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Nuria S. tiene 31 años, trabaja como enfermera en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid y comparte piso porque asumir el alquiler ella sola consumiría casi la mitad de su sueldo. A más de 200 kilómetros, Julián L. conserva junto a sus hermanos la casa de sus padres en un pueblo de Soria. Lleva años vacía. Nadie quiere comprarla porque además necesita reformas, alquilarla tampoco resulta sencillo y la familia nunca termina de ponerse de acuerdo sobre qué hacer con ella. Entre ambos polos opuestos se resume una de las mayores contradicciones del mercado inmobiliario español. El Banco de España calcula que el país acumula un déficit de 750.000 viviendas, pero esa escasez no es generalizada. Cuando se observa dónde falta y dónde sobra, la fotografía arroja dos escenarios residenciales. La prueba es que la falta de casas que registra Madrid equivale a la de las 30 provincias con menor presión inmobiliaria del país. Y seis provincias (Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante, Murcia y Málaga) concentran más de la mitad del déficit.

A falta de esclarecer todavía muchas incógnitas del desastre del incendio de Los Gallardos (Almería), donde se contabilizan al menos 12 fallecidos y hay 23 personas sin localizar, hace años que se venía anunciando una tragedia de este tipo con múltiples víctimas por el fuego en el país. Así lo recuerda Víctor Resco (46 años, Baracaldo), ingeniero de Montes y profesor de la Universidad de Lleida, que acaba de realizar un estudio para la Real Academia de Ingeniería (RAI) en el que se advierte de que España afronta una transformación sin precedentes en el comportamiento de los incendios forestales.

La historia parece de telenovela, pero ocurrió en Vigo. Una pareja tenía listo el divorcio, solo faltaban las firmas. Por un giro del destino —o del guion—, la mujer y su esposo empezaron a ver La reina del flow, una serie que mezcla el melodrama de los culebrones con el reguetón. Esto los “volvió a unir”. O eso contó la fan a algunos de los protagonistas de esta producción colombiana que Netflix llevó a hogares de todo el mundo. Ahora, dicen ellos, han “atravesado los píxeles de la pantalla y la resolución HD”. Han “saltado al escenario” con una gira por España que abarrota algunos de los principales recintos del país y ya supera 120.000 entradas vendidas. Una historia que, esta vez, sí salió de la televisión.




Un millón largo de euros no es mal precio por vaciar un trastero. El del diseñador belga Martin Margiela quedó este jueves 9 de julio limpio de polvo y paja, adjudicado bajo el martillo de Maurice Auction, la casa de subastas parisién que mejor maneja la venta de colecciones privadas de moda al mejor postor desde 2024, en una dispersión que deja nuevos hitos para los anales de las pujas públicas. Se trata de la primera gran subasta del archivo personal de un creador de relevancia aún vivo, o eso quieren creer sus organizadores. El resultado ha sido un pleno absoluto, lo que los expertos llaman white glove sale (venta de guante blanco), el remate perfecto en el que se despacha el 100% de los lotes, prueba del furor desatado por las piezas a colocar. “Organizar esta subasta y trabajar con Martin Margiela ha sido un proyecto excepcional con una huella que se prolongará en el tiempo”, concedía Salomé Pirson, fundadora de Maurice Auction junto a Marie-Laurence Tixier y martillera para la ocasión. Y tanto: 1.385.020 euros de recaudación que pulverizan la conservadora estimación de 412.000 inicial y la constatación de que el residuo ya es el activo favorito de los inversores.



J Kbello (Cádiz, 28 años) casi muere al nacer. El cantante cogió una mononucleosis en la cuarentena y estuvo malísimo durante mucho tiempo. De sus primeros cinco años de vida solo se acuerda de las recaídas, las constantes visitas a los médicos y la preocupación de su madre. Pero un día se curó, empezó a bailar y ya no paró. “Me llamaban maricón porque me gustaba bailar. Me lo decían constantemente y a mí me daba igual”, recuerda de su infancia en la Barriada de la Paz, histórico barrio obrero gaditano. “En Andalucía se usa mucho el ‘maricona’ como insulto, pero para mí nunca ha sido algo despectivo. Nunca me ha parecido un insulto que me llamen maricón porque me crié en una familia muy abierta. No me lo decían con maldad, me lo decían porque era lo que oían en sus casas”.

Hace 10 años, la periodista y escritora turca Ece Temelkuran (Esmirna, 53 años) le dijo a su madre la fatídica frase que ningún inmigrante quiere pronunciar: “Mamá, no voy a volver a casa”. Llamaba desde Zagreb y desde ese mismo momento sintió que se había convertido en una persona sin hogar. En 2016 abandonó Turquía, un país cada vez más autoritario, para poder vivir, escribir y pensar en paz. Durante todo este tiempo se ha visto abocada a moverse por distintos países europeos con la constante sensación de no pertenecer, de tener las raíces expuestas al aire frío de lo ajeno. Después de publicar Cómo perder un país y Juntos, Temelkuran ha escrito La nación de los extraños (los tres, editados por Anagrama), su libro más personal y en el que repasa el sentimiento de exilio, pero también advierte: esto también te puede pasar a ti, tú también puedes perder tu casa de un día para otro.
Decía George Orwell que, por mucho que se niegue la verdad, la verdad sigue existiendo. El papel preponderante de la ideología dogmática en esta nuestra sociedad actual creo que debe ser motivo de preocupación. En los extremos, cada vez más abundantes y convergentes, el conocimiento especializado no existe. ¿Podríamos haber imaginado no hace tanto tiempo que, en los supuestos países más avanzados del mundo, se iban a nombrar secretarios de gobierno que son anticientíficos?
Hoy hace justo un año que el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia dictó una sentencia histórica para toda Europa. Por primera vez un tribunal reconocía la vulneración de derechos fundamentales que supone la falta de acción de las administraciones frente a la contaminación procedente de la ganadería industrial. Entre ellos el derecho a la salud, la vida, al agua, la integridad física y la propiedad privada.

¿Son suficientes las leyes científicas para explicar cómo funciona el mundo? Nancy Cartwright (Estados Unidos, 81 años) lleva más de medio siglo cuestionándose si realmente lo hacen. La filósofa se ha dedicado a observar qué ocurre cuando esos principios se enfrentan a casos concisos en el terreno de lo real: en hospitales, en la economía o en las políticas públicas de los gobiernos.

Teo Lucadamo (Alicante, 25 años) es hermano mayor, igual que otros son, claramente, hijos únicos. Tiene el don de gentes y los buenos modales propios de los primogénitos, se le nota cierta responsabilidad. Cuando llega Bruna, su hermana pequeña, el cantante pega la oreja a la puerta para escuchar sus respuestas al cuestionario de ICON. Ella lo hace excelente y él termina tranquilo su trozo de empanada. En la sesión de fotos se miran y les entra la risa floja. “Mi hermana se lo curra un puto huevo y tiene muchísimo talento”, dice. “¡Pero qué raro se me hace estar los dos aquí!”