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Lo más insoportable de un sector de la jerarquía de la Iglesia católica española es su intento de transferir a las víctimas la culpa por los delitos de pederastia que han asolado la historia de la institución. El último caso es el del antiguo obispo de la diócesis de Tenerife, quien aseguró haber sido “provocado” por adolescentes, chicos y chicas de 13 y 14 años, a cometer abusos sexuales. Cuando algunas de esas víctimas denunciaron a su vez la actitud del obispo, la jerarquía, en lugar de actuar contra él y proceder a denunciarle a su vez ante la Fiscalía, se limitó a trasladarle a otra diócesis, tal y como puede hacer, de acuerdo con la legislación actual.

En toda Europa y más allá, la democracia se percibe frágil. Las instituciones siguen en pie. Se celebran elecciones. Los tribunales funcionan. Sin embargo, algo más profundo se está erosionando.
Todavía no ha cumplido 15 años y Harper Beckham, la hija menor de David y Victoria Beckham, ya tiene definido su primer gran proyecto en el mundo profesional. Tal y como recoge la prensa internacional, la familia Beckham estaría preparando el lanzamiento de una marca de belleza bajo el nombre de su hija pequeña. Se llamará HIKU by Harper, estará inspirada en la cosmética coreana y orientada a la generación Alpha, el grupo de edad de los nacidos entre 2010 y 2020 al que pertenece la propia Harper. Según se hicieron eco hace unos meses tabloides como The Sun, la compañía H7B Limited (creada en 2024 para desarrollar proyectos bajo el nombre-marca de Harper Seven Beckham) realizó dos solicitudes de registro de marca para HIKU by Harper el pasado octubre. Si bien la familia no se ha pronunciado al respecto, lo cierto es que Victoria Beckham lleva largo tiempo dando pistas del interés de su hija por el mundo de la belleza. “Ir a Space NK [cadena británica especializada en productos de belleza] es su actividad favorita después del colegio. Si le va bien en un examen, la llevo al que está cerca; es su lugar favorito. Está obsesionada”, reveló en una entrevista a The Times en 2023. Además, desde hace un tiempo, Harper se deja ver de vez en cuando en las redes sociales de su madre realizando tutoriales y usando productos de Victoria Beckham Beauty, la firma cosmética que la excantante fundó en 2019. La enseña estaría valorada ahora mismo cerca de los 700 millones de dólares, tal y como publicó Forbes en enero de este año, citando fuentes de la agencia Reuters. Quizá los Beckham busquen replicar el éxito del sello cosmético de Victoria con el proyecto de Harper, para muchos la futura heredera de la marca Beckham, y hacer de ella la Kylie Jenner o Hailey Bieber de la generación Alpha. Ellas son mujeres emprendedoras en el ámbito de la cosmética que han contado con la mejor carta de presentación posible, su apellido y los infinitos contactos que les proporciona su privilegiada posición. Y es que, la lista de celebridades que ha buscado hacerse sitio en el mercado beauty con una marca propia es muy extensa, y si bien muchas firmas han languidecido y han terminado por cerrar olvidadas por el público (la última, la de Gwen Stefani), otras tantas han permitido engrosar las ya de por sí abultadas cuentas bancarias de sus fundadoras. Rare Beauty, la marca de Selena Gomez tiene un valor estimado de 2.700 millones de dólares. Hailey Bieber vendió su marca Rhode por más de 1.000 millones de dólares a la compañía ELF Beauty en mayo de 2025 y Kylie Cosmetics, de Kylie Jenner, permitió a la empresaria embolsarse más de 600 millones de dólares cuando vendió el 51% de la compañía a Coty en 2019. Pero hay una gran diferencia: en el caso de Gomez, tenía 28 años cuando lanzó la compañía, Bieber tenía 25 y Kylie 18 cuando sus labiales revolucionaron el mercado. Harper Beckham es mucho más joven y se dirige a un público mucho menor y en un contexto diferente.

