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El pasado 22 de junio saltaba la noticia de que Olivia Rodrigo había organizado el Daisy Chain Fields, un festival con un cartel exclusivamente femenino que incluye a nombres actuales como Chappell Roan y Mitski y a figuras de generaciones anteriores tan históricamente influyentes como Bikini Kill, The Breeders o Stevie Nicks. Aunque, probablemente, la figura simbólicamente más relevante en la programación sea la cantautora de folk Sarah McLachlan. Puede que su nombre no sea muy popular, aunque ella sí lo es en su país, Canadá. Ha vendido 40 millones de discos y tiene tres premios Grammy pero, sobre todo, su figura es más notoria por haber sido la creadora del festival Lilith Fair en 1996, y la inspiración principal para que Rodrigo idease el Daisy Chain, según ella ha afirmado en varias entrevistas. “La primera persona a la que llamé cuando decidí que quería hacer esto fue Sarah McLachlan. Es una auténtica pionera, una artista increíble y una amiga, y de hecho va a cantar conmigo en el festival, lo cual es muy emocionante y un gran honor para mí”, declaró en una entrevista televisiva en la cadena ABC.
A la victoria de España en el Mundial le siguió un fuerte aumento de las llamadas al 016, el servicio de atención a las víctimas de violencia machista. Además, en esos días se produjeron varios asesinatos de mujeres, una concentración de casos que llevó a la corresponsal de género de EL PAÍS, Isabel Valdés, a preguntarse si existía alguna relación con el campeonato.
Era una preciosa casa de piedra junto a un lago que toda la familia amaba. En ella pasaron los mejores veranos de su vida. Las plantas y los árboles los cuidaban entre todos como si fueran los floricultores de un jardín botánico. Los vecinos que llegaron a la zona antes que ellos después del incendio les enviaron fotos, pero no ha sido hasta que la han tenido delante que han logrado dimensionar que se trata de una verdadera tragedia.
La operación para proteger a los vecinos de los municipios afectados por los incendios en las provincias de Madrid, Ávila y Toledo tiene una escala insólita. Las cifras han ido creciendo desde el jueves hasta alcanzar a primera hora del domingo las 89.763 en 46 núcleos de población. La magnitud supera con creces la de otros desalojos por el fuego en tiempos recientes.

El incendio de la sierra suroeste de Madrid ha puesto en el punto de mira al municipio de Cadalso de los Vidrios, en el extremo occidental de la comunidad y en el límite con las provincias de Ávila y Toledo, después de que el fuego de Burgohondo avanzara el sábado por el valle del Tiétar. Una alerta en los teléfonos móviles avisaba a los vecinos de que tenían que evacuar la zona, entre ellos, 117 personas mayores alojadas en la residencia Alena, la mayoría dependientes y con múltiples patologías. “Llovía ceniza, el aire era irrespirable”, recuerda Alfonso García, de 65 años, sobre el pequeño trayecto que realizó hasta llegar a la ambulancia que lo trasladó a la capital. “Íbamos todos con mascarilla, algunos en autobús y otros en vehículos sanitarios al precisar oxígeno o sillas de ruedas”, cuenta. La Comunidad de Madrid ha coordinado en estos días el traslado de 1.308 residentes y usuarios de centros de atención social.

Desde el viernes, los hermanos Florian y Damien Oriol y su primo Thibault han convertido la pizzería que gestionan en Léognan, a una veintena de kilómetros de Burdeos, en el punto de suministro de pizzas para los bomberos que luchan en la zona contra el gigantesco fuego desatado el miércoles en el departamento de Gironda. Los domingos el local está cerrado, pero los bomberos no descansan, así que ellos tampoco y abren expresamente para hacer el pedido diario.

Teresa Ribera (Madrid, 57 años) se pasa buena parte de la entrevista abanicándose ante una nueva jornada del verano en el que Europa toma conciencia de la crisis climática a golpetazos de calor y llamas. El que blande la vicepresidenta europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva no es un abanico cualquiera. Viene de sus tiempos de ministra de Pedro Sánchez. Y tiene impreso el célebre código de barras que ideó Ed Hawkins para mostrar la evolución anual del calentamiento. Nosotros, la humanidad, estamos ahora en los tonos rojos, es decir, en temperaturas récord. Esto significa combustible para las olas de calor, muertes prematuras, fuegos incontrolables... La entrevista fue hecha a principios de la pasada semana en San Sebastián, donde Ribera participó en un curso de verano de la Universidad del País Vasco, y se ha actualizado telefónicamente este domingo ante la magnitud de los incendios en España y Francia.

El grito de Aisha El Bannoudi suena desesperado. Sufre un dolor inhumano. “Alguien ha echado fuego encima de mí”, chilla a la operadora. La acaban de rociar con un líquido inflamable y la mitad de su cuerpo ha ardido. La mujer de 30 años ha perdido el conocimiento pero, no se sabe muy bien cómo, lo recobra y logra llamar a emergencias y a su suegro. Habla de dos sombras negras que estaban en su casa y que la han atacado mientras su bebé de siete meses duerme en la cuna. Ocurrió en Sevilla la Nueva (Madrid) el 2 de febrero. En los cinco meses sucesivos la someterán a medio centenar de intervenciones.

