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“Déjalo estar, déjalo estar…”, se obtiene al preguntar a los parroquianos del bar del pequeño y recóndito Padrones de Bureba (Burgos) por qué el censo pasa de repente de 46 a 23 personas. No todos los clientes son del pueblo; nadie se pronuncia más allá de esa frase envuelta en un conflicto que divide al municipio, un pulso entre bandos. Uno lo lidera el alcalde, Miguel Ángel García (PP), y el otro el concejal de la oposición, Dariusz Tomasiak (Vía Burgalesa). El regidor sostiene que hay vecinos empadronados que no viven allí y que han sido eliminados del censo por tal motivo; su rival esgrime que García y sus adeptos denuncian ante el Instituto Nacional de Estadística (INE) a quienes no lo votan o lo critican. El resultado, tensión y reducción de empadronados que los agraviados consideran un ardid del alcalde para seguir gobernando y favoreciendo a los suyos.


Cuando estamos despiertos somos conscientes y podemos influir voluntariamente en nuestros pensamientos y en lo que vemos y oímos, es decir, en las percepciones que tenemos utilizando nuestros sentidos. Pero nunca somos conscientes ni podemos influir de ese mismo modo en la actividad que las diferentes neuronas de nuestro cerebro están teniendo en cada momento para que esos pensamientos y percepciones sean posible.

En 2020, una filósofa hispanomexicana treintañera irrumpió con fuerza en la discusión global sobre los efectos de la tecnología. En su libro Privacidad es poder (Destino), Carissa Véliz (Ciudad de México, 40 años) describió por qué es inadmisible que el capitalismo de la vigilancia implique una constante intromisión en la privacidad. Su enfoque fresco y riguroso lo colocó como un ensayo de referencia en la materia. Seis años después, esta profesora de filosofía de la Universidad de Oxford ha vuelto a las librerías con Prophecy (Profecía, que en España saldrá a la venta en junio en Debate).


Volverán “prontísimo”. Así de rotundo se mostró Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, al ser preguntado por el retorno de los conciertos al Santiago Bernabéu. Lo dijo tan solo pocas horas después de que la Audiencia Provincial de Madrid archivara la causa penal abierta por el ruido de los conciertos celebrados en el estadio. Por su parte, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha prometido este jueves “seguridad jurídica” a los promotores de los conciertos: “Hay que entender que vivimos en una ciudad de ruido”. Por su parte, las empresas aseguran que, de ser así, estarían dispuestas a plantearse el retorno de la música en vivo al templo blanco. Mientras, el Ayuntamiento de la capital asegura que “no hay ningún tipo de previsión de cambiar ningún marco normativo” respecto a contaminación acústica.

Se mueve en redes y mucho. Sobre todo durante los últimos tres años: cada vez más jóvenes reivindican las celebraciones populares, entre ellas, San Isidro. Lo notan las asociaciones castizas de toda la vida, a las que se acercan veinteañeros, algo que antes no ocurría, y surgen nuevas, con afán de cuidar, pero también de modernizar las costumbres. En internet lo comparten y en la pradera viven la fiesta patronal con fervor. También hay quienes han encontrado la manera de aunar tradición y vanguardia para hacerla suya. EL PAÍS habla con madrileños ―de cuna y de corazón― de entre 23 y 30 años sobre folclore, arraigo y nuevas formas de ser castizo.

El olor a anís de las rosquillas madrileñas recorre de norte a sur la Pradera de San Isidro. La explanada, tomada estos días por parejas de chulapos que bailan chotis, familias que pasean sin prisa y jóvenes que se encaraman a las atracciones, vive ya los días centrales de unas fiestas que Madrid celebra en honor a su patrón, Isidro Labrador. Superado el ecuador, aún quedan tres jornadas para que la verbena despliegue su pulso más castizo con varios conciertos en la Pradera, la plaza Mayor, Matadero y los jardines de las Vistillas.

En pleno corazón de La Latina, junto a la monumental basílica que le da nombre y lejos del bullicio inmediato del centro, los jardines de San Francisco se han consolidado como uno de esos rincones que Madrid parece reservar para quien sabe detenerse. Situado sobre una pequeña meseta de 4.200 metros cuadrados, este espacio verde ocupa el solar del antiguo convento de San Francisco y ofrece una de las panorámicas más singulares de la ciudad: una ventana abierta al oeste madrileño que, al caer la tarde, regala algunos de los atardeceres más celebrados de la capital.
Su principal singularidad está en su transformación botánica. Lo que durante años fue la conocida Dalieda de San Francisco pasó a convertirse en un jardín de rosales con 21 variedades distintas, elegidas por su mejor adaptación al clima madrileño y por una floración especialmente intensa entre mayo y junio, cuando el recinto alcanza su máximo esplendor. A ese paisaje se suma el grupo escultórico El sueño de San Isidro, obra de Santiago Costa fechada en 1952, que representa al patrón de Madrid recostado mientras un ángel posa su mano sobre él, un guiño artístico que conecta el jardín con la memoria simbólica de la ciudad.
Tinc quinze, setze anys. Hi ha un gelat rosa a la meva mà i algú m’està fent una fotografia. Acabo de demanar el gelat a la mítica orxateria El Tío Che del Poblenou. És un dia qualsevol al matí. La professora va dir que llegíssim tots els contes de l’escriptora i que després miréssim de transformar-ne un en una imatge. Que la imatge englobés el conte tal com només podia fer-ho per a cadascun de nosaltres. El líquid rosa del gelat fos em regalima a la mà. Fa calor. Tinc quinze, setze anys, i la professora de català, substituta, jove, molt diferent de la resta de professores de català, gairebé algú mític, acaba de permetre’m no oblidar Mercè Rodoreda. Cada cop que pensi en ella veuré gelat rosa regalimant de la mà. Serà una cosa real, i única, una cosa pròpia, i per sempre, meva.
Como cada año, la principal forma de rendir cuentas con Hacienda, la declaración de la Renta, ofrece la posibilidad de pagar un poco menos o de cobrar un poco más en función de las circunstancias de los contribuyentes. Una vez se tiene claro quién tiene que presentarla y quién no, las deducciones, beneficios fiscales introducidos por el Gobierno o por las comunidades autónomas para incentivar comportamientos en los ciudadanos, son uno de los aspectos que conviene mantener en el radar.
Las recompras de acciones van poco a poco consolidándose entre las cotizadas europeas como fórmula para retribuir al accionista, más allá del pago de dividendos. Se trata de una estrategia por la que una empresa adquiere títulos propios en el mercado para posteriormente eliminarlos —amortizarlos, en la jerga— y elevar el precio de las acciones restantes.
Hay algo paradójico en toparse con las imágenes de un monstruo de la fotografía como Daido Moriyama en una ciudad como Kioto, tan asociada a templos, jardines, ceremonias del té y otros símbolos de las esencias locales. Aunque, en el fondo, el gran fotógrafo japonés lleva más de medio siglo oponiéndose a los tópicos de esa postal idílica. Su cámara ha perseguido el consumismo desaforado de los supermercados, la proliferación infinita de 7-Eleven y otros konbinis, los restaurantes de mala muerte, los neones en callejones de los bajos fondos, la belleza distraída de los cinturones de circunvalación, los hoteles baratos donde practicar sexo en horario diurno y otros rincones de las megalópolis de su país.

