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Escuchas a alguien dar una noticia, con el móvil en la mano, mientras estás haciendo algo apetecible, a una temperatura casi perfecta, lejos de casa, y lo que sujetas en la mano no es un café con leche. Te has dejado el teléfono en el bolso un par de plantas más abajo, las ojeras con las que amaneciste se han apaciguado y das las gracias por no sentir las vibraciones de siempre emitidas por ese dispositivo del que ahora depende tu vida más que la cartera. Te dices que todo puede esperar.
Desde que Harold Bloom puso el Juicio Final de Miguel Ángel en la cubierta de su famoso catálogo occidental de 1994 sabemos que todo canon es fruto del miedo. O por decirlo de un modo menos apocalíptico y con una palabra empleada por el propio Bloom: que todo canon es una elegía. También lo es este, centrado en el premio Formentor.

Todo en el enigmático debut de Liadan Ní Chuinn —ese nombre no existe, es solo un seudónimo, hablamos de nadie o, mejor, de un alguien aparentemente femenino, nacido en 1998, que ha decidido que su yo es lo de menos— es afilado. Es afilada y dolorosa cada acción descrita en sus trepidantes relatos, trepidantes en un sentido íntimo y casi físico —el narrador, en todos los casos, mantiene al lector pegado por completo a la historia, tan cerca que está recibiendo los golpes, y asistiendo a las revelaciones como si, de alguna forma, estuviese montado en el hombro de su protagonista, fuese un ente diminuto que viaja por cada uno de los apasionantes túneles que la autora construye—, y en los que lo extraordinario irrumpe en lo cotidiano, por una vez, no en tanto algo puramente extraordinario, sino en tanto algo percibido como extraordinario. Les hablaré de ‘Mary’, para que se hagan una idea más clara. ‘Mary’ es uno de los seis relatos incluidos en el volumen. Y les diré que transcurre en algún lugar del norte de Irlanda.



Pocas horas después del accidente de Urda se han difundido tres audios: uno recoge la conversación entre el Centro de Regulación de Circulación (CRC) de Adif, ubicado en Atocha, y el maquinista del tren AVE 02080. Era Antonio Acedo Meneses, que falleció en el choque. Las otras dos grabaciones son llamadas entre ese mismo centro y la maquinista del Iryo. No fueron las únicas: el puesto de mando de Atocha presumiblemente contactó con todos los trenes afectados por el fallo que pararía a los accidentados.
Las principales fuentes de normativa utilizadas para analizar los audios han sido el Reglamento de Circulación Ferroviaria (RD 664/2015), texto consolidado del BOE, y los modelos oficiales de telefonema del LZB que incluye; el Libro de Normas del Maquinista, Grupo Renfe; Libro de Telefonemas Adif.
En la realización de esta información se han utilizado agentes de inteligencia artificial para calcular las velocidades de los trenes y su posición aproximada. Los datos de geolocalización de trenes de Renfe proceden de los datos que publica la operadora en tiempo real y su histórico ha sido recopilado por la página web Retrasómetro, que utiliza datos públicos GTFS de Renfe.

“Estimadas familias y alumnado: Ante los tres días de luto oficial decretados por la Comunidad de Madrid, del 29 al 31 de octubre, tras el accidente ferroviario ocurrido ayer en Urda, os informamos de que queda suspendida la celebración de Halloween prevista para mañana, viernes”. El mensaje del Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid pasó de emails a grupos de padres y desembocó en conversaciones familiares sobre el luto, la muerte y la gestión de las frustraciones. Sucedió lo mismo en decenas de centros de primaria y secundaria de toda España. Algunas fiestas locales han sido igualmente suspendidas.
Aunque Aitana Ocaña ya cuenta con sus propios perfumes en el mercado y es el rostro internacional de Libre, de Yves Saint Laurent Beauty, al subir un vídeo a su canal de YouTube, las miradas más atentas han descubierto que la fragancia por la que ella apuesta es otra. Se trata de Guidance 46, de Amouage, una casa de alta perfumería reconocida por crear algunos de los perfumes más exquisitos. “Fundada en el Sultanato de Omán en 1983 por la familia Albusaidi con el propósito de ser ‘el regalo de los reyes’, la firma ha redefinido el arte árabe de la perfumería y ha ganado renombre a nivel mundial por aportar una modernidad innovadora y una auténtica maestría artística a todas sus creaciones”, explican en la web del perfume, que está disponible a la venta en Isolée por 510 euros.

