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El término refugio climático se ha instalado definitivamente en el debate público. Cada vez que una ola de calor asfixia nuestras ciudades, la mirada se dirige hacia ellos: espacios colectivos —en su mayoría públicos diseñados para ofrecer cobijo frente a las altas temperaturas o fenómenos meteorológicos extremos—. Bibliotecas, polideportivos, centros culturales, centros de mayores, escuelas infantiles o patios escolares renaturalizados se convierten en lugares donde sencillamente estar, jugar, descansar y encontrarse a gusto.
Jacob Coxon, el ingeniero que lleva años investigando preentrenamiento, tanto en Anthropic y OpenAI, ha dimitido esta semana para poder denunciar públicamente que las dos rivales compiten en una carrera irresponsable hacia la autonomía recursiva que pone nuestras vidas en riesgo. Dos acontecimientos recientes han propiciado su dimisión. El primero ocurrió hace dos meses, cuando un enjambre de agentes de OpenAI hackearon infraestructuras de terceros, “una campaña de hackeo concentrada que llevaron a cabo por voluntad propia” y sin que la empresa responsable se diera cuenta, antes de que fuera denunciado al FBI. El segundo ha sido el anuncio de que el modelo de OpenAI ha resuelto el problema de Navier-Stokes. Coxon cree que, de la misma forma, podrían estar usando estas soluciones matemáticas para mejorar su condición.
Esta es la idea, es tan simple que vale millones. Nos encontramos en un concierto pop de manual, seis chicas en el escenario, una banda a sus espaldas, vestidos ceñidos, luces estroboscópicas, sonidos de girl band, un poco Spice Girls, un poco dosmildieceros. “Hola, Madrid, hagamos un poco de ruido”; gritos del público; letras con doble (y triple) sentido, sarcasmo, empoderamiento; coreografías hipnóticas. Entonces, el giro. Las seis divas resultan ser Catalina de Aragón, Ana Bolena, Juana Seymour, Ana de Cléveris, Catalina Howard y Catalina Parr, las seis esposas de Enrique VIII, posiblemente el rey más cruel con sus cónyuges de los libros de historia inglesa. Puede que sean las últimas mujeres que uno imaginaría ver reencarnadas en reinas del pop, con estribillos pegadizos sobre entornos tóxicos o la tiranía de un ex literalmente soberano. Pero, por otro lado, quién mejor que ellas para aprovechar el lenguaje feminista del pop actual, para cuestionar cómo la historia enmarca el sufrimiento femenino, para investigar si la lógica patriarcal ha cambiado algo desde los terribles tiempos del absolutismo. La idea vale millones porque, durante casi hora y media, la idea es inagotable.
Hay algo muy contemporáneo en la actitud de Taylor Fritz (California, 28 años). Es uno de los 10 mejores tenistas del mundo, —actualmente el nueve en el ranking de la ATP—, pero parece haber llegado hasta ahí sin necesidad de construir un relato heroico sobre sí mismo. En una época en la que los deportistas se presentan como productos narrativos de alta gama, Fritz responde a la videollamada tumbado en la cama de su hotel como quien hace un crucigrama. ¿Cuándo se enamoró del tenis? “No lo sé muy bien”. ¿Qué jugador le hizo soñar? “No sé si hubo algún jugador que me hiciera amar el tenis”. ¿Qué quería ser de niño? “Deportista profesional”.
Tony Irvine.
Anthropic ha publicado un nuevo informe donde explica que ha bloqueado cinco casos en los que se quisieron usar de sus modelos de inteligencia artificial (IA) para desarrollos de laboratorio que podrían haber llevado a la fabricación de armas biológicas. “Estos ejemplos ilustran las tareas para las que se utilizan nuestros modelos, y los juicios que debemos tomar al evaluar si un determinado uso biológico es peligroso”, escribe la compañía.
Un día de 2016, el paleontólogo David DeMar tuvo mucha suerte. Cuando examinaba el suelo de Hell Creek (Montana, EE UU) encontró un fósil del tamaño de una pelota de golf. Era un coprolito —heces fosilizadas— de un terópodo (probablemente de un ejemplar joven de Tyrannosaurus rex o de un Nanotyrannus). En su interior, el coprolito guardaba una pluma de un ave acuática (no emparentada con las aves modernas) que, seguramente, pasó los últimos segundos de vida en el sistema digestivo de un T. Rex adolescente. Esa mala suerte del pájaro primitivo, sin embargo, le ha permitido a un equipo de paleontólogos revelar, en un artículo publicado este jueves en la revista Current Biology, que hace 66 millones de años ya existían plumas anatómicamente modernas. Esto puede arrojar nuevas pistas sobre por qué sobrevivieron los ancestros de las aves que conocemos en la actualidad y por qué se extinguieron los otros linajes.
Horas después de anunciar que había resuelto uno de los problemas más relevantes de la historia de las matemáticas, OpenAI modificó en silencio el artículo científico en el que lo demostraba para citar a los humanos que trabajaron durante años en la solución que la IA encontró en horas. La primera versión, publicada a las 17.29 del 8 de septiembre (hora del Este de EE UU), no incluía entre sus referencias los trabajos de Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa, los matemáticos españoles cuyo método es la base sobre la que se construye toda la prueba que soluciona uno de los llamados problemas del milenio.