La tarda del 26 de maig de 1936, a tocar del nucli urbà de Viladrau, s’oficia el funeral del noucentisme. Eugeni d’Ors no hi és ni se l’espera, i Josep Carner i Jaume Bofill i Mates/Guerau de Liost tampoc no hi són, però de fet eren protagonistes. El poeta i polític Bofill i Mates havia mort feia tres anys, i l’acte impulsat per la Generalitat republicana, amb el conseller de cultura Ventura Gassol present, era un homenatge a qui havia convertit el poble del Montseny en un pulmó cultural. Enmig del bosc s’havia enjardinat una zona entorn de la font de l’Oreneta. El disseny era de Joan Mirambell, i hi havia dues esteles de Joan Rebull cobertes amb una senyera. En una, versos de Guerau dedicats a la font; en l’altra, un dístic de Carner en memòria del seu amic. S’hi congregaren escriptors que havien donat profunditat lírica al projecte d’institucionalització nacional més sòlid de la Catalunya contemporània. S’inaugurava aquell espai, s’acabava una època. Al cap d’un mes i mig comença la guerra. Durant la sessió es va repartir un opuscle en què s’explicava qui havia imaginat l’homenatge: un poeta, traductor i crític que es guanyava la vida a la impremta de la qual era copropietari. Marià Manent. Hi era i no es va fer notar, com si fos una ombra. Als 37 anys, a punt de tenir el tercer dels seus quatre fills, el catòlic i petitburgès Manent vivia amb la seva dona en un pis al carrer Craywinckel a Sant Gervasi. Era un edifici d’aspecte modernista on residia el seu amic Jaume Bofill i Ferro, crític i traductor que havia descobert Viladrau a Manent. Aquest altre Bofill —parent de Bofill i Mates— era propietari d’un casal enclotat a les Paitides, un dels vessants més fèrtils de la cara nord del massís. Havia servit per conservar-hi plantes medicinals. És Ca l’Herbolari.
El dato se ha convertido en oro en la era de la transformación digital. Su potencial en forma de beneficios es enorme para la economía, los negocios y la sociedad. Y puede ser mucho mayor si se comparte a través de ecosistemas diseñados en un entorno de soberanía, confianza y seguridad. La Unión Europea ha apostado por ello y ha situado el desarrollo de espacios de datos como una de las prioridades estratégicas para reforzar su soberanía digital y competitividad en la economía global.
“En un restaurante me llegaron a explicar que lo que estaba comiendo eran unas hierbas casi milagrosas que habían sobrevivido a un incendio ocurrido hacía algún tiempo”, relata un gastrónomo para ilustrar una realidad cada vez más frecuente: el exceso de explicaciones en torno a lo que contiene un plato. Durante años, la alta cocina ha cultivado una liturgia propia: espacios únicos, iluminación cuidada, vajillas de diseño que realzan cada pase y, como prólogo a cada bocado, un discurso detallado sobre el origen del producto, la técnica empleada o la idea que inspiró al cocinero. Ese relato, concebido para enriquecer lo que llega a la mesa, empieza ahora a generar resistencia entre un número creciente de comensales.
Un Mercedes de gama alta se detiene en la puerta del hotel Hilton de Bangkok, a orillas del río Chao Phraya. Una pareja de ejecutivos vestida, tanto él y ella, con trajes de marca y maletines de diseño italiano desciende del vehículo. A su alrededor se elevan otras torres de rascacielos que albergan más hoteles de lujo (Shangri-La, Lebua, Mandarin Oriental, Sukhothai), oficinas acristaladas y sedes de compañías multinacionales. Junto al Hilton, bajo la fachada que da al río, hay un embarcadero del que salen pequeñas lanchas que se dirigen a la otra orilla, a Thonburi, el barrio histórico de la capital de Tailandia. Allí no hay calles, solo canales de aguas estancadas; las casas son palafitos de madera y chapa, la gente vive en cuclillas sobre esteras vegetales y se comercia aún desde piraguas atestadas de todo tipo de productos que manejan mujeres protegidas por un gorro de paja de arroz. Un siglo de distancia entre una orilla y otra del mismo cauce. Así es Bangkok, la reina de los contrastes.
Afianzar el hábito lector en la infancia es un trabajo diario, tanto como hacer deporte para estar sano o lavarse los dientes para prevenir caries. Pero no es un esfuerzo que los niños deban hacer solos una vez que comienzan a tener fluidez, sino todo lo contrario. “Cuando los menores empiezan a leer, sobre los seis años, no son autónomos; somos los adultos quienes debemos transmitirles el gusto por la lectura”, sostiene Nadina Gómez-Merino, doctora en Lectura y Comprensión e investigadora del grupo ERI Lectura, de la Universidad de Valencia, dedicado a promover el estudio de la lectura.
Esta semana se ha inaugurado una exposición muy especial que une la botánica y el arte a través de las obras del Museo del Prado. El lugar es el palacete medieval del CaixaForum de Girona, que imprime una marcada personalidad a las salas, en las que se crean espacios acogedores y coquetos. La propuesta surge de la fructífera colaboración entre la Fundación La Caixa y el Prado, que en el pasado ha generado otras exposiciones tan relevantes como Arte y Mito. Los dioses del Prado o la reciente Rubens y los artistas del Barroco flamenco. En esta ocasión, el título elegido es el de La botánica en el arte. Las plantas en las colecciones del Museo del Prado.

Al estilista de las estrellas le gustaría estar en cualquier otro lugar que no fuera frente al periodista, cara a cara en la desangelada estancia de un hotel. Pero el estilista de las estrellas resulta que es una celebridad por méritos propios y su práctica —su “arte”, dirá en un momento dado— es objeto de exposición. “Es la primera de estas características, nunca se le había dedicado una muestra al estilismo como actividad”, afirma Tom Eerebout (Bélgica, 37 años). Y, de alguna manera, tiene razón: cierto que Isabella Blow, Grace Coddington o Edward Enninful han sido sujetos de retrospectivas y, por tanto, también sus trabajos, pero el relato de vestir personalidades contado desde la distancia profesional todavía no había conquistado vitrina museística alguna.

