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Se cumplen los cien años del nacimiento de Chuck Berry. Y asombra que el mundo del show business, siempre fascinado por las cifras redondas, apenas se haya hecho eco. Aunque no deberíamos sorprendernos: pocas superestrellas se esforzaron tanto por hundir su reputación.

“Si el gotelé fuera cine, se llamaría Tesis”. Eso escribió Jordi Costa en su cómic Mis problemas con Amenábar, publicado originalmente en el fanzine Mondo Bruto y compilado en 2009 por Glénat. Costa estuvo prácticamente solo en su apreciación de Tesis. Le concedió una sola estrella en Fotogramas y al mismo tiempo, le puso cinco estrellas a Fotos, el inclasificable primer filme de Elio Quiroga. El cómic relata cómo un —por aquel entonces— jovencísimo Alejandro Amenábar le recriminó la puntuación recibida.
Suelen identificarse solo a toro pasado: aquel momento me cambió la vida. Hay oportunidades, sin embargo, cuyo brillo se deja ver desde el principio. Esta es una de esas. Faro Santander lanza su II Convocatoria de Ayudas a la Creación, un programa que ofrece a los proyectos seleccionados una dotación económica de 10.000 euros, seminarios y mentorías con profesionales, la ocasión de compartir proceso creativo con otros artistas y, como remate, una muestra pública en un espacio tan espectacular como el Edificio Pereda, convertido desde su reciente rehabilitación y apertura en Santander en uno de los grandes focos culturales de todo el norte de España.

Cuando Patty Bonet (Valencia, 41 años) nació, el médico que la trajo al mundo le dijo a sus padres que era una niña muy rubia, muy blanca y ciega. Nada de eso era verdad. Dos años después, un oftalmólogo dio con el diagnóstico correcto: “Su hija es albina, va a tener limitación visual, pero va a poder hacer lo que le dé la gana”. No se equivocaba. Bonet es periodista, presentadora, actriz, conferenciante y activista en favor de la inclusión y la diversidad. Desde hace cuatro años, se cuela cada noche en millones de hogares españoles en pleno prime time para copresentar los sorteos del cupón de la ONCE en Televisión Española.


