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“Más de 600 embarcaciones tipo go-fast [lanchas rápidas], sospechosas de llevar a cabo operaciones de narcotráfico" en las costas españolas, principalmente en el Estrecho de Gibraltar, han sido identificadas por el COVAM, el principal centro de vigilancia marítima de España, dependiente de la Armada, con base en Cartagena (Región de Murcia). Así lo recoge el último Informe Anual de Seguridad Nacional, remitido al Congreso. El documento, elaborado por el Departamento de Seguridad Nacional de Presidencia del Gobierno, con aportaciones de 17 ministerios y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), no menciona la muerte de dos guardias civiles el pasado viernes, cuando perseguían a una narcolancha frente a las costas de Huelva, ya que se aprobó el 21 de abril. Sin embargo, sí advierte de que la presión policial en el Campo de Gibraltar, donde el Ministerio del Interior tiene desplegado un plan específico desde 2018, “ha modificado sustancialmente la operativa de los grupos criminales dedicados al narcotráfico”, que se han desplazado a zonas limítrofes, como la costa onubense o el Algarve portugués.


EL PAÍS lanza Cómo contar un país, un podcast conmemorativo por el 50º aniversario del periódico, que reflexiona sobre el papel del diario EL PAÍS no solo como testigo de la historia, sino también como agente activo de cambio en la sociedad. La serie recuerda cómo se contaron algunos de los grandes debates de las últimas décadas de la mano de los periodistas que los cubrieron, y mira al futuro con los protagonistas actuales de esa transformación.
Belén Remacha
Nacho Taboada
Ana Alonso
José Juan Morales
“No queremos que San Isidro sea un botellón, queremos que vuelva a ser una verbena. Con pasodobles, charangas, gente bailando y ambiente para gente de todas las edades. Nadie va a gastarse lo que cuesta un traje para sentarse en el césped”. Esto es lo que un grupo de chicas vestidas de perfectas chulapas expresan en uno de los vídeos en Instagram del colectivo MazodeMadrid, uno de los mayores representantes del ‘movimiento prochulapismo’ que agita las redes en los últimos meses. Gente joven, y no tan joven, de Madrid que está muy harta de que sus fiestas de San Isidro dejen mucho que desear. Y así desde hace años.
Hay un rasgo común en todo régimen autoritario y todo nacionalismo expansionista, y es la voluntad de reescribir la Historia para manipularla con el fin de afianzarse en el poder y hostigar a quien se le resiste. Vladímir Putin ha aplicado desde que hace 26 años llegó a la presidencia de Rusia la máxima orwelliana según la cuál “quien controla el pasado controla el futuro, y quien controla el presente controla el pasado”, y en los últimos días la ha llevado varios pasos más allá. Putin ha renombrado la academia de los servicios de seguridad rusos (FSB) en honor de Félix Dzerzhinski, padre de la temida Cheka, la antecesora directa del KGB. Coincidiendo con esta decisión, las autoridades rusas han inaugurado una exposición donde acusan a Polonia de “rusófoba”, y lo hacen precisamente en Katyn, un lugar donde en 1940 Stalin, tras pactar con Hitler, trató de aniquilar a toda la elite social, intelectual y militar polaca. Con el homenaje a la siniestra policía política de Stalin y el borrado de los crímenes de la época soviética, el presidente ruso trata de justificar lo injustificable para que los rusos acepten la represión pasada, y la presente, ante una fantasmagórica amenaza a la supervivencia del país proveniente del exterior.
El 31 de mayo de 2011, un año antes de que Corinna Larsen, los elefantes de Botsuana y el balbuceante “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir” marcaran el principio del fin de su reinado, Juan Carlos I, el pez más gordo de la pecera patria, empezó a morir por su propia boca. Ese martes, el aún incuestionable e incuestionado rey de España se encaró con los estupefactos periodistas que cubrían una audiencia rutinaria en La Zarzuela y les espetó a cámara: “A vosotros lo que os gusta es matarme y ponerme un pino en la tripa todos los días”. Andaba el hombre maltrecho ante su sexta operación de chasis y las especulaciones sobre su salud le sacaron de sus reales casillas hasta el punto de desenfundar la escopeta, sin calcular que la vieja táctica de matar al mensajero le saldría por la culata. El resto es Historia de España.
Nos importan mucho los datos. Tanto, que muchas veces trabajamos con algunos que todo el mundo sabe que son falsos, como las audiencias de televisión, o deliberadamente confusos, como las cifras oficiales de denuncias falsas por violencia de género.
Hay algo aún mejor que una buena pelea en internet: una buena pelea filosófica. Los dilemas ficticios nos permiten usar toda nuestra artillería discursiva sin que nadie salga herido, aunque cuando discutimos sobre una cosa solemos estar discutiendo sobre todas las demás. En las últimas semanas hemos asistido al nacimiento de un nuevo problema que ha interesado a cientos de miles, si no millones, de personas. La cuestión llevaba unos años circulando por los foros, y recuerda al dilema del prisionero o el del tranvía con reminiscencias de esa escena de Matrix donde Neo debe elegir una pastilla. Funciona como un experimento en sí misma, porque al plantearse la pregunta en forma de votación, los usuarios la resuelven.

Los argumentos para optar por Keir Starmer nunca fueron idealistas. Eran pragmáticos.
A nadie le gusta convertirse en contenido para memes, pero al presidente de Canarias, Fernando Clavijo, le ha sentado especialmente mal. Este martes aún se lamentaba en el Parlamento autonómico —“es un día triste para Canarias, para la democracia y para mí”—, un día después de quejarse de que el Gobierno central le había ridiculizado y llevado “a la anécdota y el meme”. Pero es que, claro, la anécdota y el meme venían de que había intentando convencer al Ministerio de Sanidad de la posibilidad de que unas ratas escaparan del MV Hondius y llegaran a nado a la costa española, dispuestas a propagar el hantavirus y dar inicio a una nueva pandemia. Todo porque se lo había dicho “la inteligencia artificial de un buscador de la web”, según contaba Carlos E. Cué en su crónica del sábado.

Las causas judiciales relacionadas con el narcotráfico a gran escala y el blanqueo de capitales asociado a estas organizaciones criminales crecieron un 32% solo entre 2023 y 2024, según cifras de la Fiscalía Antidroga. “Un dato revelador”, dice la Audiencia Nacional, en su propuesta para extender sus competencias de modo que pueda combatir más eficazmente este fenómeno.