombre público? La entrevista en TVE ha sido la ocasión para intentarlo y esta encubría además un tercer objetivo todavía más exigente: contener los daños que sobre el Gobierno ha provocado la declaración de Julio Martínez atribuyéndole a Zapatero gestiones sobre el rescate de Plus Ultra.
La rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China suele describirse como una guerra de chips, pero la etiqueta se queda corta. La verdadera pugna abarca todo el ecosistema de la inteligencia artificial: el hardware que ejecuta los modelos, el software que lo hace utilizable y el diseño de los propios modelos. En los dos primeros frentes la competencia se ha reducido a dos empresas, Nvidia y Huawei. Europa, pese a tener un papel imprescindible en las máquinas que fabrican los chips, mira la pugna desde fuera.
Entre abril de 1955 y junio de 1956, Robert Frank se subió a un Ford Coupe y recorrió unos 16.000 kilómetros para retratar a los estadounidenses. Llevaba una Leica, disparaba aquí y allá para recoger lo que iba encontrando y de su periplo regresó con unos 780 rollos de fotografías, unas 28.000 imágenes; de todas ellas eligió 83 para armar Los americanos (La Fábrica), que se publicó en 1958, y que ahora pueden verse en una exposición en Madrid en la Fundación Telefónica en el contexto de PHotoEspaña. “Una imagen tan americana”, escribe Jack Kerouac en la introducción del libro, “las caras no manipulan ni critican ni dicen nada excepto ‘Así es como somos en la vida real y si no te gusta no me importa porque vivo mi vida a mi manera y que Dios nos bendiga a todos, tal vez ‘… ‘si se merece’…”. Ahí están unos muchachos medio provocadores en Nueva York, unos políticos rancios en Hoboken, una ascensorista en Miami Beach, unos cuantos negros muy elegantes en un funeral en Santa Helena, en Carolina del Sur. El libro de Robert Frank no recoge el sueño americano que en los años cincuenta se vendía al resto del mundo, la gente que retrata es corriente (incluso fea), hubo críticos que lo tacharon entonces de comunista.
El pasado jueves llegué a mi centro de salud con una cita concertada. Al entrar, un cartel anunciaba que mi doctora no estaba allí. Sin aviso, sin explicación. Solo la instrucción de pasar por administración para que me atendiera otra persona. No sé por qué no estaba y tampoco necesito saberlo, todos podemos tener imprevistos. Desde diciembre no consigo que ella me atienda, cada cita es con un profesional distinto. El problema no son ellos, sino un sistema que ha convertido la continuidad en excepción. Una doctora de familia no es solo quien lee un historial, es quien sabe de tu recorrido y entiende tu contexto. Defender la sanidad pública también es cuidar esa relación, porque cuando se pierde, perdemos todos.