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Los derechos y libertades están en retroceso en África occidental. Ocho años después de su abolición, Burkina Faso acaba de reinstaurar la pena de muerte para delitos como la alta traición, el terrorismo o actos de espionaje. Hace un año, incluyó a la homosexualidad en la categoría de delitos con pena de cárcel, mientras su vecino Senegal endurecía hasta los ocho años de prisión los castigos contra los gais. Tanto en Burkina Faso como en Malí y Níger, el arresto y encarcelamiento de periodistas y activistas se ha convertido en moneda corriente. Hace apenas una década, esta región presumía de ser la excepción democrática de África. En la actualidad, nada menos que seis de sus 15 países están gobernados por militares o viven bajo regímenes autocráticos.
El concepto de leapfrogging equivale en teoría a ahorro de tiempo y dinero en zonas pobres y rezagadas. Evoca innovación y otras formas de imaginar el porvenir. Y está rodeada por un halo de modernidad, con propuestas que oscilan entre lo razonable y los sortilegios tecno-optimistas. Tan halagüeños algunos, que permiten vislumbrar a frágiles economías encabezando la vanguardia digital en tiempo récord, como en un sueño futurista.
El veto del gobierno chino a la retransmisión de los partidos del Real Madrid por el caso Mbappé tiene un antecedente cercano de semejante magnitud. China censuró la emisión televisiva de los encuentros de la NBA durante dos años y medio entre 2019 y 2022 por otro comentario con fondo político. Si en esta ocasión el apagón llega al referirse el delantero francés a Mao Zedong como “dictador”, entonces fue una opinión del director general de los Houston Rockets, Daryl Morey, la que desató la tormenta. “Lucha por la libertad, apoya a Hong Kong”, escribió el directivo en relación a las manifestaciones en dicho territorio a favor de la democracia. China, como ahora sucede con Mbappé, lo consideró un ataque a la identidad nacional y no le tembló el pulso para vetar a un gigante del deporte mundial como la NBA. Tampoco ha dudado actualmente pese a las disculpas del Real Madrid.
El Barça no tiene término medio desde la llegada de Hansi Flick en 2024. A una serie de 11 victorias consecutivas, nueve de Liga —una cifra récord— y dos en la Champions desde que se inició la temporada, han seguido dos derrotas, una en cada torneo, en la Copa de Europa en París y en el Camp Nou frente al Madrid. Los azulgrana tienen alergia al empate si se tiene en cuenta que solo contabilizan 10 en 130 partidos, siete en el ejercicio 2024-2025 y tres en el 2025-2026, una circunstancia a valorar porque perdió contra el PSG por 4-2 después de igualar el partido (2-2) en el minuto 80 y cedió por 1-2 ante el equipo de Mourinho con un segundo gol de Mbappe al contrataque en el minuto 86 cuando el marcador era de 1-1.
El pasado 16 de octubre, en el marco del proceso Fit for the Future, la presidenta del Comité Olímpico Internacional, Kirsty Coventry, anunció, tras meses de suspense, la supresión de doce comisiones del COI. En lugar de ellas se crearán grupos de trabajo constituidos ad hoc, más flexibles y sin ningún ánimo de permanencia temporal. En principio, la medida resulta razonable: menos burocracia, más agilidad y un ahorro nada despreciable para las arcas del COI. Hasta aquí, todo parece correcto. Sin embargo, conviene analizar en detalle lo que hay detrás del discurso de la eficiencia.
Este viernes 30 de octubre se cumplen 116 años del nacimiento de Miguel Hernández, un poeta universal al que dejaron morir en la cárcel de Alicante al acabar la Guerra Civil cuando apenas tenía 31 años. La obra hernandiana tiene dos referentes geográficos: su cuna e infancia oriolanas y alicantinas, de un lado, y, de otro, la provincia de Jaén, adonde llegó destinado como comisario de Cultura para dirigir el periódico Altavoz del Frente Sur. De allí era su esposa, Josefina Manresa, y aquí fue nombrado en 2024 Hijo Adoptivo de la provincia a título póstumo.

El guionista David Schulner (Miami, 52 años) camina por los pasillos de Vall d’Hebron imaginándose tramas para un capítulo que nunca rodará. “New Amsterdam acabó en 2023, pero cada vez que piso un hospital me imagino que he vuelto al set porque rodábamos en dos hospitales de Nueva York. También pienso en todo lo que hicimos mal y podríamos haber hecho mejor”, explica en una sala del recinto sanitario público barcelonés. Lo hace pocas horas antes de ofrecer una charla sobre cómo usar la realidad en la ficción médica en el tercer Congreso Internacional de Comunicación en Salud.

En una historia del arte dominada por la mirada masculina y heteropatriarcal, cada vez que las disidencias empiezan a ocupar espacios que durante siglos les fueron negados supone una buena noticia. Cuando además se trata de una propuesta tan conectada como la de La Chola Poblete (Guaymallén, Mendoza, Argentina, 1989) y Seba Calfuqueo (Santiago de Chile, 1991), quienes desembarcan este otoño en Madrid con hasta tres poderosas exposiciones que celebran lo trans y la experiencia racializada del mundo, es un acontecimiento.
Stephen Graham (53 años, Kirkby, Reino Unido) no sabe qué le ha llevado a acumular en su historial como actor tantos gánsteres, asesinos y hombres violentos o atormentados de todo tipo. “No tengo ni idea por qué, pero muchos de los personajes que he interpretado digamos que se inclinan hacia la naturaleza más oscura de la humanidad”, reflexiona en una entrevista por videollamada con EL PAÍS. Su nuevo trabajo, la serie Nocturno que estrena Apple TV, suma otro personaje así a su carrera. Ahora encarna a Jurek Walter, un peligroso asesino encerrado en un psiquiátrico de máxima seguridad que parece estar relacionado con unas desapariciones que tuvieron lugar cuando él ya estaba en aislamiento. Un detective de homicidios retirado (interpretado por Liev Schreiber) se obsesionará con demostrar su implicación y, para ello, accederá a que su ahijada, también policía, se infiltre en la institución psiquiátrica como una de las internas.





Escuchas a alguien dar una noticia, con el móvil en la mano, mientras estás haciendo algo apetecible, a una temperatura casi perfecta, lejos de casa, y lo que sujetas en la mano no es un café con leche. Te has dejado el teléfono en el bolso un par de plantas más abajo, las ojeras con las que amaneciste se han apaciguado y das las gracias por no sentir las vibraciones de siempre emitidas por ese dispositivo del que ahora depende tu vida más que la cartera. Te dices que todo puede esperar.