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El respeto se dirige hacia el otro. Significa, de hecho, tener consideración hacia el otro. La percepción, la acción y la comunicación basadas en el respeto requieren de atención hacia el otro, un otro cuya presencia les es inherente como fuerza constitutiva. El respeto necesita conocer y reconocer al otro en su otredad. La falta de respeto que hoy en día sentimos como elemento latente en cualquier lugar y que a menudo degenera en agresión contra el otro constituye el reflejo de una profunda crisis social. El respeto como elemento de cohesión de la sociedad se está erosionando.

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Las carreras literarias conocen figuras que suben y bajan, estrellas fugaces que brillan momentáneamente en un firmamento evanescente y astros que pueden acumular enorme calidad a lo largo del tiempo, pero escasos lectores. Lo raro es encontrar a una escritora como Rosa Montero, que ha aunado un éxito enorme y sostenido con una andadura creciente, versátil, cambiante, capaz de probar múltiples registros y de captar siempre los biorritmos de su tiempo, con más mérito aún cuando ese tiempo suma ya largas décadas de vida. Su literatura ha acompañado a varias generaciones de muchos países desde que publicó hace 47 años su primera novela.

Vivir como un cura. O cobrar como un ministro. Quizás en algún momento estas fueron las aspiraciones de muchos españoles. Pero la realidad ha cambiado y, hoy, la remuneración de un ministro está al alcance de muchos profesionales. Sí, muchos. Incluso perfiles como el de un fontanero especializado o un electricista industrial ganan más dinero que los ocupantes de los sillones azules del Congreso de los Diputados.
Los perfiles mejor pagados en las empresas ya no llegan para quedarse en ellas durante toda su vida laboral. Saben lo que cotizan en el mercado de trabajo y las posibilidades que tienen de movilidad. Y son profesionales que se cambian mucho, tanto de compañía como de puesto. Eva de Grado, directora de LHH, asegura que pueden estar entre cuatro y cinco años en cada posición por término medio.
También indica que a su formación especializada suman la experiencia, las certificaciones y un nivel de idiomas avanzado, no solo de inglés, que les diferencia del resto de la plantilla.
“Ya no se premia tanto el saber mandar como el conocimiento técnico”, resume Carolina González, directora general de Áreas de Selección de Manpower.
En 1990, antes de Gran Hermano, Los Osbourne o los directos de Instagram, Madonna y el director Alek Keshishian cimentaron, sin saberlo, los códigos de la telerrealidad. Filmado durante la gira Blond Ambition de 1990 y presentado al año siguiente fuera de competición en el Festival de Cannes, En la cama con Madonna diluía la frontera entre lo público (el concierto) y lo privado (la trastienda). Ni siquiera cuando la cantante recurrió a un médico para que le examinara la garganta, castigada por meses de actuaciones, el rodaje se detuvo. Al preguntarle el doctor si quería decirle algo fuera de cámara, Warren Beatty, su pareja en ese momento, respondió por ella: “No quiere vivir fuera de cámara”. 35 años después, aquella burla describe el presente.
No existe ningún tipo de familia del Opus Dei que sea lo que parece. Porque no existe ningún tipo de familia que sea lo que parece. Pero la hipocresía de cierto tipo de familias se ha vuelto agotadora para otras. Y de ese cansancio (que a veces llega al resentimiento y otras, muta a orgullo de clase) nace el éxito del vídeo de los Caño, los seis hermanos que acumulan más visionados cantando con sus padres que el lanzamiento de la misión a la cara oculta de la Luna. Se habla mucho de ellos estos días, pero la clave de su éxito no reside tanto en su actuación como en los miles de comentarios de la misma. Me he permitido hacer la autopsia de estas opiniones y resulta que coinciden lo mismo: la denuncia de la hipocresía de una familia rica y del Opus.
Un rastreo por los anuncios de los portales y agencias inmobiliarias pone en evidencia que no todo lo que se vende en los portales inmobiliarios es una vivienda en sentido estricto. Hay decenas de pisos con precios muy bajos que captan la atención de aquellos que buscan una casa barata desesperadamente, pero conviene pisar el freno y entender con detalle lo que se está comercializando.
En algún momento de 1973 unos guardias civiles entregaron a mi tío abuelo Martín Fusté un reloj de oro en cuya tapa está grabada la firma de Francisco Franco. Fue un regalo del dictador. Martín era abogado y se había encargado de los trámites para que un Franco macabro y tembloroso recibiese una herencia legada por un librero de viejo de Barcelona. El episodio lo contó su hijo a un periodista de La Vanguardia y su relato sobre aquel reloj puso en movimiento las agujas de la memoria de mi madre. Esta es otra historia sobre la guerra, la transmisión familiar de su recuerdo, la gris e indescifrable condición humana. El protagonista de esa historia se llama Olegario. Mi abuelo.