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La Unión Europea y Canadá estrechan su relación en un mundo cada vez menos fiable. Bruselas y Ottawa negocian un nuevo marco de asociación estratégica compuesto por varios acuerdos —de energía a minerales críticos, de inteligencia artificial e investigación a integración industrial en defensa— para reducir juntos sus vulnerabilidades frente a los incesantes ataques del estadounidense Donald Trump y el avance de China. Canadá, el socio más europeo de los no europeos, aspira a “todo menos a la membresía”, señalan varias fuentes comunitarias al corriente de la negociación.

Una de las ideas zombi que más veces resucita pese a haberse demostrado falsa es que los gobiernos de derecha son buenos para la economía y los de izquierda están condenados a la ineficiencia. La razón es una concepción limitada de la economía que ignora las múltiples dimensiones de la sostenibilidad o la distribución del crecimiento. La experiencia neoliberal en muchos países aumentó el déficit público, profundizó las desigualdades, generó crisis recurrentes y dejó economías más frágiles. Con frecuencia han sido los gobiernos progresistas quienes ordenaron las cuentas que la derecha dejó debilitadas. No obstante, una parte de la izquierda ha caído en la trampa de entregar a la derecha la bandera del crecimiento, la sostenibilidad fiscal y el control de la inflación pese a que la evidencia mostraba que los había defendido mejor. Esto ha debilitado su credibilidad ante los ciudadanos que simplemente quieren trabajar, emprender y mejorar su vida.
La escalada del precio del petróleo en un 45% desde principios de julio ha devuelto la inflación y el coste de la vida a la primera línea de la agenda de este inicio de curso. Las familias llevan años soportando graves obstáculos para el acceso a la vivienda y un encarecimiento de los bienes básicos que ha golpeado con fuerza su capacidad de compra y su bienestar. Las tormentas geopolíticas y el temido impacto del fenómeno El Niño amenazan ahora con reducir todavía más su poder adquisitivo, un problema económico que acaba teniendo consecuencias políticas explosivas, como se ha visto en las recientes elecciones en Alemania.

El 10 de septiembre de 2026, el Tribunal Supremo dictó un auto que suspende cautelarmente la inscripción en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA), de quienes adquirieron la nacionalidad española al amparo de la disposición adicional octava de la Ley de Memoria Democrática de 2022. Con ello, se ha suspendido su derecho a votar. La resolución merece un análisis sereno, ajeno a la polarización. Quien suscribe estas líneas redactó en 2008, como Directora General de los Registros y del Notariado, las instrucciones que articularon por primera vez el derecho de opción para los descendientes de exiliados. Esa experiencia me impulsa a tomar la palabra.
La polarización no solo empeora nuestra convivencia: también nos vuelve más estúpidos. La agrupación tribal en bandos enfrentados tiende a eliminar los matices que deberían acompañar cualquier deliberación mínimamente informada. Lo estamos viendo estos días en el debate suscitado por la ley de nietos y por la resolución del Tribunal Supremo que suspende cautelarmente el derecho al voto de algunos de los recién naturalizados.
La escena más dura de Nuestra tierra, el documental de Lucrecia Martel sobre el asesinato del líder indígena Javier Chocobar, es el careo entre un joven de la comunidad con uno de los imputados en los tribunales de Tucumán (Argentina). El chico tenía 13 años cuando el terrateniente Darío Amín y dos expolicías armados llegaron al valle de la comunidad Chuschagasta con la intención de explotar una cantera. Los dos guardaespaldas, antiguos miembros de un grupo parapolicial local que ejecutaba “operaciones de limpieza” durante la dictadura, se enfrentan a los ocupantes y disparan un total de nueve tiros, que matan a Chocobar y hieren de gravedad a otros dos. El chico y uno de los expolicías ofrecen visiones opuestas durante el juicio sobre cómo se precipitó el ataque. Ante la imposibilidad de conciliar ambos relatos, los jueces activan un proceso en el que invitan a ambas partes a sentarse una frente a la otra y mirarse cara a cara para debatir lo que pasó de verdad.
La mano de Estados Unidos vuelve a aparecer en los procesos judiciales que enfrenta Alejandro Betancourt. Esta vez en España. El empresario venezolano, señalado como el artífice del acuerdo que dará a Donald Trump el control de una quinta parte del petróleo venezolano, lleva más de un año investigado por la Audiencia Nacional española por blanqueo de capitales y evasión fiscal. Pero la causa está paralizada desde hace meses y las fuentes de la investigación señalan a EL PAÍS un responsable: Washington.

Hay un puñado de cosas que obsesionan a Elaine Vilar Madruga, a saber: el deseo, la violencia, la memoria, la tierra, la maternidad. Cuando la cubana se sienta a escribir, esas “raíces fundamentales”, en sus palabras, la acompañan en cada página. “Intento hacer una fotografía de la realidad y la realidad está basada en todas esas coordenadas”, dice la autora, que se ha convertido en una estrella literaria por su forma de anudar los horrores íntimos y políticos con un realismo mágico que continúa renovándose a lo largo y ancho del continente. La escritora se siente heredera de esa tradición y le ha dado rienda suelta en varias de sus novelas, pero cuando cierra los ojos y se enfrenta al acto de creación, en lo que está pensando es “en el mundo que está ahí afuera”, tome la forma que tome dentro de la ficción. Es ese mundo voraz el que tenía en mente cuando escribió La piel hembra (Alfaguara), su última novela y el libro con el que cierra un exitoso ciclo que comenzó hace cinco años con La tiranía de las moscas.



Tesh Sidi (Campamento de refugiados de Tinduf, Argelia, 32 años) es ingeniera informática, activista y diputada de Más Madrid, dentro de Sumar, en el Congreso. De formas siempre amables y muy activa en las redes sociales, llegó a la política institucional para impulsar la ley que devuelve la nacionalidad española a los nacidos en el territorio del Sáhara Occidental cuando era colonia española. La norma obtuvo la luz verde de la Cámara baja el pasado jueves, en un ambiente menos crispado de lo que suele ser habitual en el hemiciclo. Tras este logro, como vicepresidenta segunda de la Comisión de Economía, Comercio y Transición Digital, cree que toca abordar el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral y no duda cuando sentencia que “la IA es más peligrosa que el fascismo”.