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Al Real Madrid le bastó con una función de jerarquía desganada para derrotar al Alavés, que llegaba angustiado, asomándose a la cornisa del descenso, y hasta el final, cuando ya era demasiado tarde, no tuvo la puntería que encontraron Mbappé (de rebote) y Vinicius. Se quitó así, en un ejercicio incómodo ante un público molesto y escaso, la primera de las siete citas que le quedan para alcanzar la orilla del final del curso y poder volver a empezar, acaso con la ilusión a estrenar otra vez. El equipo de Arbeloa se sacó de encima una cita pero no el disgusto de su gente, que acabó pitando cuando Toni Martínez acertó con el 2-1 en el añadido.
El Athletic Club encontró en San Mamés algo más que una victoria: un alivio necesario en medio de la urgencia. El equipo bilbaíno llegaba presionado por la clasificación y por un discurso institucional que apelaba a la unidad. Jon Uriarte, tras su reelección, había sido claro: “Necesitamos el apoyo de todos para conseguir los puntos que aseguren la permanencia”. Ernesto Valverde, desde el banquillo, insistía en la misma idea. Y el Athletic, sin brillo pero con oficio, respondió de la mejor manera.
Entre 2013 y 2015, cuando permaneció activa la Operación Kitchen contra Luis Bárcenas, el comisario Manuel Vázquez era el jefe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional, a la que pertenecía el grupo de agentes que investigaba el caso Gürtel y al extesorero popular. Más de una década después, ya jubilado, el exmando policial se ha sentado este martes ante el tribunal de la Audiencia Nacional que enjuicia el despliegue de espionaje contra el exresponsable de finanzas del PP para contar que nunca supo nada de ese operativo paralelo de vigilancia sobre Bárcenas y su familia, a pesar de que era la UDEF la que seguía los pasos del contable por órdenes del juez.
“¿Queremos acaso una segunda Gaza?” La dura pregunta que el ministro de Exteriores luxemburgués, el liberal Xavier Bettel, planteó este martes a sus colegas europeos en la reunión a puerta cerrada en Luxemburgo sobre la situación en Oriente Próximo reflejaba una buena parte de la frustración de cada vez más países de la UE con un Israel que, pese a los llamamientos y advertencias, sigue saltándose el derecho internacional dentro y fuera de sus fronteras. España, Irlanda y Eslovenia llegaron a la cita con una propuesta contundente: suspender el Acuerdo de Asociación UE-Israel. A pesar de que sigue sin haber una mayoría suficiente para paralizar ni siquiera una parte del mismo, por el no reiterado este martes por países como Alemania o Italia, el tono más duro en la sala dejó claro que el debate ha vuelto a abrirse y que a una Europa cada vez más inquieta con la deriva del Gobierno de Benjamín Netanyahu le urge “hacer algo”. Aunque todavía no tenga claro bien ni qué ni cómo.