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El grito de Aisha El Bannoudi suena desesperado. Sufre un dolor inhumano. “Alguien ha echado fuego encima de mí”, chilla a la operadora. La acaban de rociar con un líquido inflamable y la mitad de su cuerpo ha ardido. La mujer de 30 años ha perdido el conocimiento pero, no se sabe muy bien cómo, lo recobra y logra llamar a emergencias y a su suegro. Habla de dos sombras negras que estaban en su casa y que la han atacado mientras su bebé de siete meses duerme en la cuna. Ocurrió en Sevilla la Nueva (Madrid) el 2 de febrero. En los cinco meses sucesivos la someterán a medio centenar de intervenciones.


Este año no he visto La Velada del Año, ese espectáculo parecido al boxeo que organiza Ibai Llanos. No la he visto porque no tiene ningún sentido verla si no has seguido las pullas previas entre ellos. ¿Para qué? En Pressing Catch -y en combates de boxeo de verdad- hay y había momentos previos en los que los contrincantes prometían machacar al otro. Es una forma de avivar el espectáculo, de generar un interés cafre por una pequeña batalla. En el caso de lo que organiza Ibai, todo el espectáculo está en las rencillas entre los principales contrincantes. También hay peleas de relleno, como hay concursantes de relleno en Masterchef Celebrity, gente que llegará y se irá sin pena ni gloria, pero con la paga de la abuela en el bolsillo.

Fue en “un periodo de lesiones”, de noches con insomnio y días sin pisar el campo, cuando Ansu Fati comenzó a escribir. La música se convirtió en “una vía de escape” para que el joven futbolista, que actualmente milita en el AS Mónaco tras ser traspasado desde el FC Barcelona, “pudiera expresar, de alguna manera, la frustración que sentía en ese momento”. Pero guardó la letra en un cajón porque “primero va el fútbol, después todo lo demás”. No podía ser de otra manera para quien irrumpió como adolescente en el Barcelona batiendo récords y que luego, tras la salida de Messi en 2019, recibió el dorsal 10 en un club que por entonces buscaba un nuevo ídolo. Casi un año después de escribirla, Fati (Guinea-Bisáu, 23 años), este pasado junio ha lanzado aquella canción: Sea como sea, un tema que ha acumulado más de un millón de reproducciones en su primer mes en plataformas digitales.
El periodista mexicano Alejandro Leyva Aguilar fue asesinado a tiros esta semana mientras desayunaba en un puesto de la calle al lado de su casa en San Pedro Etla, muy cerca de la ciudad de Oaxaca. Fue a pleno día. Quedó sin vida todavía sentado en el taburete, la cabeza apoyada sobre el mantel de hule a cuadros. Tenía 60 años y había dirigido la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión. Ahora escribía una columna digital, El zumbido del Moscardón, con piezas críticas con el poder local. Es el séptimo periodista asesinado en México en lo que va de año, y ya son 181 desde 2000, según ha documentado la ONG de defensa de la libertad de expresión Artículo 19.
El presidente de los rectores, Julián Garde, ha alertado recientemente de que las universidades españolas se enfrenta a una “mezcla explosiva”. Un mercado del alquiler enloquecido, becas de estudio que no llegan a todos los que las necesitan, un número creciente de alumnos nacionales y extranjeros... Una combinación de factores que impide a muchas familias costear los estudios de sus hijos o las obliga a endeudarse. El Gobierno presentará en el Consejo de Ministros, previsiblemente este martes, una medida para abordar el problema y que va a impulsar que entre seis y 10 universidades públicas construyan, con la cofinanciación del Estado, alojamientos para estudiantes e investigadores de paso. No son residencias, sino habitaciones con zonas comunes y con precios asequibles. El proyecto, fraguado entre tres ministerios desde 2024, se articula a través de un decreto de ayudas directas dotado con 45 millones de euros.
Vuelven los aranceles, vuelve a calentarse la guerra de Irán, aumenta el riesgo de inflación y persiste una intensa incertidumbre. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha subido a la economía global a una montaña rusa de giros violentos y, en poco más de tres semanas, el mundo ha pasado de pensar en una normalización del mercado del crudo a temer los cuellos de botella. El ataque por parte de los hutíes (aliados de Teherán) a los petroleros saudíes en el Mar Rojo significa poner en jaque la vía de exportación alternativa a Ormuz y el precio por barril de brent superó los 100 dólares, lo que implica un encarecimiento acumulado del 40%. La guerra comercial, contenida en buena parte por los tribunales estadounidenses, estrena capítulo con otro decreto de Washington y el Banco Central Europeo ya ha advertido de que el escenario optimista planteado en junio, con descensos del coste de la energía, se antoja “bastante improbable”.