“No recuerdo lo que es vivir sin dolor”, asegura Blanca Ortiz, de 28 años, que desde hace ocho no conoce un día sin esa sensación. Estaba en segundo de carrera y soñaba con “tener una vida normal”, cuando le detectaron una malformación de nacimiento en una vértebra lumbar y tuvo que operarse. El 3 de septiembre de 2018, entró andando al quirófano y salió del hospital dos meses más tarde sin poder caminar. Regresó a su casa totalmente dependiente, donde pasó un año tumbada en una cama articulada, con un dolor de 10 sobre 10. Ni la morfina le aliviaba. Era como si le “clavasen cuchillos en la espalda”, una sensación constante que no desaparecía en ningún momento del día. Ahora se ha reinventado en redes, donde el nombre de su perfil lo dice todo: laotracaradeldolor, y ha encontrado un sentido para seguir adelante a través de la divulgación de esta enfermedad “invisible”, que afecta a una de cada cuatro personas en España, según el Observatorio del Dolor de la Universidad de Cádiz.


Hasta el mismísimo Stephen King se ha preguntado cómo nos puede gustar el terror: “Me preguntan por qué escribo lo que escribo, por qué la gente quiere leerlo y va al cine para verlo. ¿Por qué hay personas dispuestas a pagar por sentirse extremadamente incómodas?”, plantea en su ensayo Danza Macabra (Valdemar). Cuando leemos un libro o vemos una película de terror, como quizás hayamos hecho esta semana de Halloween y Todos los Santos, muchas veces experimentamos emociones negativas: miedo, inquietud, en ocasiones incluso asco o angustia. Sin embargo, llenamos salas de cine, devoramos libros y acudimos a clubs de lectura y festivales de cine especializados en terror. ¿Por qué lo pasamos de miedo con el miedo?
A principios de los 80, tras el éxito de Carrie y El resplandor, Stephen King ya estaba cansado de que le preguntaran por qué escribía historias terroríficas. “¿Por qué tiene la gente semejante interés en mi interés… Y en el suyo propio?”, se pregunta en Danza Macabra, publicado en 1981 (y reeditado en 2024 en España por Valdemar). “Creo que, más que otra cosa, es porque todos tenemos un postulado enterrado en nuestras mentes: que sentir interés por el horror es malsano y aberrante”. En este gigantesco ensayo, en el que King hace un repaso histórico y personal por la literatura y el cine de terror entre 1950 y 1980, el escritor apenas se detiene a responder a estas preguntas. Como respuesta, remite a un ensayo anterior, publicado en El umbral de la noche, su primer libro de relatos: “No tengo el más mínimo interés en recalentar ese viejo guiso en estas páginas, si están interesados, les recomendaría que lo leyeran”.
Aquí va un tupper de ese guiso: la idea de King en los 70 es la que han seguido defendiendo muchos escritores desde entonces, que el miedo en la ficción nos ayuda a lidiar con nuestros miedos reales. “Cuando usted lee una obra de horror, no cree realmente lo que lee”, escribe. “No cree en vampiros, hombres lobos, camiones que arrancan repentinamente y que se conducen solos. Los horrores en los que todos creemos son aquellos sobre los que escriben Dostoievski, [Edward] Albee y [Ross] Macdonald: el odio, la alienación, el envejecimiento a espaldas del amor, el ingreso tambaleante en un mundo hostil sobre las piernas inseguras de la adolescencia. En nuestro auténtico mundo cotidiano somos a menudo como las máscaras de la Comedia y la Tragedia, sonriendo por fuera, haciendo muecas por dentro. En algún recoveco interior hay un interruptor central, tal vez un transformador, donde se conectan los cables que conducen a esas dos máscaras. Y es en ese lugar donde el relato de horror da tan a menudo en el blanco”.

A principios de mes, Zaragoza fue designada Capital Verde Europea por la Comisión Europea. Es un reconocimiento a varias décadas de apuesta por políticas locales medioambientales, según explica su alcaldesa Natalia Chueca (50 años, Zaragoza). Pero también supone que la cuarta ciudad más poblada de España deberá poner en marcha un programa para 2028 que afiance un proyecto centrado en la lucha contra el cambio climático y la adaptación a los impactos del calentamiento. La regidora del PP recibió hace una semana a EL PAÍS en su despacho del Ayuntamiento, en la Plaza del Pilar.

