Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Salwa al Raslan nunca imaginó que su camino de regreso a casa desde la escuela terminaría de esa manera. La niña, de siete años, tropezó y cayó al suelo. En el impacto, la prótesis que reemplazaba la pierna que había perdido a principios de 2025, cuando explotó una mina terrestre, se rompió. Durante semanas, permaneció sentada junto a la ventana viendo cómo otros niños iban a la escuela, mientras su discapacidad le impedía moverse con libertad.
Mirar hoy al horizonte desde los castillos de Íllora, Montefrío y Moclín, en Granada, permite ver las llanuras y sierras que divisaban los centinelas nazaríes hace más de cinco siglos. En esas fortalezas y en las torres vigías que jalonan el camino hacia la ciudad de Granada descansaba buena parte de la supervivencia de la dinastía nazarí frente a las tropas castellanas. Y lo ocurrido allí en junio de 1486 hizo comprender a los reyes nazaríes que su época estaba a punto de concluir. Ese mes de aquel año cayó su penúltima línea defensiva —la última era la Alhambra misma— en manos de los Reyes Católicos. A cuatro leguas de la ciudadela capitalina, poco más de 20 kilómetros en línea recta, el 8 de junio de hace 540 años el castillo árabe de Íllora pasaba a manos de las tropas castellanas. Días después, las fortalezas musulmanas de Moclín y Montefrío caían del mismo lado. El camino entre esta última frontera y la capital del reino nazarí quedaba prácticamente expedito. Por delante, la sierra y la Vega de Granada. Seis años después, Boabdil, el último rey nazarí, entregaría las llaves de la Alhambra para poner rumbo a la Alpujarra.

Quizá sea sencillo explicar una crisis migratoria. Es mucho más difícil explicar por qué siguen produciéndose crisis así. Desde una perspectiva a largo plazo, la crisis migratoria de Ceuta no es más que el último episodio —aunque muy dramático— de una serie de crisis fronterizas recurrentes que hemos visto en el Mediterráneo y Canarias desde principios de los años noventa.

En la caseta del PSOE en las fiestas de Alcorcón, en Madrid, pusieron el miércoles por la noche un luminoso gigante con letras rojas en el que se podía leer: “Seré un perro, pero no tengo amo”. La frase la había lanzado Pedro Sánchez en la sesión de control del Congreso, la primera parada en una jornada frenética con la que La Moncloa intentaba tomar las riendas del relato perdido en la crisis de Ceuta y que no culminó como pensaban con la publicación de los informes sobre el asalto masivo de los días 30 y 31 de julio. El presidente que por la mañana enseñaba los dientes para reconectar con sus seguidores más militantes terminó el día a la defensiva, publicando desde su cuenta en X un larguísimo mensaje que intentaba explicar lo que no se había entendido. Y, de paso, agrandando la brecha con otro organismo del Estado, el CNI. Como si tuviera pocos frentes abiertos.

Si quieres enterarte antes que nadie de todo lo que se cuece puedes suscribirte a nuestra newsletter y recibirás el menú semanal de El Comidista en tu correo cada viernes. Aquí tienes toda la información.








*Este artículo no ha sido pagado por ninguna marca. Nuestros periodistas recomiendan de forma rigurosa e independiente productos y servicios que puedes adquirir en Internet. Cada vez que compras a través de algunos enlaces añadidos al texto, EL PAÍS recibe una comisión. Lee aquí nuestra política comercial.
He de confesar que cuando mi jefa me propuso hacer un tema sobre máscaras tubulares, mi primera reacción no tardó en llegar:




