Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
No existe una ley de nietos. Es una verdad incuestionable en medio de la catarata de acusaciones emitidas por el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, sobre la instrucción referida a las nacionalizaciones de los nietos de los exiliados por la dictadura que desarrolla un apartado de la ley de Memoria Democrática. Pero esa mal llamada ley de nietos no es ilegal, porque está en vigor, aprobada por las Cortes tras 32 pasos parlamentarios y publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE) desde 2022, ni es recurrible ya en plazo, ni la Junta Electoral Central (JEC) la ha cuestionado, al rechazar las impugnaciones planteadas por uno de sus componentes por nueve votos frente a cuatro. Esa polémica instrucción que ahora focaliza los ataques del PP ha permitido ampliar los beneficios de las nacionalizaciones a muchas más personas que las exiliadas por la dictadura, como pedían los populares gallegos históricamente y Feijóo metió en su programa electoral para las generales de 2023.El presidente del PP utilizó una gran parte de su última comparecencia de balance del curso político, el pasado miércoles, para volver a arremeter contra esa instrucción de la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública del Ministerio de Justicia que se publicó en el BOE el 26 de octubre de 2022 con el objetivo de aclarar posibles dudas de los encargados de las Oficinas del Registro Civil sobre los beneficiados de las nacionalizaciones extraordinarias que prometió la ley de Memoria Democrática de 2021. Feijóo acusó a esa instrucción de estar “manipulada” para nacionalizar a “nietos, bisnietos y tataranietos” y la tildó de “ilegal de pleno derecho” basándose en el contenido de un voto particular de un representante nominado por el PP en la JEC que fue derrotado por nueve votos frente a cuatro. El alcance de la ley y la instrucción solo llega, para empezar, a los nietos de esos exiliados.
Las incertidumbres que pesan sobre sobre la economía global, (guerra arancelaria y tensiones geopolíticas y energéticas), que afectan a todos los países, forman ya una parte fija de todos los análisis. Frente al desánimo que generan, resulta alentador el mensaje del catedrático Joan Tugores que se inspira en el pensamiento del filósofo Bertrand Russell: “cómo vivir sin certezas, y, sin embargo, sin quedar paralizados por las vacilaciones”.
Desentrañar el próximo movimiento de la Reserva Federal es como conducir de noche con gafas de sol. Apenas hay visibilidad sobre los próximos pasos de la Fed, que desde hace un par de meses capitanea Kevin Warsh. El hermetismo que ha impuesto el economista nacido en Albany hace 56 años impide a analistas e inversores anticipar el sentido de la decisión que tomarán los tipos de interés tras la reunión del próximo miércoles. Aunque la mayoría de analistas creen que mantendrá intactos los tipos de interés en el rango actual de entre el 3,5% y el 3,75%, en los últimos días ha crecido la probabilidad de una subida para combatir el repunte de precios esperado tras el final de la tregua entre Estados Unidos e Irán.
La libertad de expresión protege el derecho a manifestar opiniones, incluidas aquellas que son provocadoras, ofensivas o profundamente equivocadas. Pero protege, exactamente con la misma fuerza, el derecho de periodistas, investigadores, verificadores y ciudadanos comunes a examinar esas afirmaciones, aportar pruebas y señalar públicamente: esto es falso.
Algunos opinadores llevan una semana burlándose de otros opinadores que han analizado el Mundial más allá de lo estrictamente deportivo. Es tradición que los polemistas profesionales, muy atentos al consenso, disparen, en cuanto lo detectan, en sentido contrario. Pero el fútbol siempre ha sido mucho más que fútbol. Lo saben grandes firmas del periodismo y de la literatura, como Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Javier Marías, Albert Camus, Manuel Vázquez Montalbán… que le dedicaron artículos, cuentos e incluso libros enteros. Y lo saben, desde luego, los países que han invertido cifras mareantes en lo que Amnistía Internacional llama “blanqueamiento deportivo” y que se manifestó especialmente en la Supercopa de España en Arabia Saudí o el Mundial de Qatar. El fútbol es política, economía, y, como todas las pasiones, un excelente observatorio de la naturaleza humana.
Es la gran dama del aceite español. Rosa Vañó (Madrid, 63 años), economista de formación, abandonó una exitosa carrera como directiva de Coca-Cola, donde se dedicaba al desarrollo de nuevas líneas de negocio, lanzamientos y reposicionamiento de productos, para dedicarse, junto a su hermano Francisco, al sueño que inició su padre, Luis Vañó: impulsar Castillo de Canena, una explotación olivarera con almazara situada en Canena (Jaén), propiedad de su familia y reconocida con numerosos premios nacionales e internacionales. Anteriormente trabajó en las discográficas Warner Music y Universal, “donde aprendí a gestionar egos y a entender que hay que contar con los medios de comunicación como embajadores y transmisores de la creatividad y el valor añadido de los músicos”. Ejerce también como tesorera de la Real Academia de Gastronomía.
En Self Porn (editorial niños gratis), el profesor y escritor Nacho M. Segarra (autor de Ladronas Victorianas o de Sexbook, junto a María Bastarós) se atreve a darle vueltas a la imagen que define el siglo XXI: una dick pic o una fotopolla. O, más allá, sobre la pornificación de absolutamente todo: de nuestros cuerpos y de nuestra forma de relacionarnos con otros cuerpos, incluso cuando no estamos desnudos ni haciendo nada sexual (afirma, por ejemplo, que los modos y costumbres de la pornografía se han filtrado incluso en el activismo online). O tal vez Self Porn simplemente demuestra que la política y la teoría cultural están en absolutamente todo, incluso en lo que hacemos a oscuras en nuestro cuarto con las luces apagadas cuando creemos que nadie nos ve (aunque hay alguien que siempre está mirando).
La lluvia y el viento arrecian en las inmediaciones del canal Spree, en el centro histórico de Berlín, y Kristine (65 años), en bañador y apoyada sobre una tabla de paddle surf, maldice su suerte. Esperaba poder hacer un poco de ejercicio como acto político junto a la centena de bañistas que se han reunido hoy en el Spreekanal bajo el lema “¡101 años de prohibición!” para derogar una antigua ley que prohíbe el baño en el río.
En Nigeria, un diagnóstico de cáncer suele ser una sentencia de muerte. Cada año, casi 130.000 nigerianos reciben este diagnóstico y cerca de 80.000 fallecen a causa de la enfermedad. En Nigeria, en promedio, 33 mujeres por día son diagnosticadas con cáncer de cuello uterino y 22 mueren a causa de esta enfermedad cada día. El problema no es que no existan tratamientos, sino que los nigerianos ―y, en general, los pacientes de las economías en desarrollo― no tienen acceso a ellos.
La escritora argentina Laura Ramos no quería escribir este libro. En realidad, no quería escribir ninguno relacionado con su infancia como hija del trotskista Jorge Abelardo Ramos, intelectual influyente que sería candidato a la presidencia de Argentina, y de Faby Carvallo, trotskista también, bohemia, feminista, impulsora del sindicato de Amas de casa, aunque lo suyo no eran las faenas caseras, sino la militancia y la aventura. Ramos no tenía ningún interés en volver mediante la escritura a aquel desbarajuste de viajes, amantes, clandestinidad, engaños, silencios, conflictos de los padres. Su hogar había sido, como definió en una entrevista, “Woodstock montado en un kibutz”. Pero los niños, en general, no aprecian la vida caótica y arriesgada, sino los afectos seguros, la atención, la estabilidad. Y ella, de adulta, se alejó de aquel mundo todo lo que pudo. También como escritora.
