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Cuba está definitivamente seca de combustible. El ministro cubano de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, ha anunciado este miércoles por la tarde que no les queda ni una gota de diésel ni de fueloil (combustóleo), vitales para alimentar la maltrecha red eléctrica del país, con apagones constantes y cada vez más prolongados. “No tenemos absolutamente nada de fueloil, ni absolutamente nada de diésel. Ya no tenemos reservas”, detalló el ministro en unas declaraciones en televisión. “Cuba está abierta a cualquiera que nos quiera vender combustible”, añadió sin mencionar el duro bloqueo energético impuesto por Estados Unidos, que aprieta cada vez más a la vez que mantiene una vía de negociación abierta con un castrismo que busca algún margen de maniobra mientras la población sobrevive al límite. Anoche, hubo protestas ciudadanas por los apagones en La Habana.
El conflicto entre Glovo y el Gobierno y la interpretación sobre la laboralidad de los repartidores sigue coleando en los tribunales. Un magistrado de la Audiencia Nacional ha planteado una cuestión prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para que analice un asunto que, según dice, es “imperativo” que resuelva. El magistrado de la Sala de lo Contencioso-Administrativo ha elevado sus dudas sobre si modelo autónomo con el que operó la empresa entre 2019 y 2021 es compatible con la normativa europea de tiempos de trabajo. Este sistema ya no está en vigor, dado que la empresa pasó a un modelo asalariado en 2025, pero el esquema en cuestión por el juez es el que regía entonces. Daba flexibilidad para que los repartidores rechazasen encargos y les permitía prestar servicios para empresas competidoras. Pero la autoorganización se valía de un algoritmo que premiaba a quienes más pedidos aceptaban a la hora de elegir los turnos de la siguiente quincena. Un hecho que hace al juez cuestionar si el sistema encubría una “subordinación laboral”.

El retrato de Emmanuel Macron, presidente de la República francesa, está apoyado en el suelo de cara a la pared. A dos metros, un cartel escrito a mano proclama una conquista simbólica. “Aquí empieza la nueva Francia”. Desde la ventana del despacho del nuevo alcalde, pintado de azul eléctrico, se puede ver la basílica donde reposan los restos de los reyes de Francia. Pero también las callejuelas de Saint-Denis (115.000 habitantes) donde se respira el aroma de los comercios halal, las mezquitas y las mujeres con velo. El paisaje multicultural, en suma, de la segunda ciudad de Île-de-France, la región de París, en la provincia más pobre de Francia y la que tiene más inmigrantes, un tercio de la población. Su aterrizaje aquí ha sacudido Francia. Él está tranquilísimo. “¿El retrato? Cuando llegué ya estaba así. Yo no lo he descolgado, simplemente no lo he vuelto a poner en la pared”, aduce Bally Bagayoko, flamante alcalde de Saint-Denis.

Las hazañas del espionaje de Ucrania, si son tales, llegan tarde o temprano al gran público. Allá por la segunda quincena del mes de diciembre de 2024, su servicio de inteligencia informó de que un barco ruso estaba varado en el Mediterráneo. Había sufrido, según decía, un problema en el motor. El GUR, agencia de espionaje del Ministerio de Defensa, identificó el buque como el Sparta. Según la versión entonces de Kiev, viajaba hacia Siria para transportar material militar. En ningún caso, Ucrania se atribuyó sabotaje alguno que hubiera dañado la nave del enemigo. El 23 de diciembre de 2024, el carguero, rebautizado Ursa Major —llevó en el casco el nombre de Sparta, larga familia de barcos rusos, hasta el año 2021—, se hundió a 2.500 metros de profundidad frente a las costas de Argelia y España.
La gazatí Shuruq no alberga estos días uno de esos miedos abstractos tras comprobar durante años en su propia carne que todo puede ir siempre a peor. Su temor es concreto, porque —tras siete meses de alto el fuego y con las negociaciones sobre su aplicación en peligroso punto muerto— el runrún sobre la cercanía de una nueva ofensiva terrestre de Israel resulta cada vez más sonoro.
Una poderosa voz, la de Pete Parkkonen, y una violinista igualmente intensa, Linda Lampenius, forman el dúo que se ha colocado favorito en las apuestas para ganar Eurovisión 2026. Representan a Finlandia con el tema Liekinheitin, que significa “lanzallamas” en español. De alcanzar la victoria, no solo evitaría una vez más la de Israel, temida por parte de los eurofans. Su triunfo también abriría la puerta a un escenario hasta ahora por completo improbable: que Israel decida por voluntad propia no participar en la próxima edición del certamen.

La salicornia es la versión botánica de La fierecilla domada (The Taming of the Shrew, según el título original de la comedia de William Shakespeare). Esta planta halófila (que vive en terrenos con sales abundantes) conquistó las marismas de Isla Cristina (Huelva), un espacio natural protegido que se inunda por las aguas del mar durante la marea alta y donde es ardua la vida vegetal. Allí también nació y creció Manuel Díaz Cárdenas, técnico forestal de 57 años que compagina su devoción por la naturaleza con su amor por la vida humana como experto en salvamento marítimo y voluntario. Allí se enamoró de esta planta salvaje, denostada históricamente en la zona, pero con propiedades culinarias y saludables demostradas. Díaz Cárdenas se empeñó en domar esta especie, milagrosa por los terrenos imposibles donde crece y por sus propiedades. Lo ha conseguido y su trabajo ha llamado la atención de The Smithsonian Institution, responsable del mayor complejo educativo, museístico y de investigación del mundo.


Hace días a El hormiguero se le rebeló una de las llamadas que hacen al azar para dar dinerito. Lógico, a esas horas sólo se llama si alguien está en el hospital. Que se te revire un extraño es normal, no tanto que lo haga una invitada. Pasó en Vamos a ver. Con la excusa del precio de la vivienda pretendían mofarse de una vegana que no quería compartir piso con carnívoros. Pero la muchacha, a la que se la veía paladear el momento como un guiso de seitán, tenía su propia agenda. Les acusó de ser altavoz de los discursos de odio y llamó especuladora a Ana Rosa para horror de su Eva Harrington Patricia Pardo. “Qué poco nos conoces”, replicó Pardo mientras en producción barruntaban ya la tortura medieval que le aplicarían a la redactora que había captado a la vegana díscola. Algo los conocía.
Parte con todas las encuestas en contra, pero no se permite ni un segundo de desánimo. La exvicepresidenta del Gobierno y candidata socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero (Sevilla, 60 años), apura una campaña en la que se han volcado Pedro Sánchez e históricos del PSOE como Manuel Chaves y Carmen Romero para reivindicar las siglas y llamar a ese electorado que se moviliza en las elecciones generales y no en las autonómicas. Por encima de todos los mensajes, Montero subraya uno: el próximo domingo “los ciudadanos se están jugando los servicios públicos”. Las políticas del PP y Vox, dice, “son indistinguibles”.

