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Alrededor de las seis y media de la mañana del pasado 28 de octubre Miguel Barreno López, ciudadano español, se dirigía en su coche a la fábrica de comida india en la que trabajaba cerca de la ciudad de Carol Stream, a las afueras de Chicago. Lo acompañaban tres personas más, todas ellas nicaragüenses. De repente, se les acercó un vehículo y los obligó a parar. Barreno intuyó enseguida lo que estaba pasando. “Estos no son de la policía”, pensó para sus adentros. Eran agentes del ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, por sus siglas en inglés), las unidades parapoliciales a las que la Administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado carta blanca para perseguir y detener a extranjeros en situación irregular. Así comenzó “un infierno” cuya salida empezó a entrever tras denunciar su abandono en una llamada telefónica a EL PÁIS.


A Carmen Romero (Sevilla, 79 años) no paran de reclamarla para que participe en actos de las agrupaciones del PSOE en la campaña andaluza. Romero fue miembro de la Federación de Enseñanza de UGT, diputada por Cádiz (1989-2004) y eurodiputada (2009-2014). Estuvo casada con el expresidente del Gobierno Felipe González. Cree que la derecha se aprovecha de las críticas de González y Alfonso Guerra contra el presidente Pedro Sánchez. “La derecha utiliza esta situación. Ellos ven que hay una división, una actuación particular de algunos líderes en contra de Pedro Sánchez y es evidente que lo utilizan”.


De forma inconsciente, Mario Rielo adoptaba ciertas posturas para que no se notara su malformación pectoral. En la playa, en la piscina, cuando se quitaba la camiseta, levantaba un brazo y se tocaba la nuca. El gesto estiraba el pecho, igualaba un poco la silueta, disimulaba la hendidura que tenía en un lado del tórax desde niño. “Me di cuenta con los años. No lo hacía pensando: no quiero que se me note esto. Directamente lo hacía”, cuenta ahora, cuatro meses después de la cirugía de reconstrucción que le hicieron en el hospital Gregorio Marañón de Madrid, con una prótesis a medida hecha en su laboratorio 3D.


Hace 20 años Marbella saltó por los aires. Desde entonces, nada es lo mismo en la Costa del Sol. La Operación Malaya contra la corrupción urbanística acabó con un sistema de incumplimiento sistemático de la legalidad que nació con la llegada de Jesús Gil a la alcaldía y acabó con la detención de un centenar de personas. Aquel trabajo policial supuso la disolución del Ayuntamiento, primera y única vez que esto ha sucedido en democracia. También un antes y un después para todo el litoral malagueño, que dos décadas más tarde ha conseguido liberarse de la imagen de corrupción, pero se enfrenta a nuevos retos ante un crecimiento que parece infinito. Entre ellos, la escasez de recursos naturales, los problemas de movilidad o el crimen organizado. De fondo, la falta de vivienda y la masificación turística, que va ya mucho más allá del verano en estos casi 150 kilómetros de urbanización continua donde viven 1,3 millones de personas. Y cuyo nuevo centro de gravedad se ha desplazado hacia Málaga, paradigma de este litoral.



Quejarse puede salir caro en una residencia de mayores en Madrid. Lo sabe, al menos, una docena de usuarios y familiares que denuncian que han sido expulsados o sancionados tras protestar por las malas condiciones en las que viven en estos centros. La solución casi siempre es la misma: amenazas de traslados forzosos que en algunos casos se han terminado concretando, según familias y asociaciones en defensa de los residentes, que interpretan estas medidas como “represalias” por visibilizar ―a veces públicamente, a veces solo ante la dirección del centro― el deterioro que sufren estos centros. La situación se ha convertido en una especie de patrón, pero las residencias se desmarcan y se escudan en supuestos incumplimientos del régimen interno disciplinario por parte de los residentes o familiares involucrados y niegan rotundamente cualquier tipo de venganza.
Khoudia Diop tiene 26 años y lleva en un matrimonio a distancia desde los 17. Ella vive en Léona, un pueblo en el noroeste de Senegal; él, en Catania, en Italia, donde ahora vende productos en los mercados. Sus padres se encargaron de los preparativos antes de que partiera a Europa en 2008. Él solo regresó una vez, en 2023. “Nos las arreglamos, pero no es fácil”, admite Diop, que ha sacado un momento, en medio de sus múltiples tareas domésticas en casa de sus suegros, para hablar con este diario. Su caso no es la excepción, sino, más bien, la norma en el pueblo y, en general, en la región de Louga, profundamente marcada por la migración. La Oficina de Acogida, Orientación y Seguimiento de Senegal (BAOS, por sus siglas en francés) calcula que casi el 56% de los hogares de Louga tienen al menos un miembro de la familia viviendo en el extranjero. En 2024, alrededor de 740.000 senegaleses se habían marchado del país.
La salida de Emiratos Árabes Unidos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la semana pasada, es una señal de la situación imposible en la que el doble bloqueo del estrecho de Ormuz ha colocado a los países del Golfo. Necesitada de divisas —es el primer país de la región que ha pedido ayuda a Estados Unidos—, la monarquía árabe da una señal a los compradores: cuando el petróleo vuelva a fluir, venderá cuanto pueda exportar al precio que sea, sin coordinarse con el resto del cártel. Pero las implicaciones de la espantada van más allá de un problema comercial.
“Los protagonistas de 1914 eran como sonámbulos, vigilantes pero ciegos, angustiados por los sueños, pero inconscientes ante la realidad del horror que estaban a punto de traer al mundo”. Así presentaba Christopher Clark Sonámbulos, magnífica obra sobre cómo Europa fue hacia la Gran Guerra. El libro recorre con minuciosidad ese cómo, escudriñando los movimientos de los diferentes líderes políticos y sus mensajes inexactos, que buscaban atraer la opinión pública de sus países y contribuyeron a una locura colectiva donde miles de personas vitoreaban la guerra antes de la guerra, todavía ajenos a su horror. La suma de decisiones y acciones de un momento, alimentadas durante años con miedo, inseguridad y venganza, abrieron paso al odio y terminaron desencadenando la guerra.

Es posible que les haya llegado la noticia de que EL PAÍS celebra su 50º aniversario. Enhorabuena por ello. Como yo era un niño repelente, empecé a leerlo desde el primer día; siempre estaba en mi casa. Y ya cogí el hábito. No voy a endilgarles otro artículo nostálgico al respecto. Más bien, quisiera aprovechar la ocasión para reflexionar brevemente sobre algunas ideas que fueron populares e influyentes en algún momento de los últimos 50 años, pero que, con el paso del tiempo, se demostraron equivocadas. Es un ejercicio de sano escepticismo, pues nos previene frente al exceso de confianza en nuestro propio conocimiento de la realidad social.