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No existe una ley de nietos. Es una verdad incuestionable en medio de la catarata de acusaciones emitidas por el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, sobre la instrucción referida a las nacionalizaciones de los nietos de los exiliados por la dictadura que desarrolla un apartado de la ley de Memoria Democrática. Pero esa mal llamada ley de nietos no es ilegal, porque está en vigor, aprobada por las Cortes tras 32 pasos parlamentarios y publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE) desde 2022, ni es recurrible ya en plazo, ni la Junta Electoral Central (JEC) la ha cuestionado, al rechazar las impugnaciones planteadas por uno de sus componentes por nueve votos frente a cuatro. Esa polémica instrucción que ahora focaliza los ataques del PP ha permitido ampliar los beneficios de las nacionalizaciones a muchas más personas que las exiliadas por la dictadura, como pedían los populares gallegos históricamente y Feijóo metió en su programa electoral para las generales de 2023.El presidente del PP utilizó una gran parte de su última comparecencia de balance del curso político, el pasado miércoles, para volver a arremeter contra esa instrucción de la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública del Ministerio de Justicia que se publicó en el BOE el 26 de octubre de 2022 con el objetivo de aclarar posibles dudas de los encargados de las Oficinas del Registro Civil sobre los beneficiados de las nacionalizaciones extraordinarias que prometió la ley de Memoria Democrática de 2021. Feijóo acusó a esa instrucción de estar “manipulada” para nacionalizar a “nietos, bisnietos y tataranietos” y la tildó de “ilegal de pleno derecho” basándose en el contenido de un voto particular de un representante nominado por el PP en la JEC que fue derrotado por nueve votos frente a cuatro. El alcance de la ley y la instrucción solo llega, para empezar, a los nietos de esos exiliados.
“Mehdi, no estás solo”. Pancartas. Carteles con tipografía de cómic. Bocas amordazadas… Sin apenas despliegue policial, una inusual protesta de más de un centenar de jóvenes cobró forma al mediodía del miércoles ante el Tribunal de Primera Instancia de Ain Sebaa, en Casablanca. El rapero marroquí Mehdi Lyoubi, de 34 años, encarcelado tras impedirle la policía viajar a Francia, donde vive, iba a ser juzgado por “ultraje a una institución constitucional” bajo la acusación, no confirmada legalmente, de haber injuriado a la figura del rey en sus canciones. Mehdi Black Wind, como es más conocido por su nombre artístico, es un cantante de rap, música urbana que resuena como banda sonora permanente en la vida cotidiana de millones de jóvenes del Magreb.
El 27 de agosto de 2025 fue un día importante para Daniel. A las 11.41 de la mañana, este presunto narco encargado de logística, que es como se denomina coordinar a los camioneros que extraen la coca de los contenedores del puerto de Valencia, contactó con su colega Coscu. Sobre la mesa, un suculento negocio. Colar un cargamento a través de esta laberíntica miniciudad donde las grúas se solapan con el estruendo metálico de la carga y descarga. La millonaria empresa debía salir a la perfección. Era la primera vez que iban a medias con un capo rumano bien relacionado con los bajos fondos del puerto de Róterdam. Y, por ello, Daniel y Coscu debían cerrar los flecos para que la mercancía llegara a su destino. Sin sobresaltos.
En pie tras un mostrador con un teléfono de madera, una radio, la bitácora en bronce del “último bacaladero de Terranova” y figuritas pastoriles de Lladró, el anticuario y librero Carlos Rodríguez pide 360 euros por el lepanto de un tripulante del Azor. El marino que había servido en el yate de Franco llegó un día con el gorro blanco, un poco sobado, a su tienda en Lugo y se lo vendió. Es, posiblemente, uno de los escasos objetos relacionados con el solaz marítimo del dictador que sobreviven.
Hay expertos que dan el cine de superhéroes por amortizado. Se apoyan, por ejemplo, en las cifras catastróficas de la reciente Supergirl o de algunos de los estrenos de Marvel. El exceso de series que han llegado estos años a las plataformas tampoco ha ayudado. Los superhéroes seguirán muertos en la mente de esos analistas al menos hasta que este miércoles llegue la inminente Spider-Man: Brand New Day, dispuesta a arrasar y marcar nuevos récords en taquilla. Pero, mientras tanto, hay una serie que está haciendo semana a semana un alegato de por qué el género todavía tiene cosas que decir: se llama X-men ‘97 y su éxito creativo ha sido una de las mayores sorpresas que ha dado la televisión de los últimos años.
El respaldo en el Parlamento a la ley que concede la nacionalidad a los saharauis nacidos bajo la bandera de España viene a corregir una de las consecuencias de la precipitada descolonización del territorio hace medio siglo y supone un buen paso en la reparación de una deuda histórica. La proposición de ley presentada por Sumar solo ha recibido tres votos en contra, los de Vox, en la Comisión de Justicia del Congreso. A la vez, ha contado con el apoyo de la mayoría de la investidura, salvo Junts, que se abstuvo. Lo mismo hizo el PP, que había votado a favor de su toma en consideración el año pasado y en contra del dictamen de la ponencia hace apenas un mes. Es una buena noticia, porque una norma como esta merece el máximo consenso.
Mi Ítaca es una casa azul en lo alto de una pequeña colina donde mi abuela da de comer a sus gallinas, atiende un huerto y vigila una empanada de xoubas en su horno de leña, frotándose las manos y limpiándoselas con el mandil. Está cercada por muros de piedra tapizados de musgo de los que salen las lagartijas y racimos de dedaleras púrpuras llenas de pecas. Detrás de los muros hay fincas de berza, maíz y patata. Más abajo está la iglesia donde están enterrados mis muertos, con un cruceiro y una fuente por la que baja agua limpia y fría de manantial.
Daniel Ortega ha anunciado que no habrá más elecciones en Nicaragua. Lo ha hecho amparado en una escenografía norcoreana, con miles de militantes sentados en bloques en la plaza, vestidos con la misma camiseta.
Cerrar los ojos nos permite por un tiempo no ver el mundo, pero con mucha frecuencia nos obliga a convivir con nuestros fantasmas, las imágenes que nos habitan por dentro. Después de cerrar los ojos y seguir en la alegría, ver goles, plazas llenas de banderas y camisetas deportivas celebrando el Mundial, la palabra mundo vuelve a llenarse de tristeza con cuerpos heridos, niños rotos, edificios derribados y personas que intentan sobrevivir, o sea, vivir sobra las ruinas, la violencia y la barbarie. Palestina define hoy la realidad del mundo, lo que vive dentro de cada uno de nosotros, y no conviene olvidarlo, aunque nos distraigan los partidos de fútbol y las vacaciones de verano. Eso mismo ha pensado la editorial Bauplan, que celebra sus tres años de vida con un cuaderno titulado Justicia palestina. Se recogen dos artículos de Mahatma Gandhi y uno de Gilles Deleuze. Los desenlaces tienen mucho que ver con los planteamientos.

Cuentan que, en el corazón de Iberia, había un próspero reino, uno de los muchos que formaban un gran imperio. Corrían días de alegría: los habitantes de todos los reinos acababan de celebrar juntos una gran victoria deportiva que, por un momento, les había hecho olvidar sus diferencias. Pero también se sentían orgullosos de sus bomberos y soldados, de sus magníficos camiones y espectaculares máquinas voladoras. Cuando apagaban un incendio, los habitantes aplaudían, los periódicos publicaban fotografías heroicas y los gobernantes pronunciaban grandilocuentes discursos. Todo parecía funcionar. Hasta que el fuego empezó a ganar.