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Tenía todos los ingredientes para ser un evento histórico, pero no pudo ser. Apenas unas horas antes de su esperada actuación en el Auditorio del Palau de les Arts de Valencia, Morrissey canceló el jueves el que iba a ser su primer concierto en España en diez años alegando que no había podido pegar ojo la noche anterior.


Jueves, 11.30 de la mañana. A la sombra hace frío, pero en el banco del parque en el que se sienta Karla Sofía Gascón (Alcobendas, Madrid, 53 años) en su ciudad natal da el sol. Hoy viernes viajará a Málaga, donde, como el año pasado, entregará un premio en la gala de clausura del sábado. Donde no estará será en la ceremonia de los Oscar del domingo. Ha pasado un año desde que la alcobedense fuera candidata al galardón por su labor en Emilia Pérez, de Jacques Audiard, una nominación que no logró disfrutar porque fue arrasada por un huracán mediático propulsado por unos viejos tuits volcánicos. “No la veré”, cuenta la actriz. “Duermo mucho. Yo a las diez de la noche ya estoy dormida, y tengo muchísimo trabajo”. Anuncia que se va a Italia a promocionar Scuola di seduzione, de Carlo Verdone, comedia que huele a taquillazo, y luego unos meses al extranjero, “a rodar con un ganador del Oscar”. ¿No será Las malas, la novela de Camila Sosa que adaptará Armando Bo y en cuyo reparto su nombre ya se había anunciado? “No te puedo decir cuál”.
La cazadora de cuero de Santiago Abascal está descascarillada a la altura de las cervicales, donde le palmean miles de seguidores por los pueblos de Castilla y León en la campaña electoral autonómica. Acabado el mitin, el presidente de Vox salta del pequeño escenario y centenares de personas en las plazas se arremolinan para saludarlo, hacerse fotos y pedirle autógrafos. Uno a uno, con paciencia tenaz, el líder de la ultraderecha española complace a todos con su mejor sonrisa, abrazos, besos y carantoñas a los bebés. Entre el gentío, alcanza finalmente su furgoneta, se alza sobre el estribo del vehículo y se despide: un último gesto que enloquece a la multitud como ya quisieran muchos cantantes. “¡Lo he visto, lo he visto! ¡Me ha tocado!”, se obnubilan chicos y grandes. La emoción que se respira en algunos pueblos tiene su reflejo en las encuestas, que auguran para ellos el mejor resultado de las convocatorias recientes, con una estimación de voto del 20,8%, 3,2 puntos más que en 2022, según la empresa de sondeos 40dB. Abascal ha acompañado por más de 60 pueblos al candidato regional, Carlos Pollán, ganándose las simpatías de los chavales de secundaria, los agricultores y ganaderos, pequeños comerciantes, camioneros o autónomos, a quienes cita constantemente. A unas pocas horas de que se abran las urnas, ya tiene la voz afectada. Y la cazadora de cuero, para tirarla.





El Desafío Semanal es un reto con diez preguntas sobre informaciones publicadas durante los últimos siete días en los distintos canales de EL PAÍS. Anímate a resolverlo cada viernes y déjanos tus observaciones en los comentarios o escribiendo a juegos@elpais.es. También puedes sugerirnos alguna pregunta (con sus opciones) y valoraremos publicarla.

El Museo Egipcio de Barcelona es un verdadero hogar para los que sueñan con el viejo país del Nilo. Exhibe una bonita colección de antigüedades faraónicas, ofrece exposiciones y cursos y organiza actividades tan simpáticas como Momificación en familia, siempre en sábado. Dirige el centro, dependiente de la Fundación Arqueológica Clos, la egiptóloga Maixaixa Taulé (Barcelona, 57 años), que es también miembro de la misión que excava el yacimiento de Sharuna (el-Kom el-Ahmar Sawaris), antigua Hut-nesut, en el Egipto Medio, en la orilla oriental del Nilo. Taulé, que recibe en su despacho ante una imagen de un beduino besando a un camello, cree que ella es poco fotogénica pero su rostro no desentonaría entre los retratos de El Fayum.


“Te seguiría como un perro hasta el fin del mundo” es una de las frases que ha puesto el nombre de Heathcliff en boca de adolescentes y jóvenes de todo el mundo cuando, realmente, la primera vez que se mencionó a este personaje fue en 1847. De hecho, en la novela en la que concibe originariamente a este personaje, esta frase no tiene lugar, del mismo modo que Drácula nunca dijo en la obra de Bram Stoker “he cruzado océanos de tiempo para encontrarte”. Quizás, parte de las personas que acuden ansiosas al cine para ver a dos de los actores del momento —Jacob Elordi y Margot Robbie—, viviendo “la mayor historia de amor jamás contada”, no habían leído el libro de Emily Brönte. Sin embargo, a juzgar por las múltiples teorías y análisis sobre el tráiler de la película que inundaron las redes sociales antes de que se estrenase, parece que muchos jóvenes no solamente son perfectamente conscientes de la existencia de la obra original, sino que además la han leído e incluso la admiran profundamente.
La huida de sus hogares de cientos de miles de civiles libaneses lejos de ser un mero daño colateral del enfrentamiento militar de Estados Unidos e Israel con Irán supone un nuevo y trágico fracaso en el respeto al derecho internacional. También un peligroso factor de desestabilización para un país de cinco millones de habitantes, muy fragmentado política y religiosamente, que no acaba de sacudirse el estigma de la guerra.
Mientras pitaba la cafetera, aludieron en la radio a alguien que había enfermado gravemente al sumergirse en las aguas del Támesis, contaminadas por los orines altamente tóxicos de las ratas británicas. Si las ratas existen, pensé, tienen que mear en algún sitio, pobres (procuro hacerme cargo de las necesidades de todos los seres vivos), pero habrían podido elegir otro. Nada más antiliterario para comenzar el día que hacerse cargo de las miserias fisiológicas de ese mamífero, que, por otra parte, no son muy diferentes de las nuestras. Bajé el volumen por si se les ocurría decir algo parecido del Danubio o del Sena o del Rin, ríos a los que uno se ha asomado con una sumisión romántica que quizá no se merecían. Ríos, incluso, en los que uno se ha suicidado imaginariamente. Virginia Woolf, que se suicidó de verdad, eligió sin embargo el Ouse, un río doméstico y apacible, lejos de la monumentalidad de los ya mencionados. Esa modestia paisajística y rural contrasta con el peso simbólico que terminó adquiriendo su muerte en la historia de la literatura. No sabe uno cómo acertar.

El Estado de bienestar en España hoy son los padres. Los bajos salarios y el precio desbocado de la vivienda hacen que los jóvenes actuales sean extremadamente dependientes de la familia para alcanzar unos mínimos de dignidad cotidiana. Y sin embargo, hay interés en acallar a quienes denuncian esta situación, acusándoles de querer incentivar una supuesta guerra generacional. La realidad es que asistimos a una tragedia silenciosa que nos estallará políticamente más pronto que tarde, por más que se pretenda ignorarla.