Desentrañar el próximo movimiento de la Reserva Federal es como conducir de noche con gafas de sol. Apenas hay visibilidad sobre los próximos pasos de la Fed, que desde hace un par de meses capitanea Kevin Warsh. El hermetismo que ha impuesto el economista nacido en Albany hace 56 años impide a analistas e inversores anticipar el sentido de la decisión que tomarán los tipos de interés tras la reunión del próximo miércoles. Aunque la mayoría de analistas creen que mantendrá intactos los tipos de interés en el rango actual de entre el 3,5% y el 3,75%, en los últimos días ha crecido la probabilidad de una subida para combatir el repunte de precios esperado tras el final de la tregua entre Estados Unidos e Irán.
No existe una ley de nietos. Es una verdad incuestionable en medio de la catarata de acusaciones emitidas por el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, sobre la instrucción referida a las nacionalizaciones de los nietos de los exiliados por la dictadura que desarrolla un apartado de la ley de Memoria Democrática. Pero esa mal llamada ley de nietos no es ilegal, porque está en vigor, aprobada por las Cortes tras 32 pasos parlamentarios y publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE) desde 2022, ni es recurrible ya en plazo, ni la Junta Electoral Central (JEC) la ha cuestionado, al rechazar las impugnaciones planteadas por uno de sus componentes por nueve votos frente a cuatro. Esa polémica instrucción que ahora focaliza los ataques del PP ha permitido ampliar los beneficios de las nacionalizaciones a muchas más personas que las exiliadas por la dictadura, como pedían los populares gallegos históricamente y Feijóo metió en su programa electoral para las generales de 2023.El presidente del PP utilizó una gran parte de su última comparecencia de balance del curso político, el pasado miércoles, para volver a arremeter contra esa instrucción de la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública del Ministerio de Justicia que se publicó en el BOE el 26 de octubre de 2022 con el objetivo de aclarar posibles dudas de los encargados de las Oficinas del Registro Civil sobre los beneficiados de las nacionalizaciones extraordinarias que prometió la ley de Memoria Democrática de 2021. Feijóo acusó a esa instrucción de estar “manipulada” para nacionalizar a “nietos, bisnietos y tataranietos” y la tildó de “ilegal de pleno derecho” basándose en el contenido de un voto particular de un representante nominado por el PP en la JEC que fue derrotado por nueve votos frente a cuatro. El alcance de la ley y la instrucción solo llega, para empezar, a los nietos de esos exiliados.
“Mehdi, no estás solo”. Pancartas. Carteles con tipografía de cómic. Bocas amordazadas… Sin apenas despliegue policial, una inusual protesta de más de un centenar de jóvenes cobró forma al mediodía del miércoles ante el Tribunal de Primera Instancia de Ain Sebaa, en Casablanca. El rapero marroquí Mehdi Lyoubi, de 34 años, encarcelado tras impedirle la policía viajar a Francia, donde vive, iba a ser juzgado por “ultraje a una institución constitucional” bajo la acusación, no confirmada legalmente, de haber injuriado a la figura del rey en sus canciones. Mehdi Black Wind, como es más conocido por su nombre artístico, es un cantante de rap, música urbana que resuena como banda sonora permanente en la vida cotidiana de millones de jóvenes del Magreb.
El 27 de agosto de 2025 fue un día importante para Daniel. A las 11.41 de la mañana, este presunto narco encargado de logística, que es como se denomina coordinar a los camioneros que extraen la coca de los contenedores del puerto de Valencia, contactó con su colega Coscu. Sobre la mesa, un suculento negocio. Colar un cargamento a través de esta laberíntica miniciudad donde las grúas se solapan con el estruendo metálico de la carga y descarga. La millonaria empresa debía salir a la perfección. Era la primera vez que iban a medias con un capo rumano bien relacionado con los bajos fondos del puerto de Róterdam. Y, por ello, Daniel y Coscu debían cerrar los flecos para que la mercancía llegara a su destino. Sin sobresaltos.