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Quizá tenía que ser él, Daniil Medvedev. Un tenista complejo y verdaderamente difícil de entender, capaz de lo mejor y lo peor; en su día una amenaza real para los gigantes y desde hace tiempo dando tumbos, desnortado, decadente. Quién sabe si finiquitado. En cualquier caso, eternamente imprevisible. Así que del mismo modo que se extravió y fue perdiendo todo el color, alcanzada ya la treintena y resignado ante la llegada de la última ola, vuelve ahora al primer plano con un triunfo que le conduce a la final del Masters 1000 de Indian Wells después de una señora campanada. Él es quien pone fin a la secuencia triunfal de Carlos Alcaraz y quien acaba con su imbatibilidad: 6-3 y 7-6(3), en 1h 37m.
Pese a haber comprobado previamente su nivel, a Alcaraz le sorprendió la intensidad de Medvedev: “Nunca le había visto jugar así”. El murciano, de 22 años, destacó “la agresividad” y “la colocación” de su rival, que le exprimió en todos y cada uno de los intercambios de un duelo muy físico.
“Contra él son muy largos y tienes que poner mucha potencia en cada golpe. Eso hace que gastes energía extra en cada punto y, con estas condiciones [de calor], a veces es complicado. Me hacía correr todo el rato”, transmitió. En todo caso, negó que la climatología hubiera sido determinante.
Trató de revertir la situación en la segunda manga intentando jugar “con más altura, más bote”, pero se topó con un adversario que lejos de recular o dudar, mantuvo el rumbo de inicio a fin. “He trabajado el saque. Y lo importante es ser consistente”, indicó el ganador; “pero él y Sinner son mucho mejores que nosotros, como lo eran Djokovic, Federer y Nadal”.
El histórico entre ambos queda ahora en 6-3 favorable a Alcaraz, que restó importancia al fin de su racha: “No estaba pensando en eso, en absoluto”. Se desplazará a la costa este de Estados Unidos para disputar a partir de la próxima semana el Masters 1000 de Miami, donde hace un año cayó en la primera ronda.
Medvedev, por su parte, ofrece signos optimistas —este año ya ha conquistado Brisbane y Dubái, de donde llegó sobre la bocina— y se batirá el último día a Sinner. La rivalidad con él está muy ajustada. En concreto, 8-7 para el transalpino, consciente del peligro y la evolución de su próximo contrincante.
“Está sacando y restado genial, jugando muy profundo”, matizó; “creo que está buscando ser más agresivo y presionar más. Ha vuelto a encontrar un equilibrio”. El número dos del mundo, con algunas molestias en la espalda, precisó que el calor no está afectándole “tanto como en otras ocasiones”.
La derrota de Alcaraz, unida a su progresión en California, le permitirá recortar una cantidad sustancial de puntos en la lista mundial; de momento son 650, aunque si vence este domingo la brecha se reduciría un poco más. En concreto, quedaría en 2.150 puntos. Inició el torneo a 3.150 del líder.
Debido a la suspensión del año pasado (de febrero a mayo), a partir de ahora Sinner sumará puntos en todos los casos durante esa franja. Es decir, hasta su llegada al Masters 1000 de Roma, el escenario en el que reapareció tras cumplir el castigo.
Pocs discursos aconsegueixen trencar l’ensopiment d’una gala d’entrega de premis, però l’any 2018 Carles Rebassa va seduir els espectadors de TV3 (que encara no era 3Cat) quan va rebre el Carles Riba de poesia per Sons bruts. Era un moment especialment tens: a primera fila, la dona de Jordi Cuixart, llavors president d’Òmnium Cultural, al costat d’una cadira amb un llaç groc, i el poeta va parlar sobre fer poesia “contra els carcellers i els jutges corruptes i venjatius; contra la inacció dels governants que aixequen la senyera i amaguen la mà”. T’obligava a creure-te’l per aquella cadència de rapsode professional, amb èmfasis, anàfores i pauses per a aplaudiments on tocava: “A mi sempre m’han ensenyat que, quan tinc un micròfon al davant, només puc fer dues coses: política o poesia; i que, si puc fer totes dues coses alhora, millor”. Llavors encara no existien, però fragments del seu discurs haurien fet uns reels fantàstics. Mentre escric això, està a punt de rebre el premi Sant Jordi de novel·la, el més ben dotat de la literatura catalana, i espero no equivocar-me si asseguro que l’agrairà sense cedir a la invitació ambiental a celebrar la literatura, amb alguna proclama vistosa sobre la pèrdua de la llengua o la misèria del sector cultural.