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Ya es un clásico del verano. La aparición de la reina Letizia en el Atlàntida Mallorca Film Fest. Como ya es habitual en todas las ediciones, Letizia cuida mucho el ‘look’ con el que acude al festival. Este año se ha decantado por un vestido rojo ajustado y asimétrico de Carolina Herrera. Un ‘look’ con el que queda patente su excelente forma física. El vestido asimétrico con cremallera lateral lo combinó con unas sandalias tipo mules con tacón sensato de Gucci y con un bolso dorado.
La tradición dicta que un mejor o peor verano depende en gran parte del número de suspensos con el que tu hijo despidió el curso escolar en junio. Y ya no hablamos si le tocó repetir.
Hay un número que los neurocientíficos llevan décadas mirando con fascinación y perplejidad: 90. Es el porcentaje de humanos que, en cualquier cultura, época estudiada y rincón del planeta, usan preferentemente la mano derecha. Ese 90% es una cifra tan estable, tan universal, tan redonda y tan extraña que la pregunta siquiera no es por qué existen zurdos. Es por qué hay tan pocos, y de forma tan consistente, en el tiempo y en el espacio.
El 3 de agosto se reiniciarán en las Naciones Unidas las negociaciones sobre una Convención Marco sobre Cooperación Internacional en Cuestiones de Tributación Internacional. Es el primer intento de redactar las reglas de la tributación internacional en un foro donde todos los países tienen la misma voz. Lo que suceda en Nueva York determinará si el mundo finalmente construye una arquitectura tributaria capaz de alcanzar a las multinacionales y a los ultrarricos.
En la Edad Media, los médicos, que entonces trabajaban con sus pócimas y sus teorías de los humores, entendían que su oficio solo debía aspirar a restituir la salud perdida de un enfermo, recomponiendo los balances desregulados: restitutio ad integrum (devolver a la integridad), porque cualquier otra pretensión chocaba con el principio de que Dios había hecho las cosas bien, y no se podían mejorar. Con los siglos, el ser humano se fue moviendo hacia el centro de toda la cosmovisión, y este principio evolucionó hacia una concepción de la medicina que ya no buscaba solo curar, sino mejorar y perfeccionar: transformatio ad optimum (transformación a mejor). Este principio, que ha permitido los avances científicos y médicos más espectaculares en los últimos dos siglos, no ha hecho más que extenderse e imponerse, en una búsqueda incesante de las fórmulas para combatir las enfermedades, las limitaciones y, en última instancia, la vejez. Detrás de esta obsesión en que no pasen los años no solo hay un interés científico o humanista, sino también un lucrativo negocio que está transformando a las empresas de la industria farmacéutica y del sector de la medicina estética.
Más allá de las oportunidades de negocio que supone este sector, los expertos en nutrición y salud alertan de que existen riesgos, especialmente para las personas que tienen condiciones de salud complicadas, o para las mujeres embarazadas. “Los suplementos no están sometidos a la ley del medicamento, sino que están en el cajón de sastre de la alimentación. No tiene por qué pasar nada, pero hay riesgos, a veces por la dosis, a veces porque interactúan con otros medicamentos que la persona se esté tomando, o a veces porque se adulteran”, explica Jordi Salas, catedrático de Nutrición de la Universitat Rovira i Virgili. Cita el caso de un suplemento natural para la sexualidad llamado Bichota, que la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios retiró el pasado mes de marzo por estar adulterado con viagra; o los productos naturales contra inflamaciones hechos con hierba de San Juan, que tienen contraindicaciones con fármacos antidepresivos o anticoagulantes; o la retirada de productos de vitamina D o de Omega 3 con dosis demasiado elevadas; o las cápsulas de cafeína que los adolescentes usan para tolerar mejor el alcohol. “Hay empresas que sí que explican los riesgos y actúan responsablemente, pero otras no lo hacen, porque no están obligadas a poner según qué cosas, como las contraindicaciones”, explica Salas. La clave, según él, es que la mayoría de las sustancias ya están presentes en una dieta equilibrada, y un suplemento solo sería realmente necesario para una persona que tenga un déficit concreto y evaluable. “Pero el consumo se ha extendido sin razón, y sin tener en cuenta los riesgos para la seguridad”, remata.
