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La salida de vía de un tren de alta velocidad de la operadora Iryo (6189 Málaga-Madrid) el pasado domingo, invadiendo el gálibo de la contraria (vía 2) a las 19.43 horas, deja algunas evidencias y muchas incógnitas, que tratan ahora de despejar los miembros de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF). El Alvia de Renfe (2384 Madrid-Huelva) que viajaba de frente no puede eludir de ningún modo el choque, nueve segundos después de que descarrilara el primer convoy, y salir despedido hacia un terraplén de cuatro metros de profundidad. El siniestro deja 45 víctimas y decenas de heridos.
Recuerda los minutos previos al accidente de tren, pero los que siguieron están en negro. Y cuando despertó, todo era una pesadilla. Todavía retiene en su memoria la película que estaba viendo en la pantalla de su móvil, mientras iba el pasado domingo en un asiento del tren Iryo destino a Madrid donde trabaja como funcionaria. Recuerda también las vibraciones que sintió, los saltos del asiento, el tambaleo. Después de eso, tan solo una consecución de imágenes sueltas que describe como terroríficas. Tras la colisión, perdió la conciencia. Cuando la recuperó, el coche estaba tumbado; y la ventanilla que había estado durante el trayecto pegada a su brazo izquierdo, estaba ahora en el techo. Rosa, que prefiere no dar su nombre real para preservar su privacidad, es una de las personas que continúan ingresadas en el Hospital Reina Sofía de Córdoba.
Leo que hay treinta propios contratados para espolear el voto a Sirât en los Oscar; treinta “relaciones públicas”, rezaba el titular. Ojalá la película se los lleve. Muy a favor de que el cine español gane premios. Pero lo interesante de Sirât, más allá que la propia película, es el personaje que nos ha descubierto.

La descomunal derrota de los ejércitos napoleónicos en Rusia en 1812 obligó al emperador Bonaparte a retirar parte de sus fuerzas de España para enviarlas al centro de Europa. Esta situación fue aprovechada por la alianza hispano-británica en la larga guerra que se venía librando en España desde 1808. El contrataque aliado desde el frente levantino abrió la posibilidad de avanzar para intentar reconquistar Barcelona. Por eso, en el puerto de Ordal (Subirats, Barcelona), a unos 40 kilómetros de la capital catalana, se desarrolló una “feroz” batalla entre franceses y aliados. Hasta ahora solo se tenían datos de este enfrentamiento por fuentes escritas. Pero los resultados de los análisis arqueológicos llevados a cabo por Pablo Carrasco Gómez, doctorando de la Universidad de Barcelona, muestran un panorama que se aleja del romanticismo que envuelve muchas veces a las guerras napoleónicas: la lucha se realizó cuerpo a cuerpo, a bayonetazos y utilizando los fusiles como garrotes, mientras “los supervivientes arrastraban a los heridos para sacarlos del campo de batalla en un ambiente nocturno y caótico”.



Guatemala atraviesa un momento en el que el Estado está siendo puesto a prueba no solo por la violencia criminal, sino por la fragilidad acumulada de sus propias instituciones. La oleada en enero de motines carcelarios y asesinatos de policías no es solo un desafío de seguridad: recuerda hasta qué punto la corrupción, la captura del sistema judicial y el abandono social han erosionado la autoridad pública durante décadas. El Gobierno de Bernardo Arévalo se enfrenta hoy a las pandillas, pero también a un país que heredó un Estado deliberadamente debilitado.
La historia, a veces, se repite por pura malicia. Por ejemplo, en 1898 Estados Unidos decidió ayudar a Cuba en su larga lucha para independizarse de España y ganó. Los cubanos se mostraron agradecidos, pero no fueron libres todavía. Las tropas norteamericanas controlaban la isla, y Estados Unidos se negó a retirarlas hasta que Cuba aceptara ocho condiciones que presentó el senador Orville Platt en 1901 al Congreso. Las cláusulas más importantes de la denominada Enmienda Platt estipulaban que Cuba debía arrendar terrenos a Estados Unidos por tiempo indefinido para que construyera bases navales (de ahí Guantánamo), que no podía firmar tratados con otros países y que EE UU se reservaba el derecho de intervenir militarmente en la isla, para proteger la independencia cubana o mantener un Gobierno estable, cosa que hizo en cuatro ocasiones hasta que, en 1934, se derogaron las humillantes condiciones (pero no el arrendamiento de Guantánamo). El secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de exiliados cubanos, debe de saberse de memoria la Enmienda Platt: el texto quedó grabado en el corazón de todos los isleños, fomentó su ferviente nacionalismo y, durante décadas, contribuyó a que muchos de ellos estuvieran dispuestos a tolerar a Fidel Castro porque era quien se atrevía a desafiar a Estados Unidos.
El accidente de Adamuz nos ha conmocionado al recordar que debajo de las cifras se mueve o se paraliza la vida de muchas personas. Mientras aumentaba el número de fallecidos, hasta llegar al horror de los 45, veíamos las lágrimas de una madre que había perdido a su hijo, la conmoción de los hermanos que estaban a la espera de reconocer un cadáver o la tristeza que una pérdida puede producir en un barrio o en los compañeros de un centro de trabajo. Las vidas particulares afectan a muchas vidas y nos hacen tomar conciencia de la vulnerabilidad humana y de las responsabilidades. ¿Cuáles son las causas de este maldito accidente? Resulta difícil mirar para otro lado cuando el dolor se convierte en una pregunta que llueve sobre nosotros.
La Transición española orbita en torno a dos fechas. La primera, y más obvia, es 1978. Los antiguos griegos daban el mismo nombre al régimen que a la Constitución que lo rige, politeía, de ahí que el 78 se haya convertido en la referencia obligada. Nuestra norma fundamental fue la culminación formal de la que habría de derivarse toda nuestra arquitectura institucional tras años de dictadura.

La democracia es (o ha sido) un mecanismo que procesa institucionalmente el descontento de la ciudadanía con el Gobierno de turno. Sea el descontento justo o no, sea razonable o no, la persona decepcionada con el Gobierno puede utilizar su voto para cambiar las caras del poder. En esta visión tan descarnada del sistema, no es preciso suponer cálculos sofisticados por parte de los ciudadanos. En La conjura de los necios, Irene Reilly, la sufrida madre de Ignatius, elegía entre los candidatos presidenciales en función del cariño que demostraban hacia sus mamás. La buena señora pensaba que un mal hijo no podía ser un buen presidente. La alternancia en el poder, valor esencial de la democracia, se consigue tanto con votantes que juzgan sesudamente los logros y fracasos del Gobierno como con votantes viscerales como la madre de Ignatius.