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El empanadico (empanadón, si vas a la zona de la Franja, o pastillo si estás en Barbastro) es uno de esos obsequios por los que viajeros y visitantes que suben o bajan del Pirineo se desvían de la vía principal. Un dulce tradicional que pasó de las casas a las panaderías y, aunque todavía muchas familias tienen la costumbre de hacerlo en época navideña, casi toda la producción queda en manos de los hornos que lo siguen preparando durante todo el año.
Altos directivos y consejeros de Estée Lauder, entre ellos varios miembros de la familia fundadora del grupo cosmético, afrontan diversas demandas en tribunales de Nueva York y Delaware (Estados Unidos) acusados, entre otros puntos, de enriquecimiento ilícito o mala gestión grave. Se trata de otro frente judicial abierto en la compañía que busca fusionarse con la española Puig, y que en abril pactó zanjar una causa en la que estaba acusada de publicar información financiera falsa. Dicho acuerdo, aún preliminar, está valorado en 180 millones de dólares, como publicó CincoDías el pasado jueves.
Con la fuente de Canaletas, lugar icónico de celebración del barcelonismo, totalmente vallada y cerrada por las obras de reforma desde hace meses de La Rambla, los aficionados improvisaron. Llenaron las calles de Barcelona, pero no se marcharon muy lejos de la fuente. A escasos metros de ella, conectando con el inicio del mítico paseo de la Ciudad Condal, miles de aficionados del Barça, en su mayoría grupos de jóvenes, se congregaron en Plaça Catalunya —rodeada de furgones de Mossos d’Esquadra— para celebrar con pasión y fuegos artificiales el título de liga tras la victoria ante el Real Madrid. La plaza quedó teñida de azulgrana.
Le está pasando el partido por encima a Bellingham, dijo alguien, supongo Carlos Martínez, en la retransmisión. Claro. Pero el partido le estaba pasando por encima a la temporada del Madrid, toda ella entera, rota no por asuntos del juego, que es lo pertinente, sino por asuntos relacionados con el ánimo, la conducta, el comportamiento: la temporada se echó por la ventana en el momento en que los jugadores principales no es que renunciaran a la calidad, sino a las ganas de exhibirla por cuestiones internas de si el entrenador les gustaba o no. Como si, con la inercia, cuando el entrenador les gustase fuesen a jugar bien porque ellos son así. Nadie es así en la élite, ya no.