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Se habrán enterado ustedes: en una de sus columnas futbolísticas, Mariano Rajoy metió la pata hasta el fondo. Unos días antes del encuentro contra Francia, el expresidente del Gobierno dijo que su selección jugaba muy bien, pero eso sí: sin franceses. Y se armó la marimorena. El asunto escaló tanto que Pedro Sánchez le pidió perdón al primer ministro francés el pasado martes. Su reacción, como la de Brigitte Macron, no fue de seria afectación sino una mucho más acertada: la risa. Por sus gestos, parece que le quitaron hierro al asunto.
Los ha descubierto en los discursos, en los comunicados de prensa, en las fotografías con la luz adecuada y el fondo institucional. Los pronuncia con la solemnidad con la que en Bruselas se pronuncian las palabras que serán automáticamente vaciadas de sentido, de acción, de compromiso. Derechos. Paz. Autonomía estratégica.
Esta semana el Departamento de Estado de EE UU ha puesto en marcha un proyecto para entregar fondos a proyectos que desarrollen vínculos civilizatorios, la resiliencia democrática y el Estado de derecho en Europa. El velo de la rimbombante palabrería es muy sutil y detrás de él no hay otra cosa que el vulgar intento de financiar al ideario MAGA en Europa, con la esperanza de cultivar y comprar socios. El asunto tiene múltiples facetas de interés. Esta columna tratará de enfocarse en uno de ellos, el que se oculta detrás del concepto de vínculos civilizatorios. Mirado con detenimiento, tiene las facciones monstruosas de la etnocracia, ese modelo de gobernanza diferente de la democracia, en el cual el kratos —el poder— no está en manos del demos —un pueblo de iguales—, sino del ethnos —una comunidad cerrada basada en el nacimiento, la descendencia y la sangre, que se arroga preeminencia sobre el resto del demos—.
El 10 perfecto de Nadia Comaneci en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 marcó un punto de inflexión en la gimnasia artística. A partir de entonces, el aumento de la dificultad de los ejercicios impulsó una profunda evolución técnica, con la aparición de elementos cada vez más complejos que redefinieron los límites de este deporte.
El cielo de Madrid lleva más de 15 años presidido por las Cuatro Torres, pero esa hegemonía podría cambiar pronto. Si sale adelante la propuesta de Madrid Foro Empresarial, el horizonte de la ciudad incorporará una torre panorámica de 260 metros de altura en el entorno de Madrid Nuevo Norte, uno de los mayores desarrollos urbanísticos de la capital. Mientras el presidente de Madrid Foro Empresarial, Hilario Alfaro, defiende que permitirá incorporar a la capital “una infraestructura de gran escala”, generar actividad económica y hacerlo “sin impacto para las cuentas públicas”, las asociaciones vecinales sostienen que “no aporta nada al barrio”, sino que solo “enriquecerá” a empresarios y hosteleros. La iniciativa ha reabierto un debate que parecía enterrado desde 2020, cuando la entonces vicealcaldesa, Begoña Villacís (Ciudadanos), planteó la construcción de una noria de 140 metros junto al parque Enrique Tierno Galván, en el distrito de Arganzuela. Aquel proyecto despertó una intensa oposición vecinal, que reunió más de 15.000 firmas en contra, y terminó guardado en un cajón. Seis años después, la idea resurge con mayores dimensiones y una ubicación distinta.

Diego La Loggia (Buenos Aires, 42 años) llegó a Barcelona hace siete años con la ilusión de vivir del fútbol. Preparador físico profesional, forma parte de una generación de argentinos que dejó su país para probar suerte en España y, con un fuerte vínculo con el deporte, eligió la ciudad donde también construyó su vida su ídolo, Lionel Messi. Después de vivir en primera persona la histórica final del Mundial de Qatar en 2022 (que Argentina ganó en los penaltis a Francia), se prepara para otra el próximo domingo, esta vez en Barcelona, la ciudad que hoy considera su casa, en el país que enfrentará su selección.

El próximo año se cumplirá medio siglo de marchas LGTBIQ+ en Barcelona. A la espera de esa efeméride, junio y julio han traído consigo las ya tradicionales liturgias reivindicativas: banderas, desfiles, pregones. El día oficial es el 26 de junio, una fecha que las entidades más combativas no han querido dejar en blanco y que ha tenido su propia rúa. Se complementa con la de este sábado, demonizada por algunos por “comercial”. Al final son caras de una misma moneda: la escenificación callejera de que está bien ser como se es y amar como se quiera amar.

Con la final del Mundial de 2026 entre España y Argentina se pondrá el broche final a un torneo que también ha contado con focos de polémica intensa. Pero, a punto de terminar el evento deportivo, una cosa está clara: el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, sale más fortalecido que nunca, en especial por su gestión económica. Bajo el liderazgo del dirigente de 56 años, la organización espera recaudar cerca de 9.000 millones de dólares directamente del Mundial de 2026, unos 2.000 millones más que en la edición de 2022 en Catar.