Sobre el colágeno, los expertos consultados avisan de que no es que tenga efectos no deseados, sino que el problema es de publicidad engañosa, puesto que la efectividad no está demostrada. “Hay muchísimos artículos sobre el colágeno, pero si los filtras por las fuentes de financiación, ves que forman parte de la estrategia promocional”, advierte Juan Revenga, director del grado de Nutrición Humana y Dietética de la Universidad de Valencia. Este profesor señala que si el negocio ha crecido tanto es por una combinación de las ganas de los consumidores de “creer en los milagros”, la falta de regulación estricta y el auge de la venta por internet: “Muchas empresas sacan sus líneas de suplementos y ofrecen a los influencers sus productos. Para comercializar muchos de ellos necesitas la misma regulación que para la mermelada”.
Ambos expertos señalan que las autoridades están preocupadas por la extensión del consumo, pero que la variedad es tan elevada, y se renuevan los productos tan a menudo, que la regulación no da abasto: “Hace falta regulación específica y formación de los médicos. Esta industria ha crecido mucho, pero siempre ha habido este tipo de productos. No se trata de generar alarma, pero sí de señalar la falta de eficacia y los riesgos para personas vulnerables”, apunta Salas.

“¿Os imagináis vivir en Ceuta y ver vuestra ciudad así?” comienza su texto en Instagram stories la influencer María Pombo (3,5 millones de seguidores).. ¿Así cómo? ¿con gente de fuera que huye de la pobreza, de la miseria, de la desesperanza o que, simplemente, quiere mejorar su vida, ya que no vale que solo aceptemos como razón válida para migrar las grandes calamidades? De hecho, el grueso de las personas migrantes que viven en España han llegado por vía aérea y la mayoría a Madrid, ciudad que tú y yo compartimos. Entran con visado de turista y luego se quedan. Para comprender las imágenes de Ceuta antes de lanzar un mensaje así, que pueden ver millones de personas, deberíamos tener la mínima responsabilidad de comprender la realidad de la hablamos.
John Vaillant (Cambridge, Massachusetts, 1962) tiene una especialidad: contar historias reales y vibrantes sobre el choque entre los seres humanos y la naturaleza. Periodista y novelista —ha publicado en The New Yorker o The Atlantic—, ha escrito sobre un joven migrante mexicano que quedó atrapado en un camión cisterna abandonado en el desierto mientras intentaba llegar a EE UU, o sobre un tigre del Amur que devoró a dos personas en la región de Primorie, en la taiga rusa. Pero hay un libro en el que lleva 10 años inmerso y que lo mantiene concediendo entrevistas con cierta frecuencia: El tiempo del fuego. Historia de un incendio en un mundo más cálido (Capitán Swing, 2024), donde cuenta al detalle el funcionamiento de los incendios de sexta generación y la devastación que causó uno de ellos: el que arrasó en 2016 la ciudad petrolera de Fort McMurray, en Canadá, y que obligó a evacuar a sus 80.000 habitantes el mismo día en que se desató. Vaillant se ha convertido en un especialista en los nuevos incendios —empeorados por el cambio climático y la desertización reinante, el abandono del mundo rural y nuestra inconsciencia—, y los incendios recientes de Ávila, Madrid y Castellón nos llevan hasta él. Atiende al teléfono el pasado miércoles. La descompensación térmica entre un lado y otro de la línea es de 13 °C: 24 °C en Vancouver, donde reside, 37 °C en Madrid. Ese día la capital de España ha amanecido por segunda día en la semana con un turbio olor a quemado colándose por las ventanas.