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A La Rioja le dicen la de los siete valles porque siete son los ríos que la surcan, sin contar al Ebro, que se los bebe a todos. Los siete nacen en el Sistema Ibérico, al sur de la región, y son el Tirón, el Oja, el Najerilla, el Iregua, el Leza, el Cidacos y el Alhama. El Tirón riega los viñedos de La Rioja Alta. El Oja da nombre a la tierra y al vino. El Najerilla arrulla a los muchos reyes, reinas e infantes que descansan para siempre en el monasterio de Nájera. El Iregua da de beber a seis de cada diez riojanos. El Cidacos y el Alhama, frutas, verduras y aguas termales. ¿Y el Leza? El Leza no da nada. Solo gusto verlo.

Ni en el paseo de la Castellana de Madrid, ni en la avenida de la Diagonal de Barcelona, ni mucho menos en los palacetes vizcaínos de Neguri. Los verdaderos dueños de la Bolsa española están ahora en otras latitudes. Por ejemplo, en el número 50 de Hudson Yards. Cerca del Midtown de Manhattan tiene su nueva sede BlackRock, el coloso de los fondos de inversión. Otro gran propietario de acciones nacionales levanta el cuartel general en el 100 de Vanguard Boulevard en Malvern (Pensilvania): se trata de Vanguard, el rey absoluto de la denominada inversión pasiva. El tercer gran punto de interés hay que buscarlo más al norte, concretamente en la burguesa Bankplassen de Oslo, centro de operaciones del fondo soberano noruego cuya estrategia pasa por transformar el petróleo del mar del Norte en riqueza financiera para sus ciudadanos. Solo estos tres trasatlánticos de la inversión tienen en la plaza de la Lealtad de Madrid, sede del mercado nacional, participaciones por valor de 113.687 millones de euros.
La Alianza Mundial de Cerveceros (WBA), la voz que representa a la industria en el ámbito global, calcula que el negocio aporta unos 878.000 millones de dólares al PIB del planeta, un valioso 0,8%. Pero la producción de la burbujeante bebida dorada acumula una caída desde 2012 de 100 millones de hectolitros (se producen unos 1.875 millones). En mercados históricos como Estados Unidos y Europa, los consumidores prefieren dar tragos a envases más pequeños y poco a poco se apartan del consumo de alcohol. No parece el mejor de los mundos para un fabricante. Sin embargo, hay grupos, como Hijos de Rivera, dueño de las marcas Estrella Galicia, la sidra Maeloc o el agua Cabreiroá, que ven el vaso medio lleno, y no de espuma precisamente.

[[dia]] [[verbo_dia]] [[alto_riesgo_muni]] municipios en zonas con riesgo alto para la salud por calor ([[perc_riesgo_alto_muni]]%), [[riesgo_medio_muni]] en riesgo medio ([[perc_riesgo_medio_muni]]%) y [[bajo_riesgo_muni]] en riesgo bajo ([[perc_bajo_riesgo_muni]]%). Puede consultar los datos para hoy, mañana y pasado en el siguiente mapa elaborado a partir de los datos del Ministerio de Sanidad y Aemet.

Graham Burnett (Pau, Francia, 56 años) es académico de la Universidad de Princeton y desde hace años ha alertado sobre cómo las plataformas digitales monopolizan nuestra atención, especialmente ahora que el avance de la IA impacta de lleno en la sociedad y cada vez cuesta concentrarse más con tanto estímulo. Burnett aterriza en Madrid procedente de Nueva York para participar en el encuentro Atención, consciencia y libertad humana en la era de la IA, de la Fundación Telefónica, dentro de unas jornadas más amplias organizadas por el Museo de la Universidad de Navarra. Es historiador de la ciencia, activista y ha escrito el libro Attensity! (Penguin Random House), que saldrá en España este otoño.

La premisa es inquietante y tiene gancho: una chica en una situación económica precaria que acepta vivir como si fuera el perro de un lascivo hombre rico. La historia se desarrolla en Shy girl (chica tímida, no publicada al español), una novela de terror que una joven desconocida, Mia Ballard, se autopublicó en Amazon a principios de 2025. Tras alcanzar cierto éxito en TikTok, Hachette Book Group la compró y se publicó en el Reino Unido en noviembre de ese año. Después se desató la polémica en redes. Un análisis del libro en Pangram, una de las herramientas más utilizadas por los académicos, aseguró que el 70% de la novela estaba escrito por una inteligencia artificial. La presión provocada por la avalancha de lectores indignados contribuyó a que Hachette, que afirma defender la “originalidad creativa”, retirara el libro, del que ya se habían vendido 1.800 ejemplares. De nada sirvió que Ballard tratara de defenderse alegando que fue el editor que contrató para revisar la novela quien hizo uso de IA y no ella. Perdida su credibilidad como escritora, su carrera parece haberse truncado de forma irreversible.