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El incendio de la sierra suroeste de Madrid ha puesto en el punto de mira al municipio de Cadalso de los Vidrios, en el extremo occidental de la comunidad y en el límite con las provincias de Ávila y Toledo, después de que el fuego de Burgohondo avanzara el sábado por el valle del Tiétar. Una alerta en los teléfonos móviles avisaba a los vecinos de que tenían que evacuar la zona, entre ellos, 117 personas mayores alojadas en la residencia Alena, la mayoría dependientes y con múltiples patologías. “Llovía ceniza, el aire era irrespirable”, recuerda Alfonso García, de 65 años, sobre el pequeño trayecto que realizó hasta llegar a la ambulancia que lo trasladó a la capital. “Íbamos todos con mascarilla, algunos en autobús y otros en vehículos sanitarios al precisar oxígeno o sillas de ruedas”, cuenta. La Comunidad de Madrid ha coordinado en estos días el traslado de 1.308 residentes y usuarios de centros de atención social.

Desde el viernes, los hermanos Florian y Damien Oriol y su primo Thibault han convertido la pizzería que gestionan en Léognan, a una veintena de kilómetros de Burdeos, en el punto de suministro de pizzas para los bomberos que luchan en la zona contra el gigantesco fuego desatado el miércoles en el departamento de Gironda. Los domingos el local está cerrado, pero los bomberos no descansan, así que ellos tampoco y abren expresamente para hacer el pedido diario.

Teresa Ribera (Madrid, 57 años) se pasa buena parte de la entrevista abanicándose ante una nueva jornada del verano en el que Europa toma conciencia de la crisis climática a golpetazos de calor y llamas. El que blande la vicepresidenta europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva no es un abanico cualquiera. Viene de sus tiempos de ministra de Pedro Sánchez. Y tiene impreso el célebre código de barras que ideó Ed Hawkins para mostrar la evolución anual del calentamiento. Nosotros, la humanidad, estamos ahora en los tonos rojos, es decir, en temperaturas récord. Esto significa combustible para las olas de calor, muertes prematuras, fuegos incontrolables... La entrevista fue hecha a principios de la pasada semana en San Sebastián, donde Ribera participó en un curso de verano de la Universidad del País Vasco, y se ha actualizado telefónicamente este domingo ante la magnitud de los incendios en España y Francia.

El grito de Aisha El Bannoudi suena desesperado. Sufre un dolor inhumano. “Alguien ha echado fuego encima de mí”, chilla a la operadora. La acaban de rociar con un líquido inflamable y la mitad de su cuerpo ha ardido. La mujer de 30 años ha perdido el conocimiento pero, no se sabe muy bien cómo, lo recobra y logra llamar a emergencias y a su suegro. Habla de dos sombras negras que estaban en su casa y que la han atacado mientras su bebé de siete meses duerme en la cuna. Ocurrió en Sevilla la Nueva (Madrid) el 2 de febrero. En los cinco meses sucesivos la someterán a medio centenar de intervenciones.


Este año no he visto La Velada del Año, ese espectáculo parecido al boxeo que organiza Ibai Llanos. No la he visto porque no tiene ningún sentido verla si no has seguido las pullas previas entre ellos. ¿Para qué? En Pressing Catch -y en combates de boxeo de verdad- hay y había momentos previos en los que los contrincantes prometían machacar al otro. Es una forma de avivar el espectáculo, de generar un interés cafre por una pequeña batalla. En el caso de lo que organiza Ibai, todo el espectáculo está en las rencillas entre los principales contrincantes. También hay peleas de relleno, como hay concursantes de relleno en Masterchef Celebrity, gente que llegará y se irá sin pena ni gloria, pero con la paga de la abuela en el bolsillo.

Fue en “un periodo de lesiones”, de noches con insomnio y días sin pisar el campo, cuando Ansu Fati comenzó a escribir. La música se convirtió en “una vía de escape” para que el joven futbolista, que actualmente milita en el AS Mónaco tras ser traspasado desde el FC Barcelona, “pudiera expresar, de alguna manera, la frustración que sentía en ese momento”. Pero guardó la letra en un cajón porque “primero va el fútbol, después todo lo demás”. No podía ser de otra manera para quien irrumpió como adolescente en el Barcelona batiendo récords y que luego, tras la salida de Messi en 2019, recibió el dorsal 10 en un club que por entonces buscaba un nuevo ídolo. Casi un año después de escribirla, Fati (Guinea-Bisáu, 23 años), este pasado junio ha lanzado aquella canción: Sea como sea, un tema que ha acumulado más de un millón de reproducciones en su primer mes en plataformas digitales.
El periodista mexicano Alejandro Leyva Aguilar fue asesinado a tiros esta semana mientras desayunaba en un puesto de la calle al lado de su casa en San Pedro Etla, muy cerca de la ciudad de Oaxaca. Fue a pleno día. Quedó sin vida todavía sentado en el taburete, la cabeza apoyada sobre el mantel de hule a cuadros. Tenía 60 años y había dirigido la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión. Ahora escribía una columna digital, El zumbido del Moscardón, con piezas críticas con el poder local. Es el séptimo periodista asesinado en México en lo que va de año, y ya son 181 desde 2000, según ha documentado la ONG de defensa de la libertad de expresión Artículo 19.
El presidente de los rectores, Julián Garde, ha alertado recientemente de que las universidades españolas se enfrenta a una “mezcla explosiva”. Un mercado del alquiler enloquecido, becas de estudio que no llegan a todos los que las necesitan, un número creciente de alumnos nacionales y extranjeros... Una combinación de factores que impide a muchas familias costear los estudios de sus hijos o las obliga a endeudarse. El Gobierno presentará en el Consejo de Ministros, previsiblemente este martes, una medida para abordar el problema y que va a impulsar que entre seis y 10 universidades públicas construyan, con la cofinanciación del Estado, alojamientos para estudiantes e investigadores de paso. No son residencias, sino habitaciones con zonas comunes y con precios asequibles. El proyecto, fraguado entre tres ministerios desde 2024, se articula a través de un decreto de ayudas directas dotado con 45 millones de euros.
Vuelven los aranceles, vuelve a calentarse la guerra de Irán, aumenta el riesgo de inflación y persiste una intensa incertidumbre. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha subido a la economía global a una montaña rusa de giros violentos y, en poco más de tres semanas, el mundo ha pasado de pensar en una normalización del mercado del crudo a temer los cuellos de botella. El ataque por parte de los hutíes (aliados de Teherán) a los petroleros saudíes en el Mar Rojo significa poner en jaque la vía de exportación alternativa a Ormuz y el precio por barril de brent superó los 100 dólares, lo que implica un encarecimiento acumulado del 40%. La guerra comercial, contenida en buena parte por los tribunales estadounidenses, estrena capítulo con otro decreto de Washington y el Banco Central Europeo ya ha advertido de que el escenario optimista planteado en junio, con descensos del coste de la energía, se antoja “bastante improbable”.
Desentrañar el próximo movimiento de la Reserva Federal es como conducir de noche con gafas de sol. Apenas hay visibilidad sobre los próximos pasos de la Fed, que desde hace un par de meses capitanea Kevin Warsh. El hermetismo que ha impuesto el economista nacido en Albany hace 56 años impide a analistas e inversores anticipar el sentido de la decisión que tomarán los tipos de interés tras la reunión del próximo miércoles. Aunque la mayoría de analistas creen que mantendrá intactos los tipos de interés en el rango actual de entre el 3,5% y el 3,75%, en los últimos días ha crecido la probabilidad de una subida para combatir el repunte de precios esperado tras el final de la tregua entre Estados Unidos e Irán.