David Shrier no siempre ha sido dueño de su imagen. Cuando este profesor universitario abandonó la antigua institución académica donde impartía clases, esta siguió usando su rostro para promocionar un curso de emprendimiento en línea, con vídeos que él había grabado y sin pagarle nada a cambio. Tuvo que contratar a un abogado para que los retirasen de internet. Pero la idea no se desvaneció tras el pleito. Hoy Shrier enseña en Imperial Business School, en Londres, y cuenta con una réplica digital que responde a sus alumnos a cualquier hora. La conocen como Davatar. “Lo que sé es que ahora mi nombre, mi imagen y mi apariencia me pertenecen”, afirma.
Es un clásico de Brian de Palma, pero hubo un tiempo en que Atrapado por su pasado (1993), el thriller criminal protagonizado por Al Pacino, pudo ser un éxito de Abel Ferrara (Bronx, Nueva York, 75 años). A principios de los noventa el legendario director llevaba un año ensayando con Al Pacino cuando apareció un guionista nuevo. Semanas después, Tom Pollock, jefe de Universal, le llamó aparte durante una cena en un restaurante de Cannes para hablarle de otra nueva versión del guion, lo cual a Ferrara le pareció una tomadura de pelo. Dejó su botella de vino blanco en la mesa de Pollock antes de ir a hablar con él, y al volver la cogió y se la metió dentro de la chaqueta, por esa costumbre neoyorquina de esconder el alcohol al salir a la calle. A los pocos días, le despidieron: alguien fue contando que le había robado una botella a Pollock.
Después de la tormenta, llegó la paz. Y esta, para Alejandro Davidovich, reciente ganador del Masters 1000 de Shanghái, tiene nombre y apellidos: Pepo Clavet. “Él me aporta tranquilidad y felicidad, y me ayuda a vivir de una manera más serena. Yo vivía todo de forma muy intensa y agobiante, y él me da mucha paz interior. Creo que eso lo transmito y lo expreso después en la pista”, cuenta el malagueño a una selección de medios españoles, entre los que se encuentra EL PAÍS, después de haber vencido a Rafa Jódar (1-6, 7-6(5) y 6-4, en 2h 28m) en una final tríptica, de fases bien diferenciadas: tempestuosa al principio, al límite después y, finalmente, con un desarrollo feliz para él.
Durante el encuentro con la prensa española, Davidovich también se refirió a la sucesión de mensajes de estos días y a su interpretación. Errónea en muchos casos, remarcó: “Estoy, eh”. “Esperando”. “Apertura siciliana”. “Cambio de tercio”.
El caso es que ese tono críptico podía responder a su deseo de formar parte del equipo que competirá en las Finales de la Copa Davis, en noviembre. La voluntad de jugar existe, subraya, pero el destinatario no era el capitán David Ferrer.
Próximamente, el seleccionador anunciará la lista de cuatro elegidos para la cita de Bolonia, a la que añadirá un quinto miembro a la conclusión del Masters de París (del 2 al 8 de noviembre). Si no hay ningún giro, de entrada estarán Carlos Alcaraz, Jódar, Marcel Granollers y Pedro Martínez.
“Me hace mucha gracia, porque he visto comentarios de periodistas criticándome sin saber, pensando que era algo sobre la Davis o que yo era un inmaduro. Cuando se habla sin saber, pasa eso... Esos mensajes hacían referencia a jugadas y conceptos de ajedrez”, quiso precisar.
“No tenía ninguna intención de mencionar la Davis. Desde el primer momento dije que respetaba la decisión de David, que le transmití que estaba disponible para ser el quinto jugador y para aportar mi granito de arena en lo que hiciese falta. Tenemos un equipazo para ganar la Davis”, zanjaba Davidovich.

¿Hay un límite a lo que se puede hacer con lentejas? Estamos empeñados en buscarlo, aunque de momento no lo hemos encontrado. Hay vida más allá de las lentejas con chorizo, hace mucho que lo sabemos, pero ¿y si les damos un toque mediterráneo? ¿O indio? ¿O las dos cosas a la vez?
Si hubiera sabido lo que supone montar un desfile en París, crear una colección y —la guinda del pastel— venderla, seguramente no se habría metido en este berenjenal. Pero la ignorancia puede ser una bendición. “Mi ingenuidad ha fraguado muchas buenas ideas”, dice Colm Dillane (Nueva York, 35 años). Al frente de la enseña de moda urbana que ha dejado a Supreme en una nota a pie de página, su interés en esta industria no pasaba de las prendas que vendía en la casa-estudio de Williamsburg donde desde 2010 venía desarrollando una carrera más ocupada en el arte que en la ropa. Hasta que una conversación fortuita y una reunión sin expectativas con el que sigue siendo su relaciones públicas terminaron metiéndole en la cabeza casi sin querer la idea de desfilar en la capital del vestir.
Siete meses después de darse a conocer la noticia de la colaboración entre Zara y John Galliano, la esperada colección llegó a las tiendas el pasado 1 de octubre. Bajo el título de Re{form}, la primera de las cuatro cápsulas que veremos (concebidas como una reconstrucción de piezas del archivo de Inditex) está formada por 157 artículos entre prendas y accesorios. Más de 80 de las referencias se agotaron en las primeras horas y en ese mismo lapso de tiempo ya se podían encontrar decenas de ellas en portales de venta de ropa como Vinted. Las prendas, impecables y con etiquetas. Los precios, inflados. Uno de los diseños agotados en la web, un abrigo de lana con solapas a contraste y costuras visibles, se vende en segunda mano por 920 euros, casi el triple de sus 399 euros originales. Los guantes largos de tul, a la venta por 29,95 euros y agotados en tienda, se pueden adquirir por casi 100 euros en plataformas de